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Aprender a educar

Yo, en mis tiempos, no pasé esta asignatura durante mucho tiempo y mi mujer tampoco. Empezamos a preocuparnos de ella y a estudiar para pasarla  solo después de no aprobar. Entonces nos pusimos los dos a estudiar frenéticamente para recuperar el tiempo perdido. No obstante, no pudimos evitar un gran número de disgustos previos que nos hubiéramos ahorrado de haber buscado antes formas alternativas de ser unos  padres más efectivo, afectivo y conscientes.

El precio más elevado lo pagaron nuestros hijos, que tuvieron por su parte que superar muchas más dificultades en su vida de las que hubieran tenido si nosotros sus padres hubiéramos  estudiado antes cómo ser mejores padres. Ahora, como abuelos, es cuando podemos darnos cuenta de que lo que no hemos hecho suficientemente bien en nuestra tarea de ser buenos padres, lo podemos estudiar y aplicar ahora desde la perspectiva de la abuelidad.

Todos los abuelos, en principio, somos buenos abuelos. La abuelidad es un «sitio» muy especial para poder dar amor incondicional a otra persona por el hecho de ser nuestro nieto y cuando hay amor, y más todavía si es amor consciente, hay resultados. Por lo tanto, para ser abuelos, en principio, no hacen falta libros o conocimientos especiales. La mayoría tenemos nuestras experiencias y simplemente actuamos por instinto para hacerlo de forma satisfactoria.

Sin embargo, si queremos poder marcar una diferencia especial e  importante en el desarrollo como personas de nuestros nietos es interesante que podamos adquirir unos conocimientos sobre el arte de relacionarse y comunicarse con los niños que posiblemente no aprendimos en su tiempo.

Como abuelos, nosotros tenemos la mejor parte de la educación de nuestros nietos; la de ayudarles a encontrar su propio yo, compartir con ellos, escucharles y ser para ellos unos modelos de personas adultas que puedan tomar como puntos de referencia. La responsabilidad de la educación, incluida la disciplinaria, la tienen nuestros hijos. Nosotros, sin embargo, tenemos la posibilidad de  hacerles ver con nuestro ejemplo la importancia de vivir y actuar en el presente para sentirse bien consigo mismos y con los demás y de aplicarlo en nuestras relaciones con ellos y con nosotros mismos desde el aquí y ahora. Esto de por sí es parte de la asignatura de ser abuelos.

A este fin, nos puede ayudar mucho que nos enteremos de algunas de las formulas alternativas de educar que se conocen actualmente. Hay técnicas de comunicación, de autodisciplina, de creación de límites, de refuerzo emocional, de realce de la autoestima, de solución de problemas y conflictos desde el gano/ganas, de escucha activa y más contextos formativos y educativos. Conocerlos nos permite decidir, sobre la marcha, cuál es la mejor forma de comunicarnos y relacionarnos satisfactoriamente con los niños para que puedan llegar a ser personas eficaces y felices teniendo en cuenta las situaciones personales de cada familia.

Como indiqué, mi mujer y yo habíamos tardado mucho tiempo en empezar a enterarnos de cómo ser padres. Ya abuelos, pudimos aprovechar lo aprendido y tuvimos más tarde la ocasión de aplicar, sobre la marcha, los conocimientos adquiridos en su tiempo. Lo pudimos poner en práctica con nuestro nieto de siete años cuando vino a estar con nosotros un verano durante tres meses sin la presencia de sus padres. Nuestro hijo nos había avisado de que el niño era muy difícil y que debíamos esperar oposición y rabietas frecuentes cuando no hiciéramos lo que él quería.
 
Nuestra presencia, nuestro cariño y la forma como nos comunicamos y nos relacionamos con él ya desde el principio, sin embargo, le sirvió, para agrandar su horizonte, enseñándole que existen otras personas además de los padres y profesores que le querían y apreciaban y, sobre todo, que lo hacían con mucho respeto y apreciación para él. Comprobó en acción que existen perspectivas más agradables y motivadoras de afectividad, disciplina, diversión y conocimientos que le podían ayudar a sentirse a gusto consigo mismo ayudándole a definir más eficazmente, su comportamiento y sus relaciones.

El niño aprendió que había formas más placenteras de compartir, de comer su cena, de salir a pasear, de conversar sobre temas que le interesaban, de compartir sobre sí mismo y sus deseos, etc. Se dio cuenta de que algunas cosas, como la rutina diaria, pueden ser más agradables e interesantes si se miran desde el punto de vista del acuerdo y la diversión compartidos y mutuos en lugar de la obligación como elemento principal de relación.

Hablamos y le dejamos hablar sobre sí mismo, sobre nosotros y sobre los demás. Aceptó los límites que le pusimos y, en realidad, participó él mismo en la definición de estos límites y de las consecuencias de no respetarlos. En efecto, pasamos un tiempo juntos para redactar una relación de normas para la convivencia que debía valer para todos, él y nosotros. Pusimos esta relación en la puerta del frigorífico como puntos de referencia para todos.

Aprendió desde la actuación práctica que él podía ser la causa de su vida, y no solo el efecto de las circunstancias y de los demás. Mi mujer y yo estábamos muy excitados, motivados y también algo preocupados por la visita de nuestro único nieto y quisimos hacerlo de la mejor forma. Habíamos hecho bien los deberes, habíamos estudiado el tema y, además, lo habíamos discutido de antemano entre nosotros y con expertos.

Evidentemente, no fue fácil ya que tuvimos nuestras dificultades de convivencia a veces muy duras pero las superamos y conseguimos crear el dialogo y la colaboración necesarios entre todos durante los meses que estuvo con nosotros. A raíz de esta experiencia, la autoestima del niño se afirmó en su forma de verse a sí mismo, a nosotros y otras personas adultas como personas. Uno de los resultados que nos encantó fue que a su vuelta a Estados Unidos y a la casa de sus padres, les dejó sorprendidos por la rápida maduración que había alcanzado en tan poco tiempo. También sus profesores en el colegio lo notaron, hasta el punto de pasarle a un nivel superior.

Nosotros también aprendimos muchísimo de esta experiencia y de esta convivencia no solo en nuestras relaciones con nuestro nieto sino que pudimos aprovechar esta experiencia para revisar y modificar muchos de nuestros propios hábitos, llegando a mejorar nuestras relaciones mutuas y nuestra forma de comunicarnos en nuestro día a día.

A partir de este primer verano, nos motivamos a repetir la experiencia durante dos veranos más en nuestra casa y sucesivamente fuimos a visitarles en casa de nuestro hijo otros dos veranos hasta ahora. Nuestras relaciones con nuestro nieto han ido manteniéndose y  las relaciones con el resto de la familia se han ido trasformando a su vez, con la búsqueda entre todos de  soluciones conscientes y compartidas de muchos de los problemas que nos habían impedido convivir adecuadamente durante un montón de años.

Aunque no nos resulte nada fácil, nos sirve darnos cuenta de que nosotros estamos creciendo poco a poco en el aprendizaje continuo de la asignatura emocional y práctica de cómo ser los abuelos que queremos ser. Creemos que es una gran forma de ir aprendiendo desde la práctica diaria y de disfrutar haciéndolo.

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