Conocernos a nosotros mismos sin embargo es un elemento básico de la labor para elevar la propia autoestima. Necesitamos ser conscientes de cómo y quiénes somos, como nos relacionamos, nos comunicamos y como respondemos a los estímulos corrientes y excepcionales y en general como nos movemos en los distintos contextos de nuestra vida.
Cuando decidimos que nos interesa conocernos más a fondo para poder escoger, con conocimiento de causa, varias facetas de nosotros mismos y de nuestra forma de actuar y sentir en distintos contextos.
Las preguntas que puedes hacerte cuando decides hacer una labor personal de autoconocimiento, pueden ser:
• ¿Conoces tus fortalezas , tus debilidades y tus necesidades?
• ¿Estas dispuesto a aceptar retos y desafíos en tu realidad diaria si los beneficios te motivan?
• ¿Qué haces para motivarte a actuar con determinación para lograr tus metas?
• ¿Te interesa buscar o crear nuevos escenarios en los que vivir tu realidad?
• ¿Disfrutas tomando decisiones y emprendiendo acciones?
• ¿Te gusta asumir riesgos?
• ¿Te anticipas a las situaciones?
• ¿Tienes una actitud positiva frente al cambio?
• ¿Te fijas objetivos positivos, realistas y desafiantes?
• ¿Crees que los errores son una ocasión para el aprendizaje y el cambio?
• ¿Buscas formas de superar los obstáculos que se interponen en la consecución de tus objetivos?
• ¿Eres capaz de cambiar tus planes si algo no sale de acuerdo con lo proyectado o descubres otra forma de hacer las cosas?
• ¿Buscas siempre, cuando puedes nuevas opciones y alternativas para resolver los problemas?
• ¿En momentos de crisis eres capaz de actuar rápida y decididamente?
Llevar a cabo un programa de revisión de nuestra forma de actuar y pensar en nuestro día a día nos permite decidir lo que queremos modificar de lo que hacemos habitualmente cuando nos damos cuenta que no nos satisface suficientemente. Nos motivamos a escoger lo mejor para nosotros
Nos damos cuenta de las consecuencias de nuestra forma de actuar y ser en situaciones de nuestro día a día y nos abrimos a revisar los objetivos, la acción y los resultados que nos proponemos para nuestra vida de relación personal y profesional.
Aceptamos que está en nuestras manos tomar la decisión de trabajar el tema de nuestras relaciones con nosotros mismos primero y a continuación con los demás.
Las personas estamos sujetas a un proceso de transformación y cambio constante. Está en nuestras manos aprender a pensar y a hacer las cosas de forma diferente cuando la situación lo requiera.
El filósofo griego Heráclito de Éfeso, ya hace más de dos mil quinientos años, aseguraba que la única cosa cierta en el mundo es que todo cambia. En efecto, si nos fijamos, podemos ver cómo de cualquier cosa que nos pase aprendemos algo, y este algo nos completa hasta el próximo cambio. Esto quiere decir que, si nosotros decidimos dirigir los cambios que queremos realizar en una u otra dirección, estamos generando un cambio general en nuestra realidad. Además podemos revisar cambios anteriores en virtud de las experiencias que vayamos llevando a cabo.














