Cuando nos damos cuenta de esto nos pasa es importante buscar lo que nos está pasando y desafiarnos a nosotros mismos a buscar la forma como podemos realizar nuevos comportamientos y actitudes que nos permitan cambiar lo que no nos satisface. Cuando lo hacemos, descubrimos que estamos creciendo y que conseguimos que la ansiedad se reduzca.
Empezamos con motivarnos a buscar y a descubrir lo que nos interesa distinguiendo lo que no necesitamos en nuestro día a día.
Para empezar, necesitamos una motivación suficiente y el descubrir que nuestra ansiedad nos impide fijarnos en lo que podemos hacer para vivir mejor.
A veces, preferimos no enterarnos y no reconocer que tenemos esta ansiedad y preocupaciones y decidimos que no nos interesa hacer nada al respecto. Nos decimos que estamos bien como estamos.
La otra perspectiva es que podemos crecer y cambiar lo que nos gusta desde cualquier situación en que nos encontramos. Actuando al respecto, cambiamos la situación y mejoramos la forma como nos sentimos y como nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.
Para superar las defensas de nuestro ego que, a menudo, no quiere cambios y quiere quedarse donde está, alguien ha propuesto una serie de actuaciones posibles en nuestro propio día a día.
Desde esta perspectiva, alguien ha propuesto una serie de acciones que se pueden llevar a cabo para ir consiguiéndolo con pequeñas acciones diarias:
1) Aceptar que nadie nace con todo lo que necesitamos para sentirnos bien y para crecer y estar abiertos a actuar en cualquier caso de insatisfacción;
2) hacernos cargo de las defensas limitadoras de nuestro ego,
3) abrirnos a la acción con disciplina,
4) reconocer los éxitos desde la acción,
5) abrirnos a la meditación,
6) practicar la lectura,
7) abrirnos al aprecio para las demás personas,
8) trabajar nuestra capacidad de ser amables,
9) tener confianza, gratitud y deseo de ayudar a los demás,
10) Reconocer y disfrutar del amor,
11) hacer ejercicio para estar en forma,
12) darnos cuenta de lo que vamos aprendiendo,
13) ser más presente y conscientes en lo que nos está pasando,
14) escucharnos a nosotros mismos y a los demás,
15) decidir nuestra valía e importancia para podernos querer a nosotros mismos.
16) Crear lo que queremos desde pequeñas acciones diarias,
17) darnos cuenta de que las prácticas diarias llevan al éxito,
18) asumir y actuar unos rituales de comportamiento diario que nos satisfagan,
19) reconocer los momentos de tranquilidad para disfrutarlos,
20) fijarnos en lo que hacemos bien,
21) Ir haciendo apreciaciones diarias de nuestro propio comportamiento. Al respecto podemos tener una grabadora a portada la mano para anotarlas.
22) Darnos cuenta de que podemos disfrutar de la vida y fijarnos en lo que podemos hacer al respecto, empezando con las pequeñas cosas y actuaciones.
23) Sobre todo evitar sentirnos víctimas de nuestra propia vida , de situaciones determinadas, de relaciones que no funcionan y actuar para modificar nuestra propia historia de cómo y quienes somos a lo largo de nuestro día a día.
El hecho de querernos a nosotros mismos y de hacernos cumplidos a nosotros mismos no es una forma de auto centrismo o egoísmo sino el reconocimiento de que cuando nos sentimos bien con nosotros mismos nos llevamos mucho mejor con las demás personas y por consiguiente les ayudamos también a ellos en una mejorar sus propias relaciones consigo y con su entorno.
Cuando nos motivamos a llevar todo esto a la práctica, podemos comprobar ya desde los primeros éxitos que nuestra vida ha cambiado y que ha merecido la pena hacer algo al respecto aunque al principio pensáramos que no necesitábamos hacer nada y que todo estaba bien como estaba.
Evidentemente cada uno puede ir buscando más cosas positiva que podemos hacer para nosotros mismos. Nosotros decidimos cuando queremos pararnos en nuestro crecimiento aunque la práctica que hemos empezado nos hace más fácil y más placentero continuar en el camino del bienestar y de la felicidad.
Creo que es un tema que merece la pena reflexionar para darnos el permiso de entrar en acción y de escoger las prioridades en nuestra búsqueda de cambio.
De nosotros depende descubrir que todo lo anterior y una gran cantidad de otras posibilidades positivas de actuación diaria está a la base del éxito para evitar el estrés, la ansiedad, la insatisfacción y para mejorar nuestra propia capacidad de envejecimiento activo.
Nosotros somos los que decidimos en cualquier caso lo que queremos y podemos hacer al respecto y esto, de por sí, representa una gran motivación para empezar a actuar.














