He de confesar que encontrar la respuesta al por qué del dolor (sufrimiento) humano ha sido a lo largo de mi vida uno de los interrogantes que más me han preocupado. Encontrar la respuesta a algo en principio tan absurdo e incomprensible. ¿Por qué existe el dolor?, ¿cómo se combate?, ¿tiene algún sentