Amar de forma consciente entra dentro de las cosas que podemos hacer para sentirnos bien si lo decidimos.
Depende de nosotros y no de la otra persona o circunstancias. Yo decido amar porque sí, porque quiero hacerlo y hago lo que considero tengo que hacer para conseguirlo. Me doy cuenta de lo bien que me siento al respecto y esto aumenta mi motivación en hacerlo. Es el verdadero camino hacia la felicidad y cada persona puede tomar la decisión de llevarlo a la práctica en su día a día.
Yo empecé a pensar y actuar de esta forma cuando me di cuenta de lo que significaba para mí el hecho de amar porque quería amar. Había estado buscando testimonios de la importancia de amar de forma consciente y voluntaria y, a un cierto punto, decidí darme el permiso de enfocar mi atención en cómo hacerlo yo mismo en lugar de buscar, en primer lugar, el amor de los demás hacia mí. Amar es decisión mía y ser amado depende de la otra persona.
En términos de felicidad, amar es más eficaz que ser amado. Si decido amar a alguien, empiezo con ver a esta persona desde la perspectiva de que la amo y que amarla es bueno para mí y para ella. No me fijo en que también quiero ser amado por ella ya que esto me puede causar frustraciones, si no lo consigo.
Cuando decido amar y lo hago, mi percepción emocional y física de la persona amada adquiere unas características muy especiales que motivan de mi parte, un comportamiento hacia la persona que amo muy cariñoso y aceptante de su propia forma de ser y de actuar. Esto la lleva a aceptar mi amor y a abrirse a devolverlo, a disfrutar y a comportarse ella misma en consecuencia. Se crea una respuesta de reconocimiento y agradecimiento que la llevan a abrirse a amar a su vez de forma consciente.
El primer paso de decidir amar lleva unas respuestas muy gratificantes para ambos y todas las partes nos sentimos bien, a gusto y motivados a mantenernos en esta situación especial de amar y de disfrutar haciéndolo sin expectativas de ser recambiados.
El tema es importante y merece una reflexión sobre lo que podemos hacer para decidir amar y decidir aplicarlo a nuestras vidas empezando desde ya. A la base de esta reflexión está la perspectiva de que, si pensamos que podemos amar de forma voluntaria podemos conseguirlo y nos motivamos a actuar al respecto.














