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Cabecera Me Viene A La Memoria

¿ES EL ENEMIGO?…¡QUE SE PONGA!

Hace unos días se realizó, por parte de Televisión Española y un amplio elenco de humoristas en activo, un programa que titularon “¡Arriba ese ánimo!” concebido a medias para combatir, al menos durante un par de horas, el estado depresivo causado por la crisis a la vez que para homenajear al desaparecido cómico Gila. Cualquier fecha es válida para llevar a cabo este reconocimiento, pero lo cierto es que la elegida no fue coincidente con ningún momento destacado en la vida del que fue popular humorista ya que nació el 12 de marzo de 1919 y falleció el 13 de julio del 2001. Sería de agradecer que, como en esta televisiva ocasión, sus compañeros de profesión le homenajearan todos los meses, y así, acercándonos a la risa, el estado de ánimo causado por la pertinaz crisis se haría más llevadero.


Risa es la que infundió en nuestros ánimos, lo mismo en tiempos difíciles como en otros que no lo fueron tanto, el madrileño Miguel Gila, un cómico surgido de la espontaneidad. Porque fue de manera espontánea como llegó a los escenarios, igual que muchos toreros se dieron a conocer saltando desde el tendido hasta el ruedo para enfrentarse, prácticamente a cuerpo limpio, al toro que a un profesional correspondía lidiar. La figura del espontáneo ya ha desaparecido de los cosos taurinos y los que aspiran a convertirse en figuras se instruyen a partir de las enseñanzas impartidas en las escuelas taurinas. En 1951, con un pequeño bagaje de humor gráfico a sus espaldas alcanzado en las páginas de la publicación humorística “La Codorniz” y en alguna otra, Gila se lanzó al ruedo, en este caso escenario, del teatro Fontalba donde narró un improvisado monólogo (imagino que no lo sería tanto como dice su biografía) sobre su experiencia como voluntario en una guerra.. Y triunfó, y le llovieron los contratos, y se hizo popular, y sus frases, expresadas con voz gangosa, se repetían por cualquier parte: “¿Es el enemigo?… Que se ponga”.


Antes de conocer el éxito, la vida de Gila pasó por más de una dificultad a causa de su ideología política, a la que siempre estuvo entregado y que, por cierto, una vez superada la primera etapa, nadie utilizó como impedimento para su desarrollo profesional. Fue libre para concebir sus scketchs y libre para interpretarlos en cualquier parte de España o del mundo, donde fuera contratado, aunque existan opiniones que se empeñen en victimizar la actitud que él eligió, impulsado por circunstancias más personales que políticas. Pero esa es otra historia. Lo que sí es cierto es que (quizá lo era de nacimiento) se le puso cara de enfado permanente; le costaba trabajo reír, aunque le resultara tan fácil hacer reír a los demás. Tuve ocasión de comprobarlo en las varias ocasiones que participó en algún programa de televisión de cuyo equipo formé parte. Educado, sí, pero distante. Poco dado a las relaciones con los medios de comunicación a no ser que hubiera por medio algún interés promocional. Hablaba muy bajo en el cara a cara, obligando al interlocutor a intensificar la atención auditiva, aunque elevaba el tono cuando tenía un micrófono delante para actuar. Cuando actuaba se transformaba, como suele ocurrir a casi todos los actores que, aunque parezca mentira, la timidez les afecta en lo cotidiano y el escenario transforma su personalidad.


Desde muy niño me sentí atraído por las historias de Gila, al que escuchaba en la radio –creo que Radio Madrid– donde tenía un programa. En él contaba a los radioyentes las bromas del pueblo, los detalles de cómo nació, del violín olvidado, el médico, el mendigo, el bombero, el safari, la factura del colegio o de su guerra particular.


