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	<title>Jubilado Feliz (Franco Voli) &#187; cuentos</title>
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		<title>La belleza de contar cuentos</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jan 2014 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="http://www.blogsmayormente.com.mialias.net/jubilado-feliz/wp-content/uploads/sites/4/2014/01/libros1-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail wp-post-image" alt="libros1" /></div>Al principio de los años 90, ya de mayor, tuve la oportunidad de aprender a contar cuentos como narrador escénico. Aunque fuera algo muy distinto,  de alguna forma me permitía replantear mi afición de niño desde una nueva perspectiva. Tuve la suerte de entrar en contacto con un conocido narrador de cuentos cubano, Francisco Garzón, que estaba organizando un curso en Madrid. En una charla introductoria, Garzón comentó que el arte de contar cuentos de forma escénica ayuda a los narradores a llevar a cabo, de forma directa e indirecta, una importante labor de desarrollo personal. En aquel entonces el desarrollo personal era también uno de mis objetivos. Así que me inscribí al curso sin pensarlo dos veces.  Nos adelantó que en el curso íbamos a aprender a: - crear desde la improvisación y reinvención de cuentos leídos y preparados para contar, - darnos cuenta y aceptar que podíamos expresarnos en público y hacerlo de forma adecuada y, en cualquier caso, susceptible de mejora continua. - darnos cuenta de cómo nos sentíamos con nosotros mismos al tratar las distintas situaciones del cuento desde una improvisación personal. - darnos el permiso de actuar en la escena de forma creativa e innovadora, utilizando técnicas y dinámicas insólitas y de hacerlo sin miedo a la crítica y a la posibilidad de quedar mal. - utilizar las críticas de forma constructiva para aprender de sí mismo y de los demás y para mejorar la propia actuación escénica. - preparar guiones basados en lecturas, vivencias y recuerdos  personales. El taller duró unos tres meses y al final los 12 participantes nos habíamos transformados en una piña, un equipo muy compacto y dispuestos a aprovechar a tope de la nueva experiencia. Nos reunimos cada semana para practicar y ayudarnos mutuamente. Hicimos unos ensayos en varios bares con [&#8230;]]]></description>
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		<title>Una gran experiencia navideña</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2013 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="http://www.blogsmayormente.com.mialias.net/jubilado-feliz/wp-content/uploads/sites/4/2013/12/Guerra_Mundial-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail wp-post-image" alt="Guerra_Mundial" /></div>Los soldados de los dos bandos opuestos atravesaron el espacio entre trincheras y fraternizaron con los soldados enemigos que habían estado matando solo pocas horas antes. Los Estados mayores de los distintos bandos intentaron esconderlo e hicieron lo posible para cancelar la memoria de lo que pasó. Tampoco se habla de ello en los libros de Historia. La noticia se conoció ya empezado el Siglo XXI,  cuando desde los archivos militares de toda Europa, se han revelado cartas, diarios y hasta fotos confirmando que una tregua espontánea y no oficial tuvo lugar en aquella fecha en el frente occidental. Desde  entonces  han estado apareciendo  bellos testimonios de lo que pasó en esta noche navideña y hasta se realizó una película (Merry Christmass) que ganó El León de Oroen en el Festival de Cine de Berlín de 2007. Yo tuve ocasión, esta mañana, de leer en Internet la carta de un soldado inglés contándole a su hermana lo que vivió en aquella noche de Navidad: En aquella noche de Navidad, los combatientes de ambos lados estábamos en espera de refuerzos. La trinchera del enemigo estaba a solo 50 metros de la nuestra y entre nosotros había una franja de tierra de nadie, protegida por ambos lados por alambres de púas. Estábamos tan cerca que les escuchábamos hablar y reír. Había un silencio total cuando, de improviso, un compañero me llamó para que viera lo que pasaba en la trinchera alemana. Nunca hubiera creído ver algo tan inesperado y conmovedor. Lo que aconteció fue casi un cuento de hadas  y si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo creería. Los alemanes habían encendido  unas pequeñas luces de árboles de navidad a lo largo de su  trinchera y ahora  estaban empezando a cantar su más popular villancico: &#8216; stille nacht, heilige nacht…&#8217; (Noche de Paz). Cuando terminó, los soldados ingleses [&#8230;]]]></description>
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