Perseverar es la decisión más simple e importante que podemos tomar en varios contextos de nuestra vida, demasiado a menudo absurda, que muchos vivimos. Lo que nos interesa hacer es pedalear y pedalear, recorrer ese trayecto extra del cual hemos oído hablar, con la certeza de que el resultado esperado habrá de llegar. No desistas, continúa y como dice la ronda infantil “a la meta he de llegar… una cinta de colores me la tengo que ganar…”
Ahora bien, puede que tu objetivo no sea una cinta de colores, pero sea lo que sea, al llegar a tu meta, al lograr tu objetivo alcanzaras la satisfacción esperada, pues realmente en mi experiencia personal el fracaso no existe, solo existen lecciones aprendidas o formas de como no hacer las cosas.
La gran mayoría de personas que no hemos logrado algún éxito relativo en nuestra vida, porque hemos dejado de pedalear, hemos finalizado de manera abrupta nuestros sueños y esto nos lleva a sentirnos tristes y frustrados , por no decir infelices y estar en un espacio donde todo nos molesta, donde siempre tratamos de buscar culpables, evadiendo nuestra responsabilidad, blasfemando de las circunstancias, del jefe, de las amistades y también de la familia, cuando, en realidad, el único responsable de los resultados obtenidos, a menudo si no siempre, somos nosotros mismos.
Aquí debes ser realista y buscar dentro de ti el porque a veces te acobardas. Si piensas que posiblemente volverías a hacerlo de esa misma manera, hazte un examen de conciencia. Analízate a ti mismo, re-ordena tus ideas, y mira si puedes empezar de nuevo. La vida a veces nos da un “jalón” de orejas cuando abusas de determinado comportamiento y aun persiste en usarlo sabiendo que el resultado no es el esperado.
Bueno, aparte de la canción infantil también se han escrito poemas al respecto como este que es el extracto de un poema escrito por Pablo Neruda que leí hace algún tiempo y que me parece, además de muy interesante, un buen punto de partida para propiciar un auto análisis y un cambio de actitudes y comportamientos.
“No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie porque
fundamentalmente Tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de
acusarte en el fracaso para volver a empezar, corrigiéndote.
El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.
Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu
mismo ambiente supieron vencer, las circunstancias sean buenas o malas
según la voluntad o fortaleza de tu corazón.
No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrenta con
valor y acepta que, de una u otra manera, son el resultado de tus actos y
la prueba que has de ganar.
No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate
ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier
momento es bueno para volver a comenzar y que ninguno es tan terrible como para claudicar.
Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu
fracaso.”
¿Te atreverías a decirte a ti mismo estas palabras?
A primera vista parecería que no. Sin embargo, te invito a que cada vez que emprendas algo en tu vida y sientas ganas de abandonar recuerdes: “pedalea y pedalea … a la meta he de llegar… una cinta de colores me la tengo que ganar…”














