La convivencia desde la perspectiva de que yo soy mejor que tú o de que soy peor que tú ha sido y es uno de los peores enemigos de la convivencia, tolerancia, aprecio mutuo, justicia social, de género y de edad y personas perfectamente validas como personas se han visto excluidos de beneficios personales y sociales por tener etiquetamientos de carácter negativo de una forma u otra forma.
Muchos piensan que esta es la realidad social en que vivimos los seres humanos y que no le podemos hacer nada al respecto. Sin embargo, unos pioneros de reivindicaciones sociales, como las de género, de color, de raza, de estatus social, etc. han conseguido resultados importantes cuando alguien se ha dedicado al cambio de los etiquetamientos que causaban la percepción y el trato que se querían cambiar en el entorno en que se movían.
Lo mismo podemos hacer con el etiquetamiento de los mayores. Los mayores solían ser respetados en su casa y su entorno en función de su capacidad de aportar su experiencia, sabiduría y capacidad de ser imparciales en su afecto y aprecio. Esto ha cambiado en los últimos años y hay factores económicos, de tiempo disponible y de recursos que dificultan la toma de medidas que se podrían y deberían tomar para corregir esta nueva lacra de etiquetamiento negativo y limitativo de los mayores. Nosotros queremos promover un levantamiento social que corrija esta situación y ponga las cosas en su sitio hoy para nosotros y en su tiempo para las futuras generaciones. Los jóvenes de hoy serán los mayores de mañana pero no se paran en pensarlo.
Haber superado los 65 años no es ninguna enfermedad. Es una señal de experiencia y conocimientos que la sociedad no puede y no debe despilfarrar y nosotros, los mayores, necesitamos crear las bases para promover este cambio de imagen.
Nuestros votos, que son muchos millones y que tienen un peso importantísimo deberían ir en esta dirección. Se los damos a los que nos respetan y promueven nuestra igualdad social también desde la perspectiva de la edad. No votamos a los que nos consideran como inútiles o hasta como un peso o un estorbo aunque sea con la cobertura del amor. Un partido político de la tercera edad puede ser la respuesta a esta perspectiva.
Otro tema que me motiva preferentemente con respecto a la implicación directa de las personas más mayores en la búsqueda de sus propias soluciones es el de la dependencia y pienso tratarlo en mi próximo blog.














