Alguien me hizo esta sugerencia y me encantó. La idea hablaba de anotar solo las sensaciones placenteras aunque nos parecieran insignificantes, las pequeñas alegrías. Algo así como: Esta mañana me ha despertado el sol en la ventana y he comprobado que esta vez la espalda me dolía menos. Me vino a la mente un ritmo que me gusta y empecé a canturrearlo y a bailarlo. El perro me ha saludado con el rabo. El dueño del bar, donde suelo desayunar hojeando el periódico, hoy se ha negado a cobrarme la ración de churros. He leído la crónica deportiva: ayer ganó mi equipo. El autobús ha llegado puntual y en la parada me ha gustado ver jóvenes dejar su asiento a personas maduras. Alguien me ha hecho un cumplido por lo bien que lo he hecho y me he sentido importante. Le he preguntado al médico por los análisis y me ha dicho que todo está bien. Al llegar a casa por la noche antes de comer he vuelto a recordar el ritmo de esta mañana y lo he bailado hasta la cocina silbándolo. He comido un plato que me gustó y más que descubramos.
El simple hecho de buscar, recordar, reconocer y escribir cada noche cosas y acciones positivas de mi propio día a día hace que me sienta bien y cuando me doy cuenta de ello me abro a repetirlo más veces en otros momentos. Voy cambiando mi punto de enfoque de mi propia vida y voy siendo más feliz cada día.
Después de un tiempo en esa libreta se va formando un tejido básico de satisfacciones, de actos felices, de sutiles placeres efímeros, que sin darnos cuenta van reflejándose en nuestra vida diaria y, de paso, resuelven la duda de si ser positivos y optimista se puede aprender. Todos podemos aprender y disfrutar aprendiendo.
Gracias por la sugerencia. Me ha ayudado.














