No hace falta que sean grandes cosas. Al principio, en efecto, es preferible que nos limitemos a fijarnos en pequeñas acciones puntuales que podamos llevar a cabo enseguida: algo distinto de lo que hacemos habitualmente y considerado desde la perspectiva del hoy y sólo para hoy, evitando así posibilidades de agobio y frustraciones en nuestra labor inicial de revisión emocional.
Queremos abrirnos a la convivencia y sentirnos cómodos empezando con acciones puntuales que estén a nuestro alcance sin grandes esfuerzos. Por ejemplo, podemos:
• Empezar a enfocar la atención sobre descubrir algo positivo en personas con las cuales tenemos tratos frecuentes y que posiblemente pensamos que no nos gustan o hasta nos irritan.
• Decir algún cumplido a personas a las cuales no acostumbramos a hacerlo por la razón que sea. Cada persona tiene puntos positivos si nos fijamos en ellos. Elogiar es una práctica muy eficaz para crear bienestar en nosotros mismos y en la persona objeto de la alabanza o elogio en cuestión.
Estas primeras pequeñas actuaciones nos pueden demostrar que podemos cambiar dinámicas de relación y que cambiándolas vamos modificando también las actitudes que no han resultado suficientemente satisfactorias en nuestra forma de actuar hasta ahora. Podemos darnos cuenta, en acción, de que conseguirlo está dentro de nuestras posibilidades de actuación directa e inmediata. Nos permite ir descubriendo que, desde pequeñas acciones de todos los días, se puede llegar a modificar o reemplazar hábitos que pensábamos tener asumidos desde siempre y que posiblemente pensábamos no tenían ya remedio.
Empezando con pequeños cambios de comportamiento y fijándonos en que lo nuevo que hacemos nos da satisfacción inmediata, podemos comprobar que, desde la práctica diaria, tenemos alternativas de actuación distintas y mejores.
Aplicado a la convivencia, podemos ver lo que somos capaces de hacer, para llevarnos bien mutuamente. A menudo, no hacen falta grandes esfuerzos y nos es suficiente concentrarnos en la motivación que tiene cada uno a sentirse bien en las propias relaciones.
Aplicadas al contexto relacional, estas experiencias son muy motivadoras. Haber conseguido unos primeros cambios a nivel personal y del bienestar compartido, permite una aplicación sucesiva en la vida profesional y en el propio ámbito familiar y social. Los primeros cambios tienen efectos multiplicadores sea por el resultado en si mismos que por el hecho que descubrimos que podemos realizar cambios en nuestras dinámicas que no nos gustaban.
Se van creando nuevos referentes motivadores que van impresionando nuestro propio subconsciente. La repetición sucesiva va creando poco a poco nuevas forma de reacción espontánea que remplazan las anteriores que no nos satisfacían.
Lo importante es ir adquiriendo el hábito desde la práctica. Ya desde ahora podemos empezar a practicar diariamente a enfocar nuestra atención preferente en que:
• Podemos sentirnos a gusto con nosotros mismos y con los demás, (familiares, amigos, , compañeros, y más personas de nuestro entorno).
• Nos damos el permiso de empezar ya haciendo algo concreto y práctico y que esté a nuestro alcance para conseguirlo.
Una reflexión sobre el tema en este sentido positivo, nos va a permitir decidir qué estrategias de vida y comportamientos nos son efectivamente útiles a este fin. Algo que nos abra a la convivencia y al bienestar, en lugar de enfrentarnos a nosotros mismos y a los demás. Por ejemplo podemos:
• Acostumbrarnos a expresar de forma usual cortesía, consideración e interés hacia todos, incluyéndonos a nosotros mismos.
• Mantener un buen nivel de comunicación con compañeros, familiares, amigos y más personas.
• Estar abiertos a la búsqueda de alternativas que podamos consensuar en cualquier contexto en que existan diferencias o dificultades individuales o compartidas
• Respetar el derecho de cada uno a tener pensamientos, puntos de vista y convicciones distintas de las nuestras y aceptar que podemos aprender de ellas.
• Colaborar con los demás para encontrar soluciones satisfactorias para ambos en los problemas que surjan.
• Evitar hacer comparaciones entre el comportamiento de uno o de otro. Cada uno es lo que es y lo que es depende de un conjunto de situaciones propias de su entorno, educación y en general de su historial individual.
• Evitar generalizar en las evaluaciones de situaciones y comportamientos del tipo “Siempre estás diciendo esto o aquello”.
• Dejar espacio para que cada uno tenga la libertad psicológica de ser uno mismo como persona.
• Expresar eventuales desacuerdos con el debido respeto para no dar lugar a enfrentamientos emocionales.
• Perdonar y olvidar después de un altercado o desavenencia.
• Hablar, a menudo, de autoestima para contribuir a realzarla en nosotros mismos y en los demás y demostrarlo con nuestras actitudes y comportamiento.
• Organizar contextos lúdicos y diversiones que ayuden a sentirse cómodos y unidos.
• Crear espacios en que todos puedan compartir y expresar sus puntos de vista.
• Darse el permiso de expresar sentimientos de aprecio, amor, estima, admiración, afecto, etc. hacia las demás personas sin temor al rechazo.
• Darse cuenta de lo que los demás esperan de nosotros.
• Tener objetivos concretos y claros de cómo contribuir a mejorar las relaciones en nuestro entorno profesional y familiar
• Apoyar los esfuerzos de cada uno para la consecución de sus objetivos y metas.
• Fijarnos en las facetas divertidas de las distintas situaciones en que nos encontremos Realzar nuestro sentido del humor.
• Sentirse personalmente involucrados y satisfechos en el éxito de cada uno y responsabilizarse por la parte que nos concierne.
• Leer y apreciar buenos libros.
• Escuchar una música que nos gusta
• Comprobar que tenemos una mente inquisitiva.
• Considerarnos personas competentes.
• Destinar un tiempo satisfactorio para ponernos al día, investigar y aprender.
• Participar en cursos de puesta al día o formación. La participación en cursos es siempre una ocasión importante para crecer y sentirse bien.
• Estar al corriente de nuestro estilo de aprendizaje y preferencias sensoriales y utilizarlas en nuestro propio aprendizaje y forma de relacionarnos.
• Trabajar en equipo.
• Buscar la comprensión de lo que tratamos además del aprendizaje en sí. Si no entendemos lo que nos pasa, preguntamos.
No hace falta fijarnos en todos lo puntos que hemos indicado. Escogemos unos pocos que nos motiven particularmente e iremos viendo para cada uno como podemos cambiar nuestro comportamiento correspondiente. Por cada resultado positivo, nos congratularemos con nosotros mismos y escribiremos una alabanza con palabras cariñosas. Poco a poco, veremos como vamos consiguiendo y repitiendo situaciones de éxito repetido y satisfactorio.














