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Cabecera El Jubilado Feliz

Experiencias primeras semanas de jubilación


Ya desde el principio, decidí por turnos quedarme en la cama a leer un libro o escuchar la radio o pensar en lo interesante y divertido que puedo hacer en el día de hoy y buscar ,sin preocuparme, soluciones a alguna situación que puedo resolver disponiendo de tiempo para examinarlo y actuarlo.


Después, al levantarme, me fijé en el placer de lavarme la cara con agua fría y después caliente, dándole un masaje con cariño, pensando que era mi cara y que tenía que cuidarla. Delicioso. Después disfruté cepillándome los diente y haciendo otras acciones de aseo, siempre pensando lo bueno que es hacerlas sin prisa.

Mientras tanto, decidí lo que más me gustaba ponerme en este día y lo hice mirándome al espejo con cariño y admiración; me fijé en los detalles y modifiqué algo para conseguir mi mejor aspecto.


A continuación me senté en la mesa para desayunar y tomé mi tiempo para disfrutar lo que iba a comer. Me dí el lujo de comer lentamente, masticando con calma y saboreando los bocados uno a uno y masticando lentamente. Esto de comer con lentitud y saborear lo que se come es una costumbre que fui cultivando desde entonces. Parece que es muy sano además de placentero y, junto con una dieta especial puede contribuir a alargar mis años de jubilación


Después de desayunar y siempre con calma y sin prisa encendí el ordenador, leí el correo, lo contesté, leí las noticias del periódico y escribí mi tweet diario.


Mientras tanto, hacía mis planes sobre lo que quería hacer durante el día. Por la mañana, me fuí al bar a disfrutar un café con un bollo recién horneado y charlar con el camarero y con otros clientes, jubilados o no. Aproveché para llevar al perro (tengo uno) y llevar a cabo más cosas que me apetecía hacer. Estaba en la gloria.
 


El día continuó transcurriendo de esta forma, haciendo todo lo que quería hacer y fijándome en lo bien y libre que me sentía. Almuerzo, siesta, cena cuando quería y todo lo que me podía permitir y que deseaba hacer. Fue una experiencia magnífica y me enseñó a reconocer y volver a hacer sucesivamente lo que me gustaba más y que no dañaba a los demás.


Con los años he estado ensayando y comprobando lo que podía ser mi vida de jubilado y me fui organizando añadiéndole acciones de ayuda a los demás de mi entorno. Siempre dejé unos espacios de tiempo para improvisar y crear situaciones positivas en mi vida. Punto importante, me abrí a buscar la forma de ser de ayuda de varias formas y cada vez esto fue un punto importante de mi nueva vida. Me sentía muy bien haciéndolo y, de paso, fui multiplicando el número de mis amigos viejos y nuevos.


También decidí hacer lo que podía para sanar mis relaciones conmigo mismo, con mi pareja, con mis hijos y con los demás y fuí dándole unos toques placenteros a todas las situaciones de mi vida y a mis relaciones de persona mayor y feliz de serlo.


No he hablado de los momentos negativos de mi vida. Cada uno tenemos los nuestros personales y yo quiero enfocar mi atención recordando lo que ha funcionado y funciona en mi nueva realidad de jubilado y no en lo que no funciona tan bien. Cuando me siento bien, estoy mucho más abierto a solucionar lo que tengo que solucionar.



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