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Cabecera El Jubilado Feliz

EMPATÍA

La empatía se define como la posibilidad de ponerse en el sitio del otro para acompañarle, sin convertirse emocionalmente en el otro. Abarca varias dimensiones: ser capaz de escuchar, sin juzgar, lo que siente el otro, entender su punto de vista sin necesariamente compartirlo, ver lo que ve sin que nos afecte en nuestro propio bienestar…


Hay que escuchar, sin juzgar, ni interpretar desde nuestro punto de vista pero si desde el suyo. Ser abierto al otro sin dejar que entre en nuestra zona intima. Conecto con el otro e intento entender lo que dice (verbal y no verbal) lo que quiere y lo que hay detrás de sus deseos y sentimientos  escondidos. Luego si quiere y con su permiso, puedo ayudarle a que aclarare su postura o, si no lo quiere, tengo que aprender a callarme y a no intervenir dejándole que se exprese, lo que de por si es ya muy terapéutico.
Si mi nieto tiene dolor de dientes puedo escuchar sus quejas y compadecerle. Es mi nieto y quiero que esté lo más feliz posible   pero no sirve de nada que yo también sienta su dolor.  Escucho lo que quiere decir sin perder mi propia consciencia de que su dolor no es mio, lo que me hace más disponible para acompañarle en el momento presente. Puedo consolar en mis brazos al niño que llora sin llorar yo también, simplemente transmitiéndole mi cariño. Aceptar el estado emocional del otro no significa  ponerme en su papel.


El es el protagonista, la persona que habla y sufre y yo le acompaño en esta situación pero cuidando que no me afecte emocionalmente. Lo que no funciona es que el que comparte quiera que el otro sufra con él. La compasión es una manifestación de cariño y nos es mucho más fácil  dar cariño si no sufrimos nosotros por lo que le pasa al otro.
El riesgo es confundir empatía, o sea el acompañamiento de alguien, con el  encargarse de sus historias; hacerlo no tiene ninguna gracia y es especialmente ineficiente. Si de repente al escuchar alguien contarme sus penas, me pongo triste pues ya seremos dos que necesitamos ser consolados. En otras palabras sufrir por el sufrimiento ajeno no es un acto de amor hacia el otro sino una falta de amor para si  mismo. Esto no excluye que junto con la empatía tengamos simpatía para el otro y le demos nuestro apoyo y refuerzo físico y emocional en el momento presente.

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