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Cabecera El Jubilado Feliz

TÚ VALES MUCHO

En tu cuerpo hay ochocientas mil millones de células trabajando continuamente y obrando todas a tu favor y en perfecta armonía.

En tu cerebro tienes trece mil millones de neuronas trabajando tan sabiamente para ti que, si las quisieras reemplazar por la máquina computadora más perfecta del mundo, este ordenador ocuparía el sitio de un edificio de setenta pisos de alto.

En tus ojos, Dios ha depositado cien millones de receptores que te permiten gozar de la magia de los colores, de la luz, de la simpatía de las personas y de la majestad de la naturaleza.

En tus oídos hay veinticuatro mil millones de filamentos que vibran con el viento, con el reír de los niños, con la suave música de las orquestas, con el trepidar de las aguas espumosas y al escuchar las palabras amables de las personas que estimas.
 
Eres una persona humana, y el ser humano es el único animal que puede hablar, para calmar al airado, animar al abatido, estimular al cobarde y decir… Te amo.

Te puedes mover, no eres un árbol amarrado a una pequeña porción de tierra. Puedes pasear, correr, bailar y hacer deporte. Para ello tienes quinientos músculos, doscientos huesos y siete mil nervios sincronizados para obedecerte y llevarte donde quieras.

Tus pulmones son los mejores filtros del mundo. A través de seis mil millones de alvéolos purifican el aire que reciben y liberan de tu cuerpo los desperdicios dañinos.

Tienes un corazón que es una maravilla de la naturaleza. Bombea hora tras hora, treinta y seis millones de latidos al año, despierto o dormido, impulsando la sangre a través de cien mil kilómetros de venas y arterias, que llevan más de dos millones de litros de sangre al año… Tu sangre es un formidable tesoro. Son apenas cuatro litros, pero allí hay veintidós millones de células sanguíneas, y en cada célula hay muchas moléculas, y en cada molécula hay un átomo que oscila más de diez millones de veces por segundo.

Cada día mueren dos millones de tus células y son remplazadas por dos millones más, en una resurrección que ha continuado desde el día en que naciste. En tu cerebro hay cuatro millones de estructuras sensibles al dolor. Quinientos mil detectores táctiles y doscientos mil detectores de temperatura.

Ahora pregúntate ¿Crees que vale la pena vivir a tope tu vida con lo que tienes? Lo triste es que dedicamos mucho tiempo pensando en lo que nos hace falta y casi nunca nos detenemos a recordar y agradecer lo muchísimo bueno que poseemos.

No sólo con respecto a tu cuerpo, aplícalo también a los dones que posees, la familia que te ha tocado, las amistades tienes suerte de tener, las comodidades que disfrutas y hasta las oportunidades que se te han presentado ¡No veas sólo lo que te hace falta, agradece lo que ya tienes! Haz cuentas de tus bienes y de tus alegrías, también.

No pierdas tiempo haciendo cuentas de tus males. Colecciona pensamientos alegres y optimistas, y que no se te olvide alejar de tu mente esos cuervos llamados “recuerdos tristes” y “pensamientos pesimistas”. ¿Y sabes por qué?…. ¡¡¡Porque vales muchísimo!!!

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