Se habla de nuestra capacidad de crear nuestra realidad y de nuestra disposición natural para buscar alternativas que modifiquen las situaciones que no nos satisfacen. Reconocerlo y aplicarlo nos permite proyectarlo a los demás, que actuarán en consecuencia en sus relaciones consigo mismos y de paso nosotros.
Todas las personas proyectamos nuestra personalidad en nuestro entorno, y es importante que nos demos cuenta de la diferencia que nuestro comportamiento, forma de comunicarnos y relacionarnos marcan una diferencia en un sentido u otro desde esta perspectiva.
Esta proyección es mucho mayor cuando actuamos como. abuelos con visión de ser unos modelos positivos y motivadores para nuestros nietos y, al mismo tiempo, como nuevos puntos de referencia para nuestros hijos.
Desde el descubrimiento y la toma de conciencia de que detrás del ego está el yo o el ser humano auto-realizante o en aprendizaje y crecimiento continuos, yo llegué a descubrir con satisfacción y a aceptar que, si lo quería y actuaba para conseguirlo, podía modificar mis comportamientos, actitudes y puntos de vista sobre mí mismo, mi familia, mis amigos, mis compañeros y demás personas. Empecé a reconocer desde mi experiencia y la experiencia de los demás qué era lo que no me satisfacía para modificarlo buscando alternativas que me gustaran más.
Por otro lado, llegué a la conclusión de que, si yo tenía alternativas en este sentido, también las tenían los demás con su propia realidad. Esto me ayudó a ser mucho más tolerante con mi percepción de mis relaciones. Me motivó a ir buscando cualidades y puntos fuertes, no solo en mí mismo sino en las personas de mi entorno a las cuales no había prestado una atención preferente hasta entonces.
En mis libros que cité más arriba, a raíz de los resultados que yo mismo había conseguido, quise motivar y facilitar en primer lugar una reflexión de los educadores, padres y profesores para que los lectores aceptaran hacer una diferenciación entre su ego y su yo, que pudieran transmitir a sus hijos y alumnos y otras personas de su entorno.
Estaba convencido y continuo estándolo que si los educadores percibimos nuestra labor formativa desde esta perspectiva, podemos marcar una diferencia importante en nuestra labor como formadores de personas. Este mismo concepto lo estoy aplicando a mi mismo como abuelo y lo trato en el libro de próxima publicación Abuelo contento, abuelo fantastico.
Cuando trabajamos para elevar nuestra autoestima como abuelos, hacemos una labor paralela con nuestros hijos y nuestros nietos y facilitamos una buena convivencia y bienestar para todos y preparamos el terreno para crear unas relaciones mutuas que nos ayuden a tener unos elementos de referencia muy importantes para llegar a ser seres humanos auto-realizantes y eficaces en nuestras propias actividades y relaciones.














