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	<title>Me Viene A La Memoria (Agustín Esteban) &#187; San Isidro</title>
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		<title>San Isidro taurino</title>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2014 09:30:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[aesteban]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog de Agustín Esteban]]></category>
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		<description><![CDATA[Un profesional de la tauromaquia ve cumplidas todas sus aspiraciones si su nombre se ve incluido en los carteles de la Feria de San Isidro. No sé si este blog tendrá lectores en Australia, o en Suecia, o en Sudáfrica, o en… pero los tiene en España y en Hispanoamérica, dos puntos de la tierra donde se dan costumbres y aficiones muy similares. Una de ellas son los toros; el espectáculo de las corridas de toros. Los profesionales del ruedo, cuando termina la temporada española, allá por el mes de octubre, se trasladan a expresar su arte en Méjico, Colombia, Venezuela, Perú… donde, a su vez, surgen otros profesionales que alternan el toreo en su país y en el nuestro. Naturalmente, no todos los del otro lado del “charco” como los de esta orilla son aficionados al arte de Cúchares, pero no desconocen el tema como podría ocurrir, por ejemplo, con el folklore de Indonesia. De toda esa afición es conocida la Feria de San Isidro que se celebra en Madrid en este mes de mayo, como el más importante de los festejos que se organizan con motivo de la festividad de su santo patrón. No sé que pudiera tener de taurino el santo patrón, pero lo cierto es que normalmente se le representa junto a unos bueyes de los que se servía para llevar a cabo sus tareas como labrador. La imagen no es muy taurina, pero al menos se muestra en ella al hombre y a los astados, aunque ya digo que no creo que sea esa relación tan puramente laboral, la que haya inspirado la creación de la Feria taurina más importante del mundo. Digo que la más importante de todas, porque es la que más público y seguramente mayor cantidad de dinero mueve y la que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un profesional de la tauromaquia ve cumplidas todas sus aspiraciones si su nombre se ve incluido en los carteles de la Feria de San Isidro.</p>
<p>No sé si este blog tendrá lectores en Australia, o en Suecia, o en Sudáfrica, o en… pero los tiene en España y en Hispanoamérica, dos puntos de la tierra donde se dan costumbres y aficiones muy similares. Una de ellas son los toros; el espectáculo de las corridas de toros. Los profesionales del ruedo, cuando termina la temporada española, allá por el mes de octubre, se trasladan a expresar su arte en Méjico, Colombia, Venezuela, Perú… donde, a su vez, surgen otros profesionales que alternan el toreo en su país y en el nuestro. Naturalmente, no todos los del otro lado del “charco” como los de esta orilla son aficionados al arte de Cúchares, pero no desconocen el tema como podría ocurrir, por ejemplo, con el folklore de Indonesia.</p>
<p>De toda esa afición es conocida la Feria de San Isidro que se celebra en Madrid en este mes de mayo, como el más importante de los festejos que se organizan con motivo de la festividad de su santo patrón. No sé que pudiera tener de taurino el santo patrón, pero lo cierto es que normalmente se le representa junto a unos bueyes de los que se servía para llevar a cabo sus tareas como labrador. La imagen no es muy taurina, pero al menos se muestra en ella al hombre y a los astados, aunque ya digo que no creo que sea esa relación tan puramente laboral, la que haya inspirado la creación de la Feria taurina más importante del mundo. Digo que la más importante de todas, porque es la que más público y seguramente mayor cantidad de dinero mueve y la que mayor atractivo supone para los toreros que ven cumplidas todas sus aspiraciones si consiguen verse incluidos en sus carteles. No obstante, a quienes no gusten de la tauromaquia, tienen una amplia oferta de ocio para disfrutar de estos días festivos en Madrid. Días que cubren todo el mes de mayo. Conciertos de toda clase de música, bailes, actuaciones de todo tipo y un largo etcétera, porque Madrid sabe divertirse y disfruta viendo divertirse a los que llegan. Porque son muchos los que se trasladan desde sus respectivas localidades españolas, e incluso de Hispanoamérica, para presenciar alguno de los festejos taurinos que componen la Feria. Antiguamente, a los que se acercaban a Madrid durante estas fechas, con deseos de participar en sus festejos se les conocía como “Isidros”. Hoy en día, los desplazamientos son constantes, el aparecer por la capital ya no supone nada extraordinario y es de suponer que el calificativo haya desaparecido.</p>
<p>En el post de hoy nos vamos ¡a los toros! Una expresión que se manifiesta alegre cuando se dirige uno a la plaza y que suele tornarse en lamento cuando se regresa. La euforia es a la ida: ¿A dónde vas? – A los toros” y el desengaño al regresar: ¿De dónde vienes? – De los toros”. Pero la afición insiste, porque nunca se sabe cuando puede surgir la gran faena y con esa ilusión de ser testigos de la gran faena es como la tauromaquia se mantiene desde su aparición.</p>
