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	<title>La Hora de la Familia (Ramón Calvo) &#187; matrimonio</title>
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		<title>Amada mía</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Feb 2014 09:30:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ramoncalvo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog de Ramón Calvo]]></category>
		<category><![CDATA[Carta de amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Respondo a la carta de mi amada mujer con otra que lleva el mismo grado de pasión&#8230; Recibo tu preciosa carta. Creo que no recibía una tuya desde que comenzamos nuestra vida en común, hace ya más de cuarenta años. Como alguien nos dijo entonces, vividos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza… Alegría de sentir día a día cómo nuestro amor se iba enriqueciendo, nunca estancando, siempre en aumento. Claro, limpio, fiel, desinteresado. Como eres tú, como es tu corazón, como es tu sentimiento. Comencé amándote con los ojos, seguí amándote con el corazón y ahora, además, también te amo con la mente. Amor total, vida mía. Durante cuarenta años no has dejado un solo momento de estar pendiente de mis deseos, de mis necesidades, de darme todo cuanto me podía hacer más feliz. Sabiendo anteponer ése grado de felicidad ajena, la mía, a la tuya propia. Si AMOR es desprendimiento y generosidad, el tuyo para conmigo ha sido totalmente desprendido y absolutamente generoso. Hasta el infinito. Como desde aquél lejano primer año, te sigo viendo bella, excelsa, exquisita y única. Maravillosa. Manteniendo esa mirada que sigue siendo el centro de mi universo vital. La que sigo buscando con la misma ilusión para ver en ella reflejada la plenitud de la vida, la plenitud del AMOR. Ahora que tenemos más tiempo para nosotros y menos para los demás, quiero decirte, mi amor, que así tengo más horas para disfrutar en tu cercanía, en tu maravillosa compañía. Vivir más cerca es amar más, querer más, desear con todas mis fuerzas que pase el minuto presente para disfrutar del siguiente… Sigo sintiendo también, como desde el primer día, las miradas de muchos hombres dirigidas hacia mí al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Respondo a la carta de mi amada mujer con otra que lleva el mismo grado de pasión&#8230;</p>
<p>Recibo tu preciosa carta. Creo que no recibía una tuya desde que comenzamos nuestra vida en común, hace ya más de cuarenta años. Como alguien nos dijo entonces, vividos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza…</p>
<p>Alegría de sentir día a día cómo nuestro amor se iba enriqueciendo, nunca estancando, siempre en aumento. Claro, limpio, fiel, desinteresado. Como eres tú, como es tu corazón, como es tu sentimiento.</p>
<p>Comencé amándote con los ojos, seguí amándote con el corazón y ahora, además, también te amo con la mente. Amor total, vida mía.</p>
<p>Durante cuarenta años no has dejado un solo momento de estar pendiente de mis deseos, de mis necesidades, de darme todo cuanto me podía hacer más feliz. Sabiendo anteponer ése grado de felicidad ajena, la mía, a la tuya propia. Si AMOR es desprendimiento y generosidad, el tuyo para conmigo ha sido totalmente desprendido y absolutamente generoso. Hasta el infinito.</p>
<p>Como desde aquél lejano primer año, te sigo viendo bella, excelsa, exquisita y única. Maravillosa. Manteniendo esa mirada que sigue siendo el centro de mi universo vital. La que sigo buscando con la misma ilusión para ver en ella reflejada la plenitud de la vida, la plenitud del AMOR.</p>
<p>Ahora que tenemos más tiempo para nosotros y menos para los demás, quiero decirte, mi amor, que así tengo más horas para disfrutar en tu cercanía, en tu maravillosa compañía. Vivir más cerca es amar más, querer más, desear con todas mis fuerzas que pase el minuto presente para disfrutar del siguiente…</p>
