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Cabecera El Jubilado Feliz

Mejorar la forma como vemos a nuestros padres mayores y jubilados

No hablamos de hacer grandes cosas. Desde el primer momento,  vamos a enfocar nuestra atención en buscar pequeñas mejoras en nuestras forma de verles como personas que continúan siendo autorealizantes y en cómo podemos hacerlo en nuestras relaciones mutuas.


Queremos comprobar que, si queremos y nos motivamos a actuar en esta dirección, podemos mejorar nuestro bienestar emocional en nuestras relaciones y llegar a marcar ya una diferencia en la convivencia dentro del entorno familiar en que nos movemos. Para ello, los hijos adultos o hasta mayores, necesitamos comprender la situación presente de jubilados o hasta de ancianos de nuestros padres. Necesitamos empatizar con ellos para abrirnos a comprender su situación emocional y, si se da el caso, apoyarles con nuestro afecto y comprensión para que superen su propia reacción a su situación de persona jubilada y mayor.


Las personas solemos tener la edad que nos sentimos y la familia puede ayudar sustancialmente  a que las personas jubiladas y mayores no se sientan “viejos” o “ancianos” según los baremos usuales en nuestra sociedad. Podemos ayudarles a que se sientan una parte importante del equipo familiar aunque ya no estén trabajando. Lo importante es que nosotros mismos comprendamos la necesidad de ayudar y motivar a nuestros  padres a mantenerse activos y motivados a disfrutar de su vida. Para ello podemos transmitirles el mensaje de que tienen un sin fin de posibilidades de actuación y, lo que es importante, una cantidad de tiempo libre para hacerlo que no tenían antes.


¿QUE SIGNIFICA SER PERSONAS MAYORES?


¿Cómo definimos a la persona mayor  ¿Por el criterio de edad?, ¿por el estado de su salud, de su  memoria, por su motivación existencial? Ser mayor, en nuestra sociedad, está conectado con la persona que no produce y ello hace que se tienda a considerar como mayores a las personas jubiladas, es decir desde los 65-70 años según las profesiones. En la actualidad, sin embargo, el criterio de improductividad laboral ya no nos vale cómo definición válida de la vejez, ya que la jubilación puede ser algo puramente administrativo y tenemos jubilados hasta  de 50 años.


Cada día más, por otro lado, las personas llegan a una edad avanzada en un buen estado de salud que les permite continuar siendo activos e independientes y se puede hablar de ancianos solo en casos de personas con más de 80 años que no buscan la posibilidad de ser activos y de gozar de su propia vida posiblemente más que antes de jubilarse, si se lo proponen y piensan que pueden hacerlo.


En España y en el resto del mundo occidental, la calidad de la vida actual hace que las personas jubiladas puedan estar en muy buen estado físico, mental y psicológico y puedan aportar todavía mucho a la familia y a la sociedad. A partir de la jubilación de nuestros padres, sin embargo, las situaciones de dependencia se pueden manifestar más a menudo y esto se puede evitar sustancialmente con el apoyo de toda la familia, si nos motivamos a hacer algo al respecto y actuamos conjuntamente en este sentido.

A este fin, necesitamos deshacernos de creencias y convicciones como por ejemplo, que ser mayores:
• Aparta de muchas actividades de la vida;
• Priva de gran parte de los placeres 
• Pone a la persona más cerca de la muerte.
• Hace que se pierda o reduzca la curiosidad y el interés por cuanto nos rodea, en la familia, en la vecindad, en nuestro barrio, en nuestra región, en nuestro país, en el mundo. 
• Hace que nos desenganchemos de la vida, desvinculándonos de lo que acontece a nuestro alrededor
• Hace que  dejemos de tener ambiciones, proyectos, metas y  la existencia deja de tener sentido.
• Hace que perdamos la ilusión por cuanto nos rodea.
• Hace que dejemos de tener curiosidad y de aprender.


Dejarnos poseer por estas creencias hace que efectivamente dejemos el camino abierto a que esto ocurra en la realidad  y que permitamos o hasta facilitemos la perdida de la memoria, la rigidez mental y todo tipo de problemas psíquicos y, como consecuencia, físicos de nuestros padres mayores. Una percepción de este tipo, inconscientemente, hace que se acabe rechazando tanto el proceso de envejecimiento activo como a las personas que lo representan en lugar de buscar formas de reducir las posibilidades correspondientes cuando se vayan presentando. En otras palabras, estos estereotipos, nos llevan a considerar que las personas mayores dejan de ser capaces de ir desarrollándose después de la jubilación y de hacer lo que necesitan para sí mismas y por sí mismas evitando que se puedan transformar en un peso para los demás miembros de la familia y de la sociedad. Esto, a su vez, crea en los demás miembros de la familia una forma de victimismo que, si no se corrige enseguida, les impide gozar plenamente de sus relaciones con sus padres o con sus abuelos.


Científicamente está demostrado que las personas mayores después de la jubilación pueden seguir siendo activos, dinámicos, creativos, útiles, participativos, productivos y válidos socialmente, en su propia familia y en la comunidad donde residen.
La persona jubilada tenga la edad que tenga, si decide que así sea, y hace algo para conseguirlo, es capaz de participar activamente en la vida social y no es en ningún modo desvinculada de los intereses vitales de su entorno; el hecho de que sea jubilado del trabajo no significa que lo sea de la vida y que uno tenga que apartarse de la circulación activa de la sociedad.


Yo personalmente desde el momento en que me jubilé comprobé en mi propia realidad que la vida me fue ofreciendo un sin fin de posibilidades de actuación en los varios sectores en que estaba interesado o en que me interesaba interesarme y además, aprovechando del tiempo libre a mi disposición pude descubrir nuevos intereses y posibilidades a mi alcance de sentirme a gusto en los cuales no había pensado anteriormente. Lo mismo les pasa a muchísimas personas para las cuales la jubilación y la vejez misma pueden llegar a ser una etapa de actividades, de júbilo, de bienestar, de plenitud, de reencuentro con uno mismo, de liberación de ataduras, de promoción personal y de búsqueda de la salud integral y del sentirse bien dentro de la propia realidad. De ahí las sugerencias de que los hijos adultos de estas personas puedan ayudarles a verles desde estas perspectivas para sentirse a gusto y motivados en sus relaciones  con sus padres  mayores y que puedan verles desde la colaboración, la ayuda mutua, el apoyo  y la validación en lo que hacen y piensan.

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