<p>La edición de este año va transcurriendo con los mismos altibajos de siempre, con los mismos defectos y con las mismas virtudes. Con la presentación de nuevos valores y la repetición de la mayoría de los ya consagrados. Con homenajes como el tributado a “El Cordobés” con motivo del cincuentenario de su alternativa, con algún susto más de los acostumbrados como el ocurrido hace cuatro días al tenerse que suspender el festejo tras pasar los tres matadores a la enfermería con lesiones de diversa consideración, aunque en ninguno de los tres casos teniendo que lamentar una tragedia irreparable. En unos días, por aquello de la extraña materia de que están formados los toreros a quienes la vocación hace que sus heridas cicatricen más rápido que al resto de los humanos, los tres volverán a vestirse de luces y volverán a enfrentarse al peligro que representan 500 kg avanzando a toda velocidad y abriéndose paso con dos afilados puñales.</p>
<p>Una Feria que ha ido evolucionando con el paso del tiempo desde su creación en 1947 gracias a la intuición taurino/comercial de Livinio Stuyck que, empresario de la plaza por entonces, agrupó las corridas que se organizaban mediante abono alterno para convertirlas en la Feria de Madrid que es como en principio se denominó. Eran sólo cinco corridas, hoy andan por la treintena. Y si fueran más, más tardes se llenaría la plaza. Más toreros soñarían con pisar el ruedo de Las Ventas por estas fechas, llevando el sueño hasta imaginarse saliendo a hombros por la puerta grande. En aquella primera tarde de Feria -15 de mayo de 1947- alternaron Rafael Ortega &#8220;Gallito&#8221; que vio devuelto uno de sus toros al corral tras sonar los tres avisos preceptivos, Manuel Álvarez &#8220;Andaluz&#8221; y Antonio Bienvenida que resultaría cogido de gravedad. No hubo trofeos, pero uno de los tres, &#8220;Andaluz&#8221;, cortaría la primera oreja de la Feria una temporada después. Ahora hace cincuenta años.</p>
<p>Aunque en el mundo son muchas las Ferias taurinas, la de San Isidro y la de Abril, en Sevilla, son las más importantes, aunque la primera supera en número de festejos. Por otra parte, el coso que la alberga, la Monumental de Las Ventas, es la que proporciona el doctorado a los matadores que, independientemente de donde hayan tomado la alternativa, el doctorado lo adquieren es en Madrid.</p>
<p>Quienes tienen la suerte de ser contratados para esta Feria, en Las Ventas es donde manifiestan al máximo todo su saber, donde hacen gala de todo su valor, donde exponen su arte con mayor entrega, donde muchos, por exponer en demasía para mantener su prestigio o superarlo, son víctimas de la cornada. Los profesionales siempre están expuesto a lo peor y a ello se exponen en cualquier ruedo, pero es aquí donde la responsabilidad y la &#8220;vergüenza torera&#8221; ante la afición se manifiesta en un grado mayor. Lo dicho: los de fuera de Madrid y los de dentro, en esta Feria de San Isidro a la que todavía le restan unas cuantas fechas hasta su culminación, tenemos una cita en La Monumental. Allí nos vemos que es un buen sitio de encuentro y motivo para una nueva cita esperando que en “la próxima haya más suerte”.</p>
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		<title>El Cordobés otra vez en el ruedo</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Apr 2014 09:06:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[alpha]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog de Agustín Esteban]]></category>
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		<category><![CDATA[San Isidro]]></category>
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		<description><![CDATA[A El Cordobés nadie, ni los toros, le apartaron de los ruedos ni le arrebató su categoría de ídolo. Se fue de ellos cuando lo creyó oportuno y ahora, al borde los 80, se enfrenta al peligro de unos cuernos por una causa benéfica. Podría aplicarse a todas las profesiones, pero la referencia se hace particularmente a los toreros: “se es torero toda la vida”. Efectivamente, los toreros se sienten siempre como tales, aunque años atrás hayan decidido no pisar un ruedo vestido de luces, o aunque los años se hayan agarrado a sus vidas como un pesado lastre. Una vez tomada la alternativa, se es torero hasta que el artista taurómaco es llamado desde otras latitudes donde el valor no es necesario ni el enfrentamiento al peligro. Ni los conceptos de “parar”, “mandar” y “templar”, ni componer con el cuerpo la plasticidad requerida para la obtención del aplauso o el quiebro del astado. El que es torero, lo es para siempre. Su vida, superada la etapa de obtención de contratos, se centra en el mismo ambiente taurino que lleva a quienes se dedican a este noble arte al mundo de la ganadería, del campo, de las tertulias taurinas, de asistir a los espectáculos que mantienen los que continúan en la brecha junto a las nuevas incorporaciones&#8230; todo como antes, pero sin el compromiso de vestirse de luces ni tener que corresponder a las exigencias de un público que ha pagado una entrada para ver a ese torero. El torero, sin esa responsabilidad, sigue soñando con la gran faena de su vida, aunque nunca llegará. En sueños sigue sintiendo el miedo que se padece al hacer un paseíllo, la concentración previa al primer enfrentamiento con el toro, la concepción de la faena según se presenten las características del animal, la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A El Cordobés nadie, ni los toros, le apartaron de los ruedos ni le arrebató su categoría de ídolo. Se fue de ellos cuando lo creyó oportuno y ahora, al borde los 80, se enfrenta al peligro de unos cuernos por una causa benéfica.</p>
