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Cabecera La Hora de la familia

Carta abierta al Juez Ferrín

Sr. Juez:

Me hago cargo del calvario por el que está pasando, calvario mediático que ha prejuzgado y sentenciado a priori su actuación en defensa de una menor.


Resulta que la menor tiene una madre que a su vez está unida en matrimonio (lesbiano). Y ambas han solicitado la adopción. Ud. prioriza el derecho de la menor a tener un padre y una madre, pues considera que ello es mejor para su crianza emocional.


Y como es consecuente con sus principios, solicita informes al Fiscal y a la Dirección General de la Familia. Pero, ay amigo, el Fiscal le dice que ud. no debe ser juez ”por sus principios religiosos” (cristianos). Está claro: para ser un buen juez (según el fiscal) no hay que tener principios religiosos. Hay que ser laico total. Pues qué bien…


Su trayectoria Sr. Juez (21 años de ejercicio) le acredita más que suficientemente de aplicar la ley aún en contra de sus principios: centenares de divorcios con los que, según sus propias palabras, no estaba de acuerdo. Pero, ”dura lex, sed lex”… Y, en consecuencia, Su Señoría ha procedido a fallarlos. Aunque para mí el mayor aval que posee para ser un buen Juez de Familia son sus siete vástagos.


Ahora, en este asunto de las lesbianas, se ha encontrado con el poderoso lobby gay. En su terminología estricta, podríamos echar mano de la quijotestca frase: ”con la Iglesia hemos topado”.


Pero no desespere, Sr. Juez, aunque sienta indefensión y el propio Consejo del Poder Judicial le haya sancionado, no por el fondo de sus decisiones, sino por demorar el proceso (buscando ud. una salida favorable para la menor), piense en que excelsos antecesores suyos en la Judicatura pasaron por dolorosos trances similares y aún de mayor calado (en Tomás Moro, por ejemplo; ó más recientemente, Gomez de Liaño). Pero ahí quedaron sus principios, por encima de todo…


Como bien dice ud. en unas recientes declaraciones ”una ley no puede ir nunca contra la naturaleza de las cosas”. Por muy ley que sea. Nerón y Hitler, pongo por caso, basaban sus locas decisiones en normas que se lo permitían hacer…


Pero en los tiempos que corren, pues ya sabe su Señoría: el Derecho Natural es como si no existiera. Sólo se maneja el positivismo material. Y así nos va.


Mucho ánimo, Sr. Juez, somos muchos (millones) los que le apoyamos y comulgamos con sus ideas y principios. Aunque le cueste la cabeza (como al referido Moro).

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