;
LinkedIn YouTube
Cabecera El Jubilado Feliz

Todos vamos a morir, así que vivamos nuestra vida lo mejor posible

Como en todas las cosas, la actitud es una parte importante de lo que hacemos o decimos. Si hablo de la muerte pensando que me va a hacer sentir mal, lo haré de forma que en efecto me sienta mal. Si lo hacemos con actitud positiva de aclarar el concepto y encontrar formulas para sentirla, considerarla y aceptarla como enseñanza de vida, va a ser una aclaración y una enseñanza para la vida.

Montaigne dijo muy acertadamente:
 
Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte – a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos -  les sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación! (…)
Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a lo común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; tengámosla presente en nuestros pensamientos. No sabemos dónde nos espera la muerte; así pues, esperémosla en todas partes.
Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo del miedo a la muerte.


El concepto básico que sale a relucir en varias reflexiones respecto a la muerte, es que para aprender a morir, tenemos que aprender a vivir. Por otro lado, el concepto de que la muerte es inevitable nos ayuda a aprender a vivir de la mejor forma en el aquí y ahora. Nos motiva a quitarles importancia a las cosas de todos los días, a las preocupaciones, a las expectativas, a las necesidades y a los apegos de cualquier tipo que nos hacen a menudo difícil disfrutar nuestro momento presente. Si aceptamos la muerte, todo se pone en un plan mucho más relajado con respecto a nuestra propia vida, pertenencias, logros, búsquedas ya que todo tiene una existencia limitada por la presencia al acecho de la muerte es decir del fin de lo que es la vida para nosotros.

En una palabra, si deseamos dejar de una vez por todas que la vida nos viva a nosotros y en cambio vivir nosotros la vida, debemos empezar por aceptar la muerte como una gran maestra que continuamente nos susurra al oído: “Carpe diem”, es decir, vive la vida en el aquí y ahora, sin dejar situaciones inconclusas, pues no sabemos que llegará primero, si la muerte o el próximo día.

Frente a la posibilidad de la muerte en cualquier momento, podemos darnos cuenta de que en realidad nadie sabe quién es en realidad. Actuamos como si lo supiéramos y nos tomamos muy en serio lo que pensamos al respecto. Pero si profundizamos veremos que en realidad lo único que conocemos es el momento presente y lo único de podemos disfrutar de veras continúa siendo el momento presente. Lo pasado ha pasado y desde nuestra perspectiva actual lo vemos muy distinto de cómo lo vimos cuando lo vivimos. El futuro, a su vez, tiene la forma de unas expectativas o de unos miedos en base a los cuales diseñamos nuestra actividad presente y futura sin saber el tiempo que tenemos para disfrutarlo o sufrirlo, según se nos de.

Esto significa que hemos de vivir en el aquí y ahora, en el momento presente pues el pasado ha dejado de existir como tal y ahora es parte del presente en el recuerdo, y el futuro es algo incierto aunque fecundo y lleno de posibilidades, pero cuya plenitud depende del momento actual; el futuro nace junto con el momento presente y muere con él ya que varía en continuación.

Así en la medida en que seamos conscientes del continuo fluir y de la temporaneidad de la existencia en una espiral mutacional dinámica y permanente, aprendemos que el apego y la posesividad de personas, ideas y/o cosas es algo falso y que no nos sirve y hace daño. Por consiguiente, al aceptar la no permanencia, disminuye nuestro apego y el consiguiente dolor por las eventuales pérdidas, reales o no y ganamos en compasión, alegría, amor, bondad y sabiduría al confiar plenamente en nosotros mismos. En  definitiva esto implica un pararnos sobre nuestros propios pies, siendo responsables de y por nosotros mismos.

En conclusión y coincidiendo con Christine  Longaker, afirmamos que las cuatro tareas básicas para experimentar con plenitud la vida y la muerte son:

1) darnos cuenta de que aunque el sufrimiento existe, se puede transformar en una experiencia de plenitud.

2) mantener una comunicación con nosotros mismos y con los demás, donde nos expresemos con todo nuestro ser y fundamentalmente con nuestro corazón, lo más compasivos y libres de apego que podamos;

3) prepararnos espiritualmente para la muerte, lo que implica el ser capaces de vivir en el momento presente, sin dejar situaciones inconclusas que sólo han de constituir un lastre que incrementará nuestro dolor y sufrimiento y el de quienes nos rodean;

4) encontrar significado a nuestra existencia, sintiéndonos seres plenos a pesar de nuestras imperfecciones, aceptando nuestros errores y expiando los que podamos haber cometido.

Este blog ha sido un preámbulo al tema de la muerte. Deliberadamente no hemos casi tocado la parte del dolor que está conectada con la idea de la muerte. En este primer blog he querido crear una reflexión inicial para motivarnos a empezar a hablar del tema desde una perspectiva más positiva  de la que muchos tenemos sobre lo que es y lo que significa la muerte.

Más adelante volveremos sobre el tema y tocaremos puntos importantes como el duelo para la propia muerte y para la de los demás y veremos lo que los expertos sugieren hay que hacer al respecto para ser de ayuda a seres queridos y a nosotros mismos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>