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CREAR CONTEXTOS DE CONVIVENCIA FAMILIAR

Entre nuestros hábitos de relación podemos utilizar la perspectiva de que queremos, y podemos, marcar la diferencia con nuestro ejemplo.
A este fin podemos decidir unos comportamientos que nos ayuden:

1.  Acostumbrarnos a expresar de forma usual cortesía, consideración e interés hacia todos, incluyéndonos a nosotros mismos.
2.  Mantener un buen nivel de comunicación .
3.  Estar abiertos a la búsqueda de  alternativas que podamos consensuar en cualquier contexto en que existan diferencias o dificultades, individuales o compartidas.
5.  Respetar el derecho de cada uno a tener pensamientos, puntos de vista y convicciones distintas de las nuestras y aceptar que podemos aprender de ellas.
6.  Colaborar con los demás para encontrar soluciones satisfactorias para ambos en los problemas que surjan.
7.  Evitar hacer comparaciones entre el comportamiento de uno o de otro. Cada uno es lo que es y lo ello depende de un conjunto de situaciones propias de su entorno, educación y, en general, de su historial individual. 
8.  Evitar generalizar en las evaluaciones de situaciones y comportamientos del tipo “siempre estás diciendo esto o aquello”.
9.  Dejar espacio  para que  cada uno tenga la libertad psicológica de ser sí mismo en cuanto persona.
10.  Expresar eventuales desacuerdos con el debido respeto, para no dar lugar a enfrentamientos emocionales.
11.  Perdonar y olvidar después de un altercado o desavenencia.
12.  Hablar, a menudo, de autoestima para contribuir a realzarla en nosotros mismos y en nuestros parientes, y demostrarlo con nuestras actitudes y comportamiento.
13.  Organizar contextos lúdicos y diversiones que ayuden a sentirse cómodos y unidos.
14.  Crear espacios en los que todos puedan compartir y expresar sus puntos de vista.
15.  Darnos el permiso de expresar sentimientos de aprecio, amor, estima, admiración, afecto… sin temor al rechazo.
16.  Darnos cuenta de lo que los demás esperan de nosotros.
17.  Tener objetivos concretos y claros de cómo contribuir a mejorar las relaciones en nuestro entorno familiar.
18.  Apoyar los esfuerzos de cada uno para la consecución de sus objetivos y metas.
19.  Fijarnos en las facetas divertidas de las distintas situaciones en que nos encontremos.  Realzar nuestro sentido del humor.
20.  Sentirnos personalmente involucrados y satisfechos en el éxito propio y de cada miembro de la familia y responsabilizarnos por la parte de apoyo, ayuda, refuerzo, alabanzas, etc. que nos concierne.
21.  Interesarnos por temas que les motivan aunque no estén relacionados con nuestra actividad o afectos.
22.  Leer y apreciar buenos libros.
23.  Escuchar una música que nos gusta.
24.  Comprobar que tenemos una mente inquisitiva.
25.  Considerarnos personas competentes.
26.  Destinar un tiempo satisfactorio para ponernos al día, investigar y aprender. Participar en actividades culturales o cursos de puesta al día o formación.
27.  Estar al corriente de nuestro estilo de aprendizaje y preferencias sensoriales y utilizarlas en nuestro propio bien, y en nuestra forma de relacionarnos.
28.  Aprender y utilizar técnicas de memorización.
29.  Tratar temas desde la perspectiva del equipo familiar.
30.  Buscar la comprensión de lo que tratamos, además de la información en sí. Si no entendemos el tema, preguntamos.
31.  Crear dinámicas de grupo placenteras en el contexto familiar. Tener presente que la capacidad media de concentración continuada en un mismo tema es de aproximadamente 30 minutos si queremos sentirnos cómodos con lo que estamos haciendo. 


Todos estos son puntos de ayuda a la convivencia y cada uno puede ir escogiendo unos cuantos, los que más le motiven para empezar a practicarlos en su propio día a día y comprobar los resultados.
El punto en común de estas propuestas fue que todos los que trabajaron para definirlas empezaron con enfocar su atención en algo que les había hecho sentir bien o que les había causado admiración en el pasado, aunque en su tiempo no le hubieran prestado mucha atención.

Conectaron con lo que podía hacerles sentir a gusto consigo mismos y con lo que hacían en su vida personal y en su  profesión, basándose en sus propias experiencias y en las que habían escuchado de sus familiares  o demás personas de su entorno.
Todas estas ideas se reflexionaron individualmente y con los familiares, centrándose en situaciones en las que había posibilidad de poner en practica las experiencias y los puntos compartidos en el grupo.

Las experiencias directas y la reflexión en equipo de estas ideas, propias y de los demás participantes, en los encuentros que se organizaron, les ayudó para adquirir puntos de referencia en que fijarse para sus futuras actuaciones y para ir practicando en su vida las dinámicas de relación y comportamiento que más les habían llamado la atención.  

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