<p>Sigo sintiendo también, como desde el primer día, las miradas de muchos hombres dirigidas hacia mí al verme compartiendo la felicidad total a tu lado. Deseosos de poder ocupar, aunque sólo fuera por un instante, mi trono consorte. Junto a ti, junto a tu belleza, junto a tu hermosura, junto a tu frescura vital, junto a tu halo de paz y felicidad. Junto al sumun de todo ello que tu sola presencia significa.</p>
<p>Te diré algo, amada mía, que me runrunea últimamente noche y día. Ahora que voy sintiendo acercarse el tiempo del más allá, no siento ninguna pena por ello. Al contrario, pienso (y me llena de alegría) que allá arriba, donde no hay horas ni días ni noches que contar ni tiempos que descontar, podré así disfrutar de tu AMOR aún más intensamente, sin interrupciones ni descansos. Permanente vivir continuo, amor sin pausa. Felicidad eterna, en suma.</p>
<p>Hasta que llegue esa hora, querida mía, aquí seguiré disfrutando y viviendo de tu amor, de tu compañía, de todo tu ser y sentir. De todo lo que, en suma, ha sido la razón de mi propia vida y que tú has logrado que así haya sido.</p>
<p>Todo entero tuyo, que nació para quererte y vive para adorarte,</p>
<p>R.</p>
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		<title>Querido mío</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Feb 2014 09:30:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ramoncalvo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog de Ramón Calvo]]></category>
		<category><![CDATA[Carta de amor]]></category>
		<category><![CDATA[convivencia]]></category>
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		<category><![CDATA[San Valentín]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Recibo esta adorable carta de la adorable mujer con la que llevo más de 40 años compartiendo la vida. El mejor regalo por SAN VALENTIN&#8230; Querido mío, Viéndote cada mañana arreglarte frente al espejo, siento pasar por él nuestra larga vida en común. Viendo cómo sigo queriéndote, amando, deseando. De aquél cabello negro que tanta atracción sentía a estas entre canas que te hacen más interesante, más atractivo, más mío… Sigo enamorada de tu mirada, de tus arrugas, de tu virilidad que envuelve como un halo tu sola presencia. Tu estar, tu sentir, tu oler… Has sabido mantener lo que una mujer más valora en su compañero vital: la fidelidad. Yo he sabido apreciarla y agradecerla. Y también has hecho un esfuerzo continuo al procurar ofrecerme detalles de dulzura, y comprensión, procurándome atenciones en aquello que sabías me hacía más feliz. Por pequeño que fuera el hecho, el detalle. Amor, en suma. Día a día, noche a noche, hora a hora… También noto (siento) cómo te afanas en seguir siendo amable. Mostrarte siempre “a disposición”. Evitando un mal gesto. Sabiendo anteponer mis deseos a los tuyos, llegado el caso. Aunque no te apetezca, aunque no lo desees, aunque no quieras. Si me apetece, deseo o quiero, siempre dispuesto, siempre “ahí”… Ya se que no tienes las fuerzas físicas de antaño. Pero lo superas con gallardía, con esfuerzo, con ganas de no defraudar, de no fallar. De acudir a todo lo que sabes me puede hacer feliz. No hace falta ya que te muestres el más fuerte ni el más listo, ni siquiera el mejor. Me basta con tu voluntad permanente, incansable al desaliento, para seguirte valorando como mío, como único, como el que más sigo amando… Sabes que desde siempre he sentido mucho amor hacia mis seres queridos. Continuamente [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Recibo esta adorable carta de la adorable mujer con la que llevo más de 40 años compartiendo la vida. El mejor regalo por SAN VALENTIN&#8230;</p>
<p>Querido mío,</p>
<p>Viéndote cada mañana arreglarte frente al espejo, siento pasar por él nuestra larga vida en común. Viendo cómo sigo queriéndote, amando, deseando. De aquél cabello negro que tanta atracción sentía a estas entre canas que te hacen más interesante, más atractivo, más mío…</p>