<p>Podría aplicarse a todas las profesiones, pero la referencia se hace particularmente a los toreros: “se es torero toda la vida”. Efectivamente, los toreros se sienten siempre como tales, aunque años atrás hayan decidido no pisar un ruedo vestido de luces, o aunque los años se hayan agarrado a sus vidas como un pesado lastre.</p>
<p>Una vez tomada la alternativa, se es torero hasta que el artista taurómaco es llamado desde otras latitudes donde el valor no es necesario ni el enfrentamiento al peligro. Ni los conceptos de “parar”, “mandar” y “templar”, ni componer con el cuerpo la plasticidad requerida para la obtención del aplauso o el quiebro del astado. El que es torero, lo es para siempre. Su vida, superada la etapa de obtención de contratos, se centra en el mismo ambiente taurino que lleva a quienes se dedican a este noble arte al mundo de la ganadería, del campo, de las tertulias taurinas, de asistir a los espectáculos que mantienen los que continúan en la brecha junto a las nuevas incorporaciones&#8230; todo como antes, pero sin el compromiso de vestirse de luces ni tener que corresponder a las exigencias de un público que ha pagado una entrada para ver a ese torero.</p>
<p>El torero, sin esa responsabilidad, sigue soñando con la gran faena de su vida, aunque nunca llegará. En sueños sigue sintiendo el miedo que se padece al hacer un paseíllo, la concentración previa al primer enfrentamiento con el toro, la concepción de la faena según se presenten las características del animal, la estocada que hace levantar al público de sus asientos, las ovaciones paseando por el anillo los trofeos obtenidos, el retorno al hogar sano y salvo para preparar la siguiente tarde de toros&#8230; La realidad quedó atrás, cuando ese torero vivió sus días de éxito, sus condiciones físicas alcanzaban la excelencia y la fecha de su nacimiento no estaba tan alejada del presente.</p>
<p>En esas condiciones, alcanzar la longevidad no difiere de las características que son imputables al resto de los mortales. En unos y otros irán apareciendo los achaques, el cuerpo se irá negando a responder en fuerza y flexibilidad, amén de otros problemas de salud que puedan ir apareciendo tanto en los toreros como en los que no lo somos. Con las lógicas excepciones del afortunado que va superando la escalera de los años sin presentar síntomas de debilitamiento, que son los menos.</p>
<p>De ahí que nos asombre cuando un septuagenario alcanza una cumbre al lado de montañeros a los que dobla la edad, o desarrolla un largo recorrido en bicicleta o en marcha, en cualquier otra actividad donde sea imprescindible la preparación. El hecho, incluso, suele ser recogido por los medios de información como algo poco habitual. Los toreros, aún siendo artistas, requieren de las mismas condiciones que los deportistas y como tales llevan a cabo su preparación; por lo menos durante su periodo de actividad.</p>
<p>Por esa razón, es por lo que a principios de esta semana, los medios de comunicación se han hecho eco de una “reaparición” llevada a cabo en la plaza de toros de Córdoba, por quien en los años 60 fue el máximo ídolo en España, por encima de cualquier otro tipo de artistas o personajes populares en general; Manuel Benítez “El Cordobés”. Con el pelo totalmente encanecido, algún que otro kilo adosado a su abdomen y asomándose a los 80, pero con el mismo carisma de hace medio siglo.</p>
<p>No fue con traje de luces, pero el traje corto es igual de taurino. No fue con toros de 5 años, pero los novillos también tienen su peligro. Con traje corto y ante una becerra que le arrolló, perdió su vida Antonio Bienvenida. Algo que no lograron los animales de más de 500 kilos en su etapa de luces. El peligro nunca está ausente en el planeta donde se desenvuelven los toros y el más mínimo descuido puede ser mortal. Por eso y por tantas otras cosas, como por ejemplo la finalidad benéfica de la recaudación obtenida, es el mérito de El Cordobés, cuando no necesita de ningún estímulo para realizarse como matador de toros ni a nadie tiene que convencer. Cuando ya ha superado con creces el momento de fama, cuando ha obtenido unos considerables ingresos, cuando ha superado el reconocimiento de la profesión, de las empresas y del público. Ahora no es momento de juzgar su estilo que atrás quedan quienes le ovacionaron y quienes le censuraron en su forma de entender la tauromaquia.</p>
<p>El nombre de Manuel Benítez es disculpa suficiente para dar rienda suelta a la memoria que justifica este blog, pero hoy nos lleva a fijarnos en el gesto del torero (muy habitual, por otra parte, en el mundo taurino) el hecho de haberse puesto ante unos cuernos con sus 77 años y por una causa noble. El Cordobés salió del coso con dos orejas de sus enemigos, seguramente bien conseguidas, pero salió con el premio de la satisfacción de quien colabora que no requiere más pago que el reconocimiento.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=3TL2_Bku7PE" target="_blank">http://www.youtube.com/watch?v=3TL2_Bku7PE</a></p>
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