Las personas somos y pensamos en gran parte tal y cómo nos han condicionado desde pequeños. Una vez conformado nuestro sistema de creencias y, desde ahí, nuestro concepto de identidad, empezamos a pensar y a percibir la realidad de forma estandarizada y subjetiva, a menudo sin fijarnos y, por lo tanto, limitando las infinitas posibilidades que cada instante nos ofrece de aprender y cambiar para mejorar. Independientemente de lo que nos suceda, si experimentamos malestar por algo, nuestra interpretación de un hecho o de una situación es en sí negativa y limitada y, por tanto insuficiente o hasta equivocada. La negatividad es un síntoma de falta de imaginación y creatividad. No nos sirve si queremos originar cambios interesantes en nuestra vida.
Todo es una cuestión de percepción… Si cambia nuestra percepción por medio del pensamiento, cambia nuestra visión de la realidad. Y, como consecuencia, también cambian nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno del que todos formamos parte.
Así, para motivarnos a cambiar nuestra conducta necesitamos primero cambiar nuestra manera de pensar y nuestras creencias. Aunque muchos nos sigamos aferrando a nuestra zona de comodidad, donde se encuentran nuestros viejos hábitos y creencias, actualmente algo se está moviendo y promoviendo lentamente en nuestra sociedad. Se va viendo la posibilidad de unos cambios en positivo de paradigmas básicos de la percepción de quienes somos las personas y de lo que podemos hacer para conseguir los cambios de perspectiva que nos interesan en nuestra vida de relación, afectiva y de comunicación.
El gran reto que exige el mundo es justamente que la humanidad cambie de paradigmas, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el presente y el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. Nos estamos dando cuenta de que no podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo basados en el miedo, la negatividad y la lucha por la supervivencia… Es hora de dejar de funcionar desde el ego y abrirnos a pensar en términos de ”nosotros”, desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear un nuevo sentido de nuestra propia existencia y posibilidades.
En esto, como en muchas cosas, la clave radica en romper inercias. Pensar, echarle imaginación, investigar y así encontrar vías y salidas desconocidas o no utilizadas hasta ahora que nos pueden servir mejor de las que hemos estado utilizando hasta ahora.
Muchos, frente a la sociedad, nos mantenemos en la defensiva aunque ¿De que nos sirve temer algo que todavía no ha sucedido y que es muy posible no vaya a acontecer nunca si no lo causamos nosotros mismos desde nuestro pensamiento. La dificultad reside en que muchos no nos atrevemos a ser creativos y a buscar alternativas a lo que no nos gusta.
Pensar en términos de ”No es posibile” o ”es demasiado difícil” no nos sirve. La energía que no destinamos a construir no nos ayuda o hasta nos destruye. Ir en contra de algo si no le buscamos alternativas no tiene ninguna utilidad. Lo que funciona es el diseño y la creación de alternativas útiles y eficaces orientadas a la resolución de los conflictos, problemas, necesidades o simplemente dificultades de las cuales nos quejamos.
No hay nada que genere mayor creatividad para el cambio que ver las cosas tal como son en vez de como nos gustaría que fueran, quejándonos que no sean así. Sin embargo, muchas personas hacemos justamente esto y haciéndolo no somos dueños de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, de nuestras perspectivas y de nuestra realidad. Y el cansancio derivado de nuestra impotencia nos esclaviza a reaccionar impulsiva y negativamente por pura inercia, perdiendo oportunidades para crear bienestar y valor añadido para nosotros mismos y para la misma sociedad.
Muchos nos negamos, a menudo sin darnos cuenta, a aprender de las cosas que nos van sucediendo en la vida y por ello seguimos estancados. No aprendemos suficientemente de los errores y esto es lo que nos impide crecer y mejorar. Y esto es extrapolable a gran parte de las facetas de nuestra vida, familia y profesión incluidas. Nuestra propia insatisfacción social y personal es sólo un indicador de que las cosas tendrían que haber cambiado ya hace tiempo. Pero hasta que no cambie la mentalidad de las personas, es muy posible que todo permanezca igual. Es una ley de vida.
La sugerencia es que le dediquemos tiempo y espacio a pensar de forma consciente sobre lo que significa cambiar paradigmas personales y sociales para que la búsqueda de un cambio se transforme en una cuestión de compromiso y entrenamiento. El objetivo es reprogramar nuestra mente con información y sabiduría basada en las posibilidades y oportunidades a nuestro alcance sobre lo que podemos hacer al respecto.. Sólo así es posible cambiar nuestro sistema de creencias y, en consecuencia, empezar a interpretar la realidad de forma menos egocéntrica y mucho más objetiva, potenciando nuestro bienestar emocional y nuestro talento para la innovación y la creatividad.
Se trata de fomentar que el acto de pensar sea voluntario, consciente y sostenido, enfocándonos en todo aquello que sea positivo, creativo y constructivo. En el fondo, nadie quiere pensar de otra manera, pero nos resignamos, a menudo por falta de conocimientos y competencia. Las personas más inteligentes y eficaces que he conocido juegan con su pensamiento, pues son conscientes de su propio potencial creador. Lo que creamos es el resultado de lo que creemos.














