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	<title>Jubilado Feliz (Franco Voli) &#187; lecciones de vida</title>
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		<title>88 años ya no cuentan</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2016 07:30:13 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="http://blogs.mayormente.com/jubilado-feliz/wp-content/uploads/sites/4/2016/10/88-anos-ya-no-cuentan_blog-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail wp-post-image" alt="88-anos-ya-no-cuentan_blog" /></div>El otro día en el bar del supermercado mientras tomaba un café, entró un señor muy mayor con la sonrisa de una persona que se siente bien consigo mismo. Me vino la tentación de preguntarle cuantos años tenía y lo hice. Me contestó diciéndome que adivinara yo mismo su edad  (yo pensaba que sobre los cien). Para no meter la pata, le dije que no tenía ni idea. Él, con aire modesto, dijo que tenía noventa y dos y medio. Una señora de entre el público lanzó una exclamación de sorpresa y aprecio. Nadie me preguntó a mi cuantos años tenía y me quedé un poco cortado, ya que estoy acostumbrado de que la gente se interese enseguida en preguntármelo y me dan cumplidos por lo bien que estoy. Por fin otra señora me preguntó mi edad y la informé. Silencio al respeto en el bar. Mis ochenta y ocho no eran suficientes para llamar la atención y me sentí un poco ignorado. Mientras tanto el interés para mi contrincante aumentaba y la gente le hacía preguntas sobre cómo había conseguido envejecer tan bien. Nadie me preguntó a mí y me di cuenta que ochenta y ocho no es nada comparado con noventa y dos y medio. Solo hay una diferencia de cuatro años y medio, pero no contaban para llamar la atención. Terminé mi café, felicité al anciano y me marché. Fue una buena lección de modestia. Me di cuenta que con mi edad ya no podía presumir de mayor. Si quieres conocer más sobre nuestro bloguer y experto en felicidad, Franco Voli, pincha aquí. Foto: Imagen extraida del blog de Franco Voli]]></description>
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		<title>Malú: entre té y chocolate</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Aug 2016 07:25:13 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="http://blogs.mayormente.com/jubilado-feliz/wp-content/uploads/sites/4/2016/08/Entre-té-y-chocolate-foto-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail wp-post-image" alt="Entre té y chocolate-foto" /></div>Una mañana en el Mercado Municipal de Denia, nos fijamos en una pequeña tienda que vendía té, café y chocolates que regentaba una simpática señora rubia que nos atendió con mucho cariño. El nombre de la tienda &#8221;Cositas de Malú&#8221; nos gustó lo mismo que los varios tipos de chocolate negro que Malú nos invitó a degustar junto a una tacita de té caliente. Mientras tomábamos el té, una mezcla de té negro y azahar, ella nos contaba cómo había llegado hasta allí, en un pasillo del Mercat de Denia. Antes trabajaba en una mutua de accidentes laborales. Su jefe le exigía cada vez más trabajo y ella se sentía explotada. Había empezado a sufrir ataques de ansiedad y terminó en el hospital con síndrome de fatiga crónica, fibromialgia. Consiguió la baja en su trabajo y decidió que tenía que rehacer su vida. Tenía que hacer algo distinto y motivador.  Empezó con la práctica del ikebana, el arte japonés de arreglo floral, que le fue de maravilla.  &#8221;Me ayudó a relajarme y a ver las cosas de forma distinta&#8221;. Empezó a meditar. Esto también la ayudó para salir a flote. Dejó los medicamentos. Nos contó que una mañana, cuando pasaba una temporada en Denia, subió al Montgo, una gran montaña detrás de la ciudad, y allí le vino la idea de venir a vivir a Denia. Se le ocurrió alquilar un puesto en el Mercado Central. Se enteró de una concesión del ayuntamiento del puesto 55. Por casualidad, ella cumplía 55 años. ¡Casualidad! Decidió empezar con el té ya que estaba enamorada del té inglés desde que había visitado Inglaterra años atrás.  Se puso a leer, estudiar e investigar sobre esta bebida. Luego vendría su interés por el café y el chocolate. en sus varias formas, orígenes y cualidades. Era todo un reto [&#8230;]]]></description>
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		<title>No quiero ser un viejo gruñón</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 08:30:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="http://blogs.mayormente.com/jubilado-feliz/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/no-quiero-ser-un-viejo-grunon_art-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail wp-post-image" alt="no-quiero-ser-un-viejo-grunon_art" /></div>Durante los últimos 15 días no me encontraba en mi mejor forma física. Entre electrocardiogramas, ecografías, analíticas, auscultaciones, y (lo peor) opiniones médicas opuestas, llegué a sentirme bastante abatido y pesimista. Y no me gustaba para nada. Me di cuenta, una vez más, de que la idea de que mi sanación era algo que tenía mucho que ver con mi propia actitud es un hecho en cualquier caso y que enfocar mi atención en lo mal que me sentía no me servía para nada. Como voy proclamando e insistiendo desde años, todos, quien más quien menos, queremos sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás y todos podemos hacer mucho al respecto también por lo que se refiere a nuestra propia salud física. En efecto, el otro día cuando me pregunté si quería sentirme bien conmigo y con los demás me contesté sin dudarlo: “Claro que sí” y me puse a la obra en seguida. Tuve que recordarme a mí mismo varias veces que hacer el esfuerzo de superar el bajón, cuando el físico flaquea es un acto de amor hacia mí, pero, al mismo tiempo, es una expresión de respeto y cariño hacia las personas que me rodean y me gustó recordármelo . Durante estos días, había recibido deseos de recuperación y rezos por parte de mi familia y de los amigos que se habían enterado de mi malestar y les había mandado a cada uno mi cariño desde lo más profundo de mi corazón, que era justamente el órgano que estaba teniendo dificultades. Hacerlo enfocando mi atención en mi corazón me ayudó a superar mi pesimismo. Me di cuenta en la práctica que haber decidido sentirme bien les hacía más fácil y placentero a los demás sus interacciones conmigo. En vez de ser un viejo gruñón quejándome [&#8230;]]]></description>
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