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ABUELIDAD CONSCIENTE

“Nuestra personalidad, la nuestra y la de nuestros nietos, es la que es; podemos tener o no tener sentido del humor, podemos ser por temperamento más o menos cálidos o fríos y tener más características y actitudes. La personalidad no podemos cambiarla tan fácilmente, pero sí podemos controlar lo que hacemos. Podemos no ser muy buenos en contar chistes pero podemos aprender a reírnos y abrirnos a hacerlo más a menudo porque es bueno para nosotros y para nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás; podemos tener la tendencia a mantener una cierta distancia afectiva, pero podemos aprender a ser respetuosos y atentos con todos, incluso con los que nos molestan. Lo qué hacemos lo controlamos mejor que el cómo somos”.


Sin esta perspectiva y aceptación, nos va a ser muy difícil llegar a auto-superarnos nosotros mismos y progresar hacia la consecución de los potenciales, oportunidades y posibilidades existentes y al alcance de cada uno, abuelos y nietos (educadores y educandos).


La relación abuelos/nietos debe y puede ser una relación de afecto, aceptación, colaboración y apoyo mutuo para el bienestar y el desarrollo continuo de cada uno. Necesita estar basada en el respeto, la dignidad, la integridad, la capacidad, la apertura, el amor y la compasión mutua . Se trata de una relación colateral aunque en un contexto distinto de la relación ideal padres/hijos.
Con este tipo de relación, las dinámicas relacionales entran dentro de lo espiritual, de la búsqueda de la unidad dentro de la familia, de la independencia y de la autosuperación de todos al conseguir la superación de cada uno.


El darse cuenta de la conexión de cada uno con cada uno, en cuanto parte de un todo, es  una dimensión espiritual de las relaciones familiares. Puede llegar a ser la base de un nuevo tipo de familia . El abuelo, desde su posibilidad y apertura a  crear  un sistema de convivencia y de equipo en el contexto familiar puede llegar a cambiar, desde esta perspectiva,  las mismas bases del sistema en que nos movemos.

Demasiados abuelos, al igual que los padres de los niños, consideran todavía su actuación en la familia como una actividad de carácter mecanicista. Haciéndolo aceptan y practican métodos, forma de comunicarse y relaciones en que los niños son manipulados para que hagan lo que se les pide y se comporten y aprendan en conformidad. No se tienen en la debida consideración su personalidad y sus potenciales como personas únicas y diferentes.

No se preocupan sobre qué es lo que puede motivarles a acercarse al aprendizaje por su propio interés, decisión y motivación desde el espacio en que se encuentra cada uno.

Desde el respeto y la confianza mutuos, se consigue de forma mucho más eficaz, que los niños aprendan a automotivarse, a autoevaluarse y a descubrir su efectivo interés en el aprendizaje a ser las personas que queremos que sean.

No es algo que se les pueda imponer desde fuera para moldearles y si lo hacemos no les motivaremos para que lo practiquen, después, en su propia vida. Es harto conocido el hecho de que un fuerte porcentaje de lo que aprendemos se queda estancado en nuestra memoria profunda sin que se vuelva a recordar y por lo tanto a utilizar. Esto se debe en gran parte al hecho de que lo hemos aprendido por obligación, y no por motivación y satisfacción y decisión propia.”

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