Una de las técnicas más sencillas para conectarnos con el presente se basa en tomar conciencia de nuestra respiración. Como testigos silenciosos de la importancia y del placer de ese proceso. Sentimos como el aire entra y sale de nuestros pulmones, naturalmente, sin interferir con su flujo.
La próxima vez que nos sorprendamos a nosotros mismos en un estado mental de espera, tomemos conciencia de nuestra respiración, y conectemos nuevamente con el presente. Permitámonos ser y disfrutemos siendo. Si estamos presentes, no tendremos necesidad de esperar por nada.
También disfrutar de acciones como la risa, el abrazo, las palabras cariñosas, el sentimiento de amor y aceptación mutua, escuchar la música que nos gusta, fijarnos en el paisaje y sentir como se energiza todo nuestro Ser, es parte del momento presente si queremos que lo sea.
Contrario a lo que la mente con sus proyecciones imaginarias nos pueda hacer pensar, lo único que realmente necesita afrontar un ser humano en cualquier etapa de su vida real, es fijarse en la satisfacción del momento presente que estamos creando y ser conscientes de ello.
Preguntémonos ¿Qué está pasando aquí y ahora, en este mismo instante? No el año próximo, o mañana, ni siquiera en los próximos cinco minutos. ¿Hay algo que no funcione en este mismo instante?
Después de tomar conciencia de nuestra respiración y conectar con las pequeñas situaciones del presente que estamos creando nosotros mismos, podemos contestar conscientemente a la anterior pregunta, con un ”no” como respuesta.
Se puede afrontar y resolver cualquier situación en el presente, pero el pasado quedó atrás y no podemos cambiarlo y el futuro aun no ha llegado. Al reconocer esto, automáticamente reconocemos también, como es natural, que ni siquiera tenemos que pensar en ocuparnos de otro momento que el presente, y comenzamos a vivir conscientemente cada instante de nuestra existencia.
A partir de ese momento las respuestas, la fortaleza, las acciones, los recursos, etc. estarán allí en el momento justo en que los necesitemos, no antes ni después, pero en el instante preciso en que estamos abiertos a reconocerlos.
Así que pensémoslo. Reflexionemos si, contra vientos y mareas podemos disfrutar ya de la excitación de vivir nuestro presente dejando de desperdiciar energías preocupándonos de los vientos y mareas que ya han pasado o imaginando lo que pueden acarrearnos los que todavía no están aquí.














