Una amiga muy querida me sugirió el otro día que por lo menos una vez al mes me tomara una cita para a charlar conmigo mismo. Siempre hay muchas cosas que no nos decimos a nosotros mismos o que hasta no nos sentimos incómodos en afrontar. Si no las afrontamos, a menudo, puede ser hasta muy difícil solucionarlas.
Mi amiga me sugirió que este encuentro conmigo mismo lo llevara a cabo en un bar o en una cafetería bonita y cómoda y que lo hiciera ofreciéndome un café y un pastel o un bollo de los que me gustan.
Las dinámicas del encuentro podrían ser como cuando nos citamos con un amigo querido y, en efecto, somos nuestro amigo más querido y valioso, aunque a veces no nos lo demostremos.
Así que, siguiendo su consejo, escogí una cafetería que me había llamado la atención, pero que todavía no había visitado aunque sabía tenía unos desayunos muy especiales. A las 10 de la mañana en punto entré en compañía de mi mismo, nos sentamos en una mesa de esquina y pedimos nuestro desayuno, algo especial para la ocasión. En efecto, habíamos aceptado y asumido que era una situación especial y que había que celebrarla.
Para este encuentro habíamos decidido de fijarnos unos roles. El de persona yo, y el de profesional o escritor él, y los dos estábamos muy a gusto en nuestra posición. La primera dinámica fue la de darnos mutuamente la enhorabuena por ser como y quienes somos. Nos contamos cosas, compartimos proyectos, evaluamos comportamientos y entramos en profundidad en temas que sabíamos debíamos tratar para solucionar los problemas o mejor problemillas correspondientes.
Pedimos doble ración de pastel o mejor una ración para él y un bollo para mi. En el rol o personalidad de Franco persona me sentía muy cómodo hablando con el Franco escritor. No nos dimos consejos sino que nos hicimos preguntas, estilo Couch, a la cual estuvimos contestando con amplitud y detalles.
A lo largo del encuentro, aprendimos muchísimo el uno del otro y además nos lo pasamos de forma muy divertida, no escatimando unas carcajadas de vez en cuando.
En lugar de la media hora que habíamos planificado, estuvimos charlando una hora y cuarto y, si Franco escritor no hubiera tenido una cita para una entrevista, nos hubiéramos quedado más tiempo. Sin embargo, nos dimos otra cita para un mes después y decidimos para el próximo encuentro otra cafetería conocida por tener unos sillones muy cómodos y unas tazas de tamaño extra grande. Para la próxima vez, además, hemos previsto tomar chocolate en lugar de café.
Escribí a mi amiga dándole mil gracias ya que la experiencia nos había encantado.
Para los que tienen algo que contarse, y todos lo tenemos, se lo aconsejo. Es una buena experiencia y les doy mi enhorabuena anticipada si lo deciden y lo llevan a cabo.