<p>Sigo enamorada de tu mirada, de tus arrugas, de tu virilidad que envuelve como un halo tu sola presencia. Tu estar, tu sentir, tu oler… Has sabido mantener lo que una mujer más valora en su compañero vital: la fidelidad. Yo he sabido apreciarla y agradecerla. Y también has hecho un esfuerzo continuo al procurar ofrecerme detalles de dulzura, y comprensión, procurándome atenciones en aquello que sabías me hacía más feliz. Por pequeño que fuera el hecho, el detalle. Amor, en suma. Día a día, noche a noche, hora a hora…</p>
<p>También noto (siento) cómo te afanas en seguir siendo amable. Mostrarte siempre “a disposición”. Evitando un mal gesto. Sabiendo anteponer mis deseos a los tuyos, llegado el caso. Aunque no te apetezca, aunque no lo desees, aunque no quieras. Si me apetece, deseo o quiero, siempre dispuesto, siempre “ahí”…</p>
<p>Ya se que no tienes las fuerzas físicas de antaño. Pero lo superas con gallardía, con esfuerzo, con ganas de no defraudar, de no fallar. De acudir a todo lo que sabes me puede hacer feliz. No hace falta ya que te muestres el más fuerte ni el más listo, ni siquiera el mejor.</p>
<p>Me basta con tu voluntad permanente, incansable al desaliento, para seguirte valorando como mío, como único, como el que más sigo amando…</p>
<p>Sabes que desde siempre he sentido mucho amor hacia mis seres queridos. Continuamente supiste respetarlos y con ello respetarme a mí misma. Aceptándoles como eran. Sin doble cara. Sincera, honestamente. Como a mí me gustaba que los vieras. Simplemente, porque a mí me gustaba como eran…</p>
<p>Con el pasar de los años aquellos seres fueron sustituyéndose por nuestros hijos y posteriormente por los nietos. Extensión en el tiempo de nuestro inicial amor. También has sabido, amado mío, mantener nuestro amor y desvelo compartido para con ellos. Con desprendimiento, continuidad y permanencia en satisfacer sus deseos y necesidades. Como sabías que yo quería, como yo deseaba, como me hacía plenamente feliz…</p>
<p>Ahora que disponemos de más tiempo disfruto aún más cada día, cada hora, cada minuto en tu compañía. Continúo viéndote sin perder la sonrisa, sin perder el ánimo, sin perder la ilusión de vivir, de soñar, de seguir viviendo el pasado, el presente y el futuro de un tirón, de un deseo permanente de compartir, que es la mejor manera de amar siendo amado, como bien lo sabes tú, querido amigo…</p>
<p>Amigo, marido, compañero de todo, en todo y para todo. De lo bueno y de lo malo. De lo deseado y de lo imprevisto. De lo vivido y de lo soñado. De lo buscado y de lo encontrado. De lo que, en suma, significa dar sentido a la vida. Al por qué de las cosas. Ayudando a que todo tenga un sentido, un por qué y un para qué…</p>
<p>Sentido de vivir, de seguir estando, de seguir sintiendo, de seguir amando…</p>
<p>Gracias mi Amor.</p>
<p>Eternamente tuya,</p>
<p>C.</p>
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		<title>El trastero</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 09:30:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ramoncalvo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog de Ramón Calvo]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[pareja]]></category>

