No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti es una sugerencia de muy eficaz y sencilla decisión y actuación para utilizar en nuestro día a día en nuestras relaciones con las personas de nuestro entorno. Podemos aplicarla con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestros colegas, nuestros dependientes y nuestros superiores, etc.
Por ejemplo: Si yo no quiero que se me insulte ¿porqué voy a insultar a los demás? Cuando alguien me insulta me enojo, me siento mal, resentido y agredido. Quiero vengarme e insulto a mi vez y esto crea insultos u otras agresiones de la otra parte. Ser consciente de ello me ayuda a no hacerlo.
Si antes de insultar me pregunto ¿te gustaría que te dijeran lo que tu quieres decirle a esta persona? La respuesta va a ser que no me gustaría. A lo mejor añadimos, pero él se lo merece.
A este punto, si ya hemos reflexionado sobre este tema, cuando nos hacemos esta observación, de alguna forma ya nos hemos calmado y ya seríamos más conscientes de que hay formas más eficaces de comunicar con la otra persona. Ya seriamos capaces de reflexionar sobre las consecuencias de nuestra acción y, en este caso, podríamos pensar en algo distinto que podemos hacer como, por ejemplo, pedir a la otra parte explicaciones sobre su comportamiento y examinar con ella que es lo podríamos hacer los dos para evitar situaciones que causen enfrentamientos.
Esta regla de oro es muy importante en cualquier caso, pero lo es especialmente cuando se refiere a nuestras actuaciones con respecto a los niños, nuestros hijos o nietos. Cuando estamos disgustados por algo que hacen o han hecho, podemos gritarles, ordenarles que dejen de hacer lo que hacen, decirles que son unos inútiles, dejarles sin televisión o sin bici o enviarles a su habitación, etc. O podemos examinar con ellos sobre consecuencias y resultados de su comportamiento y motivarles a modificarlo por su decisión propia. El dialogo es la mejor forma de disciplina si lo utilizamos de la forma adecuada.
Preguntémonos ¿que haríamos si nuestro jefe en la oficina nos acusara malamente de algo que ni siquiera pensamos haber hecho mal o que pensamos no es importante? Muy posiblemente estaríamos resentidos y con un malestar que puede reducir nuestra eficacia y productividad; nuestras relaciones con él no funcionarían y entraríamos en una espiral de resentimiento que lo único que consigue es insatisfacción y perdida de motivación a hacer las cosas mejor. Con los niños, pasa algo parecido y es importante que nos demos cuenta de ello para modificar nuestra forma de educar y conseguir sentirnos bien haciéndolo y ayudando a los niños a sentirse bien también. Salvar la dignidad de la persona es un factor básico en las relaciones.
Esta regla de oro vale en un sin fin de situaciones diarias y nosotros podemos empezar a actuarla ya desde hoy. Si no estamos acostumbrados todavía, poco a poco, con la práctica consciente podemos evitarnos a nosotros mismos y a los demás un sin fin de problemas y dificultades innecesarias y contraproducentes para nuestro bienestar, nuestra relaciones, nuestro éxito y nuestra felicidad. Es cuestión de hacernos la pregunta, contestarnos honestamente y actuar en conformidad.
Reflexionémoslo y empecemos a ponerlo en práctica en la situación que sea.
La regla de oro es “NO HACER A LOS DEMÁS LO QUE NO NOS GUSTARÍA NOS HICIERAN A NOSOTROS.”.














