Una de las mejores formas de sentirnos bien con nosotros mismos es la de ayudar a los demás haciendo voluntariado.
Como voluntarios participamos y colaboramos con más personas en la solución de situaciones sociales difíciles, utilizando experiencias, conocimientos, actitudes y capacidad de relaciónarnos positivamente.
Podemos apuntarnos para hacer voluntariado a cualquier edad, por parte de jovenes, menos jóvenes y mayores y podemos hacerlo en los contextos y entornos culturales y sociales más variados.
Para algunos, el voluntariado se les presenta como una forma de pasar el tiempo y de socializar con más gente de la que conocen en su propio día a día.
Para otros se trata de una búsqueda de aprendizajes y experiencias para la vida que les permite, al mismo tiempo, llevar a cabo una labor humanitaria.
Sean estas u otras las motivaciones primarias, la mayoría de los voluntarios, a menudo, llega a hacerlo contando con una serie experiencias y habilidades personales que le capacitan a dar lo mejor de sí y conseguir los mejores resultados de su labor y dedicación. En la práctica de las actividades que se le vayan encomendando irá adquiriendo más preparación específica y se irá dando cuenta de lo bonito que es ayudar a las personas, entablar nuevas relaciones y sentirse bien consigo mismo por el solo hecho de hacerlo.
Esto hace que los voluntarios lleguen a sentirse cómodos en cualquier actividad y situación en que se puedan encontrar a lo largo de su misión de voluntariado y sucesivamente a lo largo de su vida .
Muy a menudo, iremos fijándonos en que recibimos más de lo que damos y es importante que nos hagamos conscientes de ello para evitar cualquier tendencia a sentirnos superiores a las personas que estemos ayudando lo que nos quitaría eficacia y satisfacción.