Una vez hayamos aceptado que no somos perfectos, podemos dar un paso más adelante y reconocer que, si queremos, podemos mejorar lo que no nos gusta de nosotros mismos. Por el hecho de ser humanos, tenemos unas posibilidades de desarrollo personal y unas responsabilidades conscientes que no tienen los demás seres vivos no obstante las similitudes desde muchos otros puntos de vista.
A lo largo de nuestra educación se nos ha hablado y hemos leído referencias en varias partes (el libro del Génesis, por ejemplo) de que estamos hechos a semejanza de Dios. ¿Qué significa esta frase?, ¿cómo se puede interpretar esta definición del ser humano desde la perspectiva de nuestra forma de ser y de relacionarnos?, ¿cuáles son las características básicas que podemos reconocer en nosotros y que nos llevan a pensar que esto sea verdad? Reflexionar sobre este concepto nos puede ayudar a reconocer las cualidades y posibilidades que tenemos nosotros mismos justamente por ser personas y ver la forma como podemos aplicarlas a nuestras relaciones en nuestro día a día.
Hace unos cuantos años, dando un cursillo a chicos y chicas en recuperación después de ser drogadictos, me di cuenta de que les costaba más que a otros grupos, reconocerse a si mismos cualidades y posibilidades como personas y les pedí que se pusieran en parejas e indicaran las cualidades que reconocían al Ser Superior o Dios según lo interpretaban. Entre todos indicaron en primer lugar la creatividad y el amor incondicional como las más importantes. Salieron a relucir también:
• la generosidad,
• la compasión,
• la capacidad de perdón,
• la comprensión,
• la razón,
• la paciencia,
y otras más.
A continuación, estuvimos examinando si se podían reconocer estas cualidades también en si mismos y en las personas de su entorno. Fue una dinamica muy movida y motivadora y, al final la mayoría acabaron aceptando que, en efecto, ellos mismos podían ser creadores o cocreadores de una nueva serie de posibilidades para si y para su propia capacidad de relacionarse. Muchos consiguieron reconocer y aceptar en si mismos también las otras características que habían indicado como cualidades de Dios. Hablamos de cómo cada uno podíamos aplicarlas a nuestra vida de todos los días como medio para sentirnos mejor.Sacaron a relucir también las caracteristicas de si mismos que no les gustaban para examinar la posibilidad de modificarlas en lugar de desmotivarse por ellas. Decidieron reconocerlas como medio para ver como podían realizar en sus vidas los cambios correspondientes.
Era un tema que había tratado a fondo junto a un colega en mi epoca de universitario. Recuerdo que estuvimos profundizando, buscando informaciones, haciendo entrevistas a expertos, leyendo textos, etc. y ambos descubrimos que estar hechos a semejanza de Dios se refiere al yo o ser superior de la persona que es parte de nuestra esencia y no a las varias características y condicionamientos del ego individual, fruto de la educación recibida, de las experiencias vividas y de la personalidad imperfecta que nos hemos formado a partir de nuestra infancia.
Alguien sugirió que hablemos de ”co-crear” más que de crear. Las personas co-creamos con la ayuda de Dios nuestra propia realidad. El matiz no resta significado al hecho de que utilizamos nuestra capacidad creativa y de que somos responsables de cómo creamos nuestra realidad y de la forma como la percibimos.
Todos podemos crear para nosotros perspectivas y contextos que nos permitan sentirnos bien, crecer y aprender. Todos podemos comprobar en nosotros mismos y en los demás nuestra capacidad de crear situaciones en nuestra realidad que nos gustan más que otras y que nos ayudan a mejorar lo que nos reconocemos. Darnos el permiso de ser creativos en este sentido depende de nosotros, si reconocemos que podemos.
También motivador es el tema del amor. Dios se entiende también como amor infinito e incondicional, y no hay duda de que los seres humanos somos capaces de amar, y de hacerlo de forma incondicional cuando nos damos permiso para ello y surge la ocasión. Hay pruebas continuas dentro y fuera de nosotros. La gente quiere porque quiere querer, porque está programada para hacerlo y porque se siente bien haciéndolo.
Esta experiencia investigativa con mi colega universitario me ayudó mucho para motivarme en la búsqueda de formas de ser más positivo en mi vida.














