Motivarnos a hacer una reflexión sobre lo que nos interesa y podemos hacer cuando nos jubilamos es el primer objetivo de la persona que se va a jubilar y también de la que ya está jubilada. Para ello, necesitamos aceptar, en línea de principio, que queremos y podemos ser más felices y satisfechos cada día, hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy cuando dejamos de trabajar por dinero.
En cuanto personas, tenemos un gran número de posibilidades de actuar desde el objetivo de disfrutar de la vida ya en el momento presente, sea cual sea la situación en que nos encontramos.
Esto depende de la aceptación individual y social de quiénes y cómo somos en el momento presente y de la interpretación que queramos darle a la actuación voluntaria que decidamos hacer para sentirnos cómodos y a gusto en nuestro día a día.
Para conseguirlo, tenemos que abrirnos, ya desde el principio, a llevar a cabo una revisión emocional interior que nos sea asequible y, al mismo tiempo, placentera y que nos facilite formas de sentirnos bien en nuestro día a día.
El primer objetivo voluntario que sugerimos cuando nos jubilamos es proponernos evitar caer en las cuatro tentaciones de inmovilismo: físico, mental, afectivo y social, que aceleran el envejecimiento personal y lo convierten en patológico con sus posibles secuelas negativas, sus traumas sus enfermedades y sus síndromes.
Decidir motivarnos a actuar para no sentirnos mal, sin embargo, no nos sirve lo suficiente; es un acto de supervivencia y, por lo tanto, reactivo. Lo que nosotros buscamos en nuestra jubilación es ser pro-activos, es decir reinventar nuestra vida cada día.
Los mayores beneficiarios de nuestra propia actividad en este sentido somos nosotros y es importante ser conscientes de ello. El seguir activos, dinámicos, participativos, útiles a la sociedad, solidarios, integrados socialmente, con las neuronas estimuladas, es una decisión nuestra que nos permite crear una buena calidad de vida después de jubilarnos.
Para ello no nos limitamos a reaccionar frente a situaciones que no nos gustan sino que creamos situaciones nuevas en nuestra vida en que podamos convivir y disfrutar colaborando en la creación de una convivencia familiar y de amistades que nos ayudan a crear nuestra mejor realidad a nuestro alrededor.
Al igual que las demás formas de actuación voluntaria, la búsqueda del sentirse bien se centra en buscar y reconocer lo que podemos hacer para sentirnos bien en nuestro día a día y en cómo podemos ayudar a los demás de nuestro entorno a conseguirlo ellos mismos.
Mi libro “Bocaditos de sabiduría para sentirnos bien” nos puede dar unas pautas sobre lo que podemos hacer al respecto y cómo podemos aprender a ser unos modelos de personas adultas en un entorno que incluye personas abiertas a la búsqueda de sus propias soluciones y su propio bienestar dentro de unos valores humanos y sociales compartidos.
Es un círculo motivador y placentero.














