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El mes de María


Una vieja tradición denomina al mes de Mayo como el “mes de María”, en homenaje en el mes florido por excelencia a la Madre de Jesús de Nazaret. Precioso mes en el que, asimismo, se inserta el “Día de la Madre”. También es conocido como el “mes de las flores”.

La combinación de María, las madres y las flores creo que compone el mejor exponente de lo más bello que puede ofrecer la vida a toda mujer  que viva en éste mundo.

En alguna ocasión he tenido la oportunidad de mostrar mi predilección por un personaje histórico de los tiempos de Jesús, Nicodemo. El denominado “discípulo oculto”, al no constar entre los doce que públicamente nombró. La personalidad del sujeto me parece realmente fascinante. No sólo es el único miembro del Sanedrín judío que sale en defensa de Jesús, sino que en compañía de José de Arimatea son los únicos capaces de darle entierro dignamente. Nada más y nada menos…

Entre mis libros favoritos, uno que tiene como protagonista a mi admirado discípulo, “CARTAS DE NICODEMO” (Editorial Herder) del polaco Jan Dobraczynski, me da pie, a modo de homenaje a la Virgen María en éste su mes, a reproducir algunos párrafos realmente  preciosos que describen certeramente la personalidad de aquella excelsa mujer.

La escena describe un encuentro de Nicodemo con ella a solas. El autor pone en la mente de Nicodemo la siguiente reflexión sobre ella: “…su voz es dulce y, al mismo tiempo, firme,  igual que la de él (se refiere a Jesús)… Esta mujer es una verdadera madre; hubiera debido tener muchos hijos y nietos que estuvieran a su lado y vinieran a consultárselo todo. ¡Un hijo es demasiado poco para ella!”…

Más adelante continúa la reflexión: “… ¡cuánta alegría irradia!. Estoy seguro de que el temor por ése hijo único que tiene no la abandona ni un instante. Viviendo con ese continuo temor parece increíble que no esté siempre amargada, quejosa, enojada. Todas sus palabras están llenas de dulzura y comprensión”…

Y termina el relato poniendo en boca de María, refiriéndose a su hijo: “…el Reino de los Cielos es como un grano tirado en tierra que germina y crece de día y de noche mientras el que lo ha sembrado se ocupa en otra cosa o duerme. Lo que esperamos que ocurra quizá ya ha ocurrido. Así fue conmigo. Aún no había terminado de decir “hágase como has dicho (a Gabriel) y él ya vivía en mí”…

Es el “SÏ” que toda madre da sincera, gratuita y amorosamente para concebir a un hijo.

Releyendo estas magníficas líneas y extrapolando el personaje de María a cualquier otra madre, creo puede deducirse perfectamente lo que siente  una mujer hacia su hijo desde el  momento mismo de su concepción.

Merecido homenaje a la persona más importante que todo ser humano tiene en su vida…

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