Muchas personas, mayores y no mayores tenemos o hemos tenido y tendremos problemas de salud, temporales o, para alguien, recurrentes o hasta permanentes. Por ello es necesarios que de nuestra parte hagamos todo lo que está en nuestras manos para ayudar a que las enfermeras que nos toquen se sientan bien consigo mismas y con nosotros.
En las relaciones de cualquier tipo las personas necesitamos sentirnos bien para poder ayudar a los demás a sentirse bien consigo mismas y con los demás. Por ello, es importante que nos demos cuenta de que para que la gente nos quiera y nos ayude, necesitamos en primer lugar que nosotros les apreciemos y reforcemos y les ayudemos de nuestra parte a que se sientan bien y cómodas en los contextos en que nos relacionamos.
Todos tenemos momento difíciles en nuestra vida en que nos sentimos enfrentados al mundo y, por consiguientes también de los demás y es importante que aceptemos que esto les pase también a las enfermeras en algunas situaciones .
Pretender que nos apoyen como queremos, cuando esto les pasa, no nos ayuda ya que puede causar enfrentamientos con ellas y empeoramos la situación en lugar de mejorarla.
Enfrentarnos a ellas con quejas o recriminaciones por lo que no nos gusta no nos sirve.
El trabajo de las enfermeras está basado en principio en la relación de ayuda y esto nos permite seleccionar situaciones y acciones en que lo hacen bien o hasta muy bien y reforzarlas en lugar de etiquetarlas de forma negativa.
Esto lo podemos comprobar y experimentar, en general, también en nuestras otras relaciones diarias en los varios campos de nuestras vidas personales y laborales. Si nos enfrentamos a las personas no conseguimos su colaboración y esto nos lleva a sentirnos mal y frustrados y a que las personas con las cuales tratamos se sientan mal a su vez empeorando la situación.
Por otro lado, todos tenemos expectativas de lo que queremos que los otros hagan en las relaciones que tengan con nosotros y si estas expectativas no se cumplen, nuevamente, nos sentimos frustrados y enojados y lo expresamos en nuestra forma de relacionarnos con ellos sin pensar que de esta forma no conseguimos la calidad de atención, afecto y cuidado que necesitamos.
El hecho de aplicarlo en nuestro pensamiento y actitud con respecto a las enfermeras nos puede ayudar a aplicarlo en los más distintos contextos de nuestra vida.
Personalmente lo he podido comprobar recientemente en mis reacciones hacia las enfermeras que me cuidaron cuando estuve ingresado en el hospital. Sus respuestas a mi actitud hacia como se portaron conmigo me enseñaron mucho. En la mayoría de los casos mi sonrisa, cortesía y aprecio las ha ayudado a abrirse a darme a su vez su sonrisa, atención, apoyo, aprecio y ayuda.














