El optimista descubre una oportunidad en cada desastre. Para el pesimista, en cambio, toda oportunidad es un potencial desastre (Winston Churchill)
Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles arbustos y flores se estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podías ser tan alto como el pino. Volviéndose al pino, lo halló caído porqué no podía dar uvas como la vid. La vid se moría porqué no podía florecer como la rosa. La rosa lloraba por no ser tan fuerte y sólida como el roble.
Entonces encontró una planta, un clavel, floreciendo y más fresco que nunca. El rey le preguntó ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? La flor contestó: Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías claveles. Si hubieras querido un roble lo habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser clavel de la mejor manera que pueda y heme aquí el más hermoso y bello clavel de tu jardín.
A veces nos pasa a nosotros lo mismo. Vivimos marchitando en nuestras propias insatisfacciones, en nuestras absurdas comparaciones con los demás. Si yo fuera, si yo tuviera, si mi vida fuera…..Siempre conjugando un futuro incierto, en vez del presente concreto, empecinados en no querer ver que la felicidad es un estado subjetivo y voluntario.
Podemos elegir hoy, sentirnos felices con lo que somos, con lo que tenemos o vivir amargados por lo que no tenemos o no podemos ser.
Podemos hablar de cosas alegres. En el mundo ya hay bastante sufrimiento sin que le agreguemos nuestros lamentos o recriminaciones.
Hasta el peor de los casos tiene puntos a favor: podemos buscarlos y mencionarlos en nuestras conversaciones y en nuestros pensamientos mismos. Así daremos descanso a los oídos de quienes están hartos de tanto gemido.
El mundo estará mucho mejor si lo vemos en positivo y con buen humor. El buen humor es el aceite que lubrica los ejes sobre los que gira el mundo.
Nada hay tan contagioso como el optimismo. Vivir con alguien optimista es encontrar la clave de cómo motivarnos a aprender a ser más felices.
El llanto de los otros suele hacernos llorar; pero la risa de los otros invariablemente nos hace reir .
Cuantas veces nos sentimos fastidiados y descontentos porque no se nos otorga el ansiado reconocimiento.
Pensamos que han sido injustos con nuestras dotes y prestancia. Nos lamentamos de las perdidas y olvidamos nuestras ganancias.
Fijarnos en lo que nos falta es lo que nos hace desgraciados. Nos quejamos de lo que consideramos como algo negativo de acuerdo con nuestras expectativas interesadas.
El corazón se nos hincha de envidia y albergamos resentimientos de no tener lo que tienen otros.
Desvalorando nuestras calidades y virtudes empeoramos nuestra condición y nos hacemos miserables.