http://www.youtube.com/watch?v=TcP6cQy7YTg&feature=related   


La guerra, la ocurrida en España entre el 36 y el 39, fue una idea permanente en Gila, al decir de quienes le conocieron. Por razones trágicas, como es lógico deducir de una contienda, pero que él supo transformar en humor, no sé si inspirado en alguno de los momentos que vivió, aunque hay que poseer un alto grado de ingenio y genialidad para convertir lo trágico en humorístico. Cierto es que Gila era un genio del humor. Procedente de las Juventudes Socialistas Unificadas, se alistó como voluntario para participar en la conflagración, con intención de defender sus ideas políticas de izquierdas, adquiridas desde niño, como él mismo reconoció, en su casa y en los distintos talleres y fábricas en las que trabajó. No le fueron bien las cosas en el frente ya que fue hecho prisionero y ordenada su ejecución. En la localidad cordobesa de El Viso de los Pedroches, con otros condenados a muerte, fue puesto ante un pelotón de fusilamiento, en una noche digna de ser retratada en una película de horrores: “al anochecer de un día frío y lluvioso”, como el propio Gila relata en su libro de memorias “Y entonces nací yo”. En el mismo detalla las condiciones en que se encontraban los miembros de aquel pelotón ejecutor, pasados de vino, lo que fue causa de que a los sentenciados los “fusilaran mal”. Son sus palabras. Gila consiguió escapar a la muerte, pero poco después fue hecho nuevamente prisionero, permaneciendo internado sucesivamente en varias cárceles madrileñas hasta mayo de 1939. En el citado libro de memorias se detallan todas estas circunstancias, pero la de “nacer”, la trasladó a un sketch que gozó de gran éxito siempre que lo incluyó en sus actuaciones que fueron innumerables, aunque el repertorio no fue demasiado extenso. Fueron muy limitados sus monólogos (todos en forma de diálogo ante un supuesto interlocutor al otro lado del teléfono) pero suficientes para vivir de ellos. Quizá, gran parte del éxito se debiera a que el público ya los conocía y sabía el texto, la inflexión en una determinada frase o el gesto que Gila iba a repetir por enésima vez y que nunca cansó al respetable. Sobre todo tras sus apariciones en televisión.


Tras su liberación se planteó el problema de tener que ir todos los días a la compra, aunque en aquellos tiempos no abundaran los alimentos y los pocos que había era necesario pagarlos con moneda de uso corriente. Aprovechando su habilidad para el dibujo y su sentido del humor consiguió unos ingresos por su colaboración en la revista “La Exedra” y posteriormente en “La Codorniz” y “Hermano Lobo” hasta su espontaneidad referida más arriba, en el teatro Fontalba, que fue el principio de su presencia –previo abono de su importe– en escenarios teatrales y estudios de radio, de televisión y de cine. Menos en este último, donde se debía a un guión, en el resto repitió incansablemente todos los monólogos que todavía hoy se recuerdan y que mantienen su efectividad en la provocación de la carcajada.


http://www.youtube.com/watch?v=InF_x1oIVq0&feature=related  


No fueron grandes títulos cinematográficos, aunque sí bastantes y suficientes para incluir el nombre de Gila entre los actores de cine en aquellos años 50 y 60.. En los repartos alternó con José Luis Ozores, Luis Mariano, Maruja Díaz, Pablito Calvo, Pepe Isbert, Paquita Rico, Manolo Morán… o Licia Calderón en “El hombre que viajaba despacito” donde, igual que ocurriera en “El ceniciento”, se encargó del argumento y el guión.    


http://www.youtube.com/watch?v=0wUsgg7X5o8 


En el 1968, en plena fama, tuvo un problema personal originado por una paternidad no reconocida, razón por lo que decidió “exiliarse” estableciendo su domicilio en Argentina. Recorrió las tierras latinoamericanas, sus salas, sus emisoras de radio y sus televisiones, formó compañía de teatro y fundó una revista satírica. Anduvo de acá para allá, ahora voy, ahora me vuelvo, hasta que en 1985, es de suponer que no sintiéndose ya acosado por la situación que le llevó a alejarse, optó por el retorno definitivo y aquí fue recibido con la misma entrega y admiración que el público le había dedicado hasta unos años antes. Así que volvió al mismo lugar y a la misma situación en que se encontraba antes de partir. También es verdad que nunca llegó a alejarse totalmente de España. Lo justo para despistar a quien fuera o fuese. La diferencia entre la ida y la vuelta fue su estado civil ya que en 1982, una vez divorciado de su primera mujer y durante su estancia en Buenos Aires, contrajo matrimonio con una profesional del teatro, María Dolores Cabo, con la que tuvo su hija Malena (es nombre de tango) Isabel algunos años antes. Felizmente reunidos todos los miembros de la familia en tierras españolas, el artista continuó con su quehacer de hacer reír, cosa que llevó a cabo hasta, prácticamente, el último momento que fue el 14 de julio del 2001. Hace, va a hacer, 11 años que es una cifra nada significativa para organizar ningún tipo de recordatorio, como el homenaje que sus compañeros le acaban de ofrecer en Televisión Española. Claro que tratándose de humoristas…


http://www.youtube.com/watch?v=VGU-zHq92yM&feature=related  

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