El primer requisito para conseguir solucionar conflicto familiares sin consecuencias negativas para todos es dejar de un lado nuestro orgullo y deseo de tener razón y pensar que nuestra meta más importante es restaurar la armonia familiar.
Con este fin, buscamos:
• Darse cuenta de que muchos de los conflictos familiares no los causa un desacuerdo auténtico, sino un malentendido.
• Restablecer la dignidad y la autoestima de los miembros de la familia que hayan quedado humillados durante el desacuerdo o que podrían quedar mal durante la resolucion de la disputa.
• Aplaudir a los miembros dispuestos a abandonar sus posturas iniciales.
• Ofrecer alguna concesión para superar la intransigencia.
• Cumplir con algunas de las solicitudes y hacer algún gesto de buena voluntad.
• Dar la bienvenida a las actuaciones y concesiones recíprocas.
• Admitir cuando nos equivocamos acerca de algo. Es probable que esta actitud anime a la otra persona a hacer lo mismo. Si es así, ambos estaremos ya en camino hacia la reconciliación.
• Convocar una reunión en la que se le pide a cada uno que represente el papel del otro, haciendo su mejor esfuerzo para articular la posición que ha asumido la otra persona.
• Escuchar cómo se aclaran los fallos de comunicación anteriores.
• Atenerse a los hechos, cuando confrontemos a un miembro de la familia
• No nos dejemos atrapar por el intercambio de acusaciones.
• Concentrarse en arreglar el presente aunque con vista al futuro de la relación y no dar la culpa a acciones o eventos del pasado.
• Esforzarse en responder a la siguiente pregunta:
¿Qué puedo hacer para que nuestra relación llegue a ser como la deseamos? Proponer que también los demás se hagan la misma pregunta para contestarla y hablarla en grupo. De las respuestas a esta pregunta pueden salir unas conclusiones muy motivadoras para la mejora de las relaciones mutuas.
Todos nosotros tenemos nuestras experiencias personales sobre cómo facilitar la solución de nuestros conflictos familiares y que nos han dado buenos resultados. Si alguien se motiva, podría ayudarnos a reflexionar sobre el tema y, si tiene algunas sugerencias experienciales positivas, podría interesarle compartirlas con nosotros. Todos podemos aprender de todos y compartir es un placer cuando pensamos que podemos ayudar.














