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SUGERENCIAS PARA SER UN ABUELO/A FANTÁSTICO/A

Los abuelos educamos con nuestro ejemplo y es importante que nos demos cuenta de que tenemos la posibilidad de aprender a mejorar el ejemplo que les damos a nuestros nietos en nuestra vida diaria. Desde la perspectiva de ayudar a nuestros nietos, los abuelos podemos motivarnos a crecer como personas.


Los abuelos podemos crear un dialogo abierto con nuestros hijos para colaborar en la formación de nuestros nietos y podemos hacerlo evitando enfrentamientos aceptando que podemos dialogar sobre todos los puntos que pueden ser conflictivos en nuestras relaciones. Es un gran aprendizaje para la creación de una buena convivencia familiar. Los abuelos podemos promover y modelar esta perspectiva familiar.


También para la cuestión de los abuelos canguros, se puede crear un dialogo familiar para acordar tiempos y formas de hacerlos parta que cada uno se sienta reconocido y motivado. Al respecto, se pueden implicar también los co-abuelos, creando una labor de equipo muy eficaz y dinámica.


Participar en esta entrevista con Televisión Española, me llevó revivir unas reflexiones sobre los abuelos que me llamaron la atención cuando escribí mi libro “El arte de ser abuelos”.


Todos los abuelos, en principio,  somos buenos abuelos. La abuelidad es un «sitio» muy especial para poder dar amor incondicional a otra persona por el solo hecho de ser nuestro nieto.


Se necesita aceptar a los  niños así como son y aprender de ellos al mismo tiempo que se les ayuda a  comprenderse a si mismos con la búsqueda de los valores compartidos.


En la educación de los niños, los abuelos tenemos la mejor parte, la de ayudar a nuestros nietos a encontrar su propio yo, la de compartir con ellos, escucharlos  y ser para ellos modelos de personas adultas que puedan ser considerados como puntos de referencia en su formación como personas. Y todos en la familia podemos colaborar, aprender y enseñar formas más placenteras y eficaces de relacionarnos en nuestro día a día y de crecer haciéndolo.


Todos tenemos mucho  que aprender, empezando  por el amor, la comunicación,  las relaciones, el optimismo, la empatía y otras asignaturas que en muchos casos no hemos aprendido suficientemente en el pasado. Por ejemplo, con respecto al amor, no hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos como medio de poder amar a los demás. 


Las personas queremos ser amadas, pero si no averiguamos nuestra propia forma de amar y si no aprendemos nosotros mismos a amar de  forma incondicional, nos limitaremos a considerar el amor desde la perspectiva de cómo nos quieren los demás y de cómo queremos que nos amen. Esto nos limita y no nos es suficiente para ser abuelos fantásticos que es lo que queremos ser.


A este fin, los abuelos podemos hacer una labor de autoconocimiento que nos abra a superar barreras emocionales y aprender algunas dinámicas interactivas de comportamiento, lo más grato y lúdico  posible, justamente desde la perspectiva de cómo llegar a ser un  modelo y un  ejemplo de persona para nuestros nietos.


Si aprendemos y comprendemos como se forma la personalidad humana desde la infancia, nos damos cuenta y aceptamos que la comunicación para relacionarnos mejor es un elemento que necesitamos aprender para que las relaciones funcionen y podamos ser capaces de hacer una buena labor formativa como abuelos y también como personas en cualquier contexto.


Hay técnicas de comunicación, de autodisciplina, de creación de límites, de refuerzo emocional, de realce de la autoestima, de solución de problemas y conflictos desde las ganas, la escucha activa y más contextos educativos en general que son muy instructivas y al mismo tiempo placenteras para todas las partes.


Conocerlas nos permite a los abuelos decidir, sobre la marcha, la mejor forma de relacionarnos  con los niños y con nosotros mismos, con nuestra pareja y con nuestros hijos y sus parejas para que podamos llegar a ser modelos de personas felices teniendo en cuenta las perspectivas teóricas y las situaciones personales de cada familia.


Recuerdo con placer unas experiencias muy motivadoras con nuestro nieto, cuando tenía 7 años y se quedó 3 meses con nosotros. El niño aprendió de la estancia con nosotros que había otras formas más placenteras de compartir, de comer su cena, de salir a pasear, de conversar sobre temas que le interesaban, etc. Se dio cuenta de que algunas cosas, como la rutina diaria, pueden ser más agradables e interesantes si se miran desde el punto de vista del acuerdo mutuo en lugar de la obligación y de la rebelión como elementos principales de relación. Cuando llegó a nuestra casa, hablamos con él sobre cómo los tres podíamos colaborar para disfrutar al máximo su estancia con nosotros y cada uno pusimos unas reglas sobre cómo hacerlo y acordamos como y cuando llevarlo a la práctica. Fue una gran experiencia que el chico, que tiene ahora 18 años, todavía recuerda y nos agradece. Mi mujer y yo habíamos hecho los deberes y aprendido a romper esquemas y aplicar a nuestra vida familiar nuevas alternativas que funcionaron.

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