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		<description><![CDATA[El diabólico sitio llamado trastero puede ser motivo de separación conyugal. Se lo tengo dicho/avisado a mi mujer: el trastero puede ser causa de separación. O él o yo. No puedo más, no hay quien lo aguante. Es como una segunda casa…en ocho metros cuadrados. Las cosas que hay en esa segunda casa se dividen en dos: las “fijas” y las “ambulantes”. Aquellas están estables, estas suben y bajan, entran y salen según época del año… Entre aquellas se acumulan enseres de tres generaciones. De los abuelos, de los padres y de los nietos. Cuadros, vajillas, cunas, juguetes, menudencias que, según mi mujer, no se pueden tirar ninguna a la basura. Y así, con el paso del tiempo se van acumulando más y más. Un auténtico bazar chino… El problema gordo surge cuando hay que buscar/encontrar aquél salero, aquél cuadro, aquella sopera, aquella lámpara…hay que sacar todo y cuando ¡por fin! se encuentra, volver a meter todo lo demás. Tremendo… Las “cosas” de temporada se dividen en dos: las de calendario fijo (ropa) y las de discontinuo (maletas). A su vez, la ropa se subdivide en cuatro: primavera, verano, otoño e invierno. Y las maletas, entre navidad, semana santa, veraneo, puentes y demás zarandajas , suman unos diez viajecitos de “sube y baja”… En Navidades hay viajes suplementarios: los de esconder los regalos de Reyes y volverlos a sacar la noche mágica para ponerlos en el salón. También en verano hay otros viajes extra: además de la ropa de temporada: los bañadores, amacas, sillas, toallas, flotadores, gafas de buceo, aletas, neveras de playa, sombrillas y demás utensilios… Sin caer en exceso, bien pueden calcularse unos 30/40 viajecitos anuales al fatídico y lúgubre destino trasteril. Con el consabido dolor sobrevenido de espalda, cabeza, riñones, muñecas, y demás miembros del cuerpo que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El diabólico sitio llamado trastero puede ser motivo de separación conyugal.</p>
<p>Se lo tengo dicho/avisado a mi mujer: el trastero puede ser causa de separación. O él o yo. No puedo más, no hay quien lo aguante. Es como una segunda casa…en ocho metros cuadrados.</p>
<p>Las cosas que hay en esa segunda casa se dividen en dos: las “fijas” y las “ambulantes”. Aquellas están estables, estas suben y bajan, entran y salen según época del año…</p>
<p>Entre aquellas se acumulan enseres de tres generaciones. De los abuelos, de los padres y de los nietos. Cuadros, vajillas, cunas, juguetes, menudencias que, según mi mujer, no se pueden tirar ninguna a la basura. Y así, con el paso del tiempo se van acumulando más y más. Un auténtico bazar chino…</p>
<p>El problema gordo surge cuando hay que buscar/encontrar aquél salero, aquél cuadro, aquella sopera, aquella lámpara…hay que sacar todo y cuando ¡por fin! se encuentra, volver a meter todo lo demás. Tremendo…</p>
<p>Las “cosas” de temporada se dividen en dos: las de calendario fijo (ropa) y las de discontinuo (maletas). A su vez, la ropa se subdivide en cuatro: primavera, verano, otoño e invierno. Y las maletas, entre navidad, semana santa, veraneo, puentes y demás zarandajas , suman unos diez viajecitos de “sube y baja”…</p>
<p>En Navidades hay viajes suplementarios: los de esconder los regalos de Reyes y volverlos a sacar la noche mágica para ponerlos en el salón. También en verano hay otros viajes extra: además de la ropa de temporada: los bañadores, amacas, sillas, toallas, flotadores, gafas de buceo, aletas, neveras de playa, sombrillas y demás utensilios…</p>
<p>Sin caer en exceso, bien pueden calcularse unos 30/40 viajecitos anuales al fatídico y lúgubre destino trasteril. Con el consabido dolor sobrevenido de espalda, cabeza, riñones, muñecas, y demás miembros del cuerpo que colaboran en el lleva y trae, sube y baja, saca y mete…</p>
<p>Y todo ello, sin contar los consabidos viajes extra del “olvido”. Siempre se olvida algo y hay que volver. Otros diez o doce viajecitos de propina. ¡Me cahis!&#8230;</p>
<p>Reflexionando sobre todo esto que aporta la modernidad de las casas con trastero, me pregunto: ¿cómo podrían vivir nuestros padres y abuelos sin ellos?. Y la respuesta es clara: ¡¡¡Felices!!!&#8230;</p>
<p>Voy a poner un anuncio en portería: “VENDO/ALQUILO /REGALO TRASTERO”.</p>
<p>Y problema resuelto…</p>
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