Según esta teoría, el éxito en la empresa tiene que ver con hacer de la generosidad el pilar sobre el que se sustentan nuestras relaciones.
Durante generaciones, las teorías empresariales se han centrado en explicar en qué consisten y cómo operan los condicionantes individuales del éxito. Se centraban en: la pasión, el trabajo duro, el talento y la suerte. Todos los negocios se han estado organizando en función de esto. La cultura del esfuerzo y la meritocracia se han impuesto como factores claves en el triunfo, no sólo en los negocios sino, también en la vida.
Las personas que disfrutan con lo que hacen se sienten bien y quieren desempeñar su actuación de la mejor forma y esto les lleva a ser lo más eficientes posible.
Por otro lado, en las empresas, la mayor parte de las teorías del éxito giran en torno a la idea de que la mejor forma de motivar a las personas pasa por incentivar lo que hacen ya sea a través de recursos financieros (como las retribuciones variables o los bonus por productividad), el desarrollo de una carrera profesional atractiva y, quizás en menor medida, la creación de un buen clima familiar y de trabajo y la implantación de ayudas sociales y retribuciones en especie (guarderías, gimnasios y restaurantes a disposición del trabajador).
La teoría de Prof. Grant parte de una óptica distinta. En su opinión, la mejor forma de alcanzar el éxito es alcanzarlo de forma colectiva. Depende principalmente de cómo interactuemos con la gente que nos rodea. El profesor Grant cree que hay tres tipos de personas en función de la forma en que interactúan, personalmente o profesionalmente: los takers (los que toman), los matchers (que dan en función de lo que toman) y los givers (que dan).
• Los takers se esfuerzan por sacar el máximo provecho al trabajo de los demás, intentando no dar nada a cambio.
• Los matchers son aquellos que son generosos con la gente que es generosa con ellos. Negocian su implicación desde esta perspectiva.
• Los givers son las personas generosas que ayudan a los demás sin esperar nada a cambio.
Para esta teoría, ser de una u otra forma en las propias relaciones tiene un impacto decisivo sobre el éxito. Pese a lo que podría parecer a primera vista, y aunque sea cierto que algunos acaban explotados o quemados, son las personas generosas las que llegan a lo más alto. Su trayectoria profesional suele ser más lenta, pero es mucho más sólida que la de los takers, a los que, tarde o temprano, les puede su egoísmo.
Para el Prof Grant, la generosidad no es enemiga de la eficiencia, no es algo accesorio a lo que hacemos sino que es un factor motivacional esencial, que impulsa la creatividad desde el sentirse bien por el hecho de ayudar y dar.
El poder dar no corrompe, sino que amplifica las virtudes y defectos de cada persona. El poder sólo corrompe a la gente que, de antemano, tiene una moral laxa.
Por el contrario, el poder refuerza los buenos valores de la gente que previamente tiene fuertes convicciones morales. Un líder egoísta será aún más egoísta cuanto más poder tenga, pero un líder generoso usará su poder para ser aún más generoso con las demás personas. Debido a esto, el Prof Grant asegura que los grandes líderes, los que llevan a sus empresas a lo más alto, son siempre givers, nunca takers.
El punto de vista del Prof Grant me ha encantado así como su punto de vista de la importancia de ser “givers”, y ser generosos con los demás si queremos marcar una diferencia importante en nuestra propia vida de relación. Practicar la generosidad es un factor de primaria importancia no solo en la empresa sino y todavía más en la familia. Ser generosos nos hace sentir bien y nos abre un espacio muy especial desde la perspectiva de nuestra vocación de ayuda a los demás para ayudarnos a nosotros mismos.














