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Cabecera El Jubilado Feliz

No quiero ser un viejo gruñón

Durante los últimos 15 días no me encontraba en mi mejor forma física. Entre electrocardiogramas, ecografías, analíticas, auscultaciones, y (lo peor) opiniones médicas opuestas, llegué a sentirme bastante abatido y pesimista.

Y no me gustaba para nada. Me di cuenta, una vez más, de que la idea de que mi sanación era algo que tenía mucho que ver con mi propia actitud es un hecho en cualquier caso y que enfocar mi atención en lo mal que me sentía no me servía para nada.

Como voy proclamando e insistiendo desde años, todos, quien más quien menos, queremos sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás y todos podemos hacer mucho al respecto también por lo que se refiere a nuestra propia salud física. En efecto, el otro día cuando me pregunté si quería sentirme bien conmigo y con los demás me contesté sin dudarlo: “Claro que sí” y me puse a la obra en seguida.

Tuve que recordarme a mí mismo varias veces que hacer el esfuerzo de superar el bajón, cuando el físico flaquea es un acto de amor hacia mí, pero, al mismo tiempo, es una expresión de respeto y cariño hacia las personas que me rodean y me gustó recordármelo .

Durante estos días, había recibido deseos de recuperación y rezos por parte de mi familia y de los amigos que se habían enterado de mi malestar y les había mandado a cada uno mi cariño desde lo más profundo de mi corazón, que era justamente el órgano que estaba teniendo dificultades. Hacerlo enfocando mi atención en mi corazón me ayudó a superar mi pesimismo.

Me di cuenta en la práctica que haber decidido sentirme bien les hacía más fácil y placentero a los demás sus interacciones conmigo. En vez de ser un viejo gruñón quejándome de mi mala suerte, les hacía ver que ellos me importaban y que quería lo mejor no solo para mí pero también para ellos. Cuando me daba cuenta de cómo esto me hacía sentir, me abría a comprender y respetar más a los demás de mi entorno y conseguí mejorar mi forma de comunicarme con ellos y me sentía más optimista y animado.

Me fijé también que sentirme bien conmigo mismo y con los demás era una actuación voluntaria y que podía ser feliz pasara lo que pasara con mi salud.

Ha sido una nueva lección de vida que me ha confirmado una vez más la importancia de recordar la frase ”Si pienso que puedo, puedo y si pienso que no puedo no lo consigo porque no hago lo que tengo la capacidad de hacer para hacerlo posible”

A este punto me he tranquilizado y he vuelto a mi usual optimismo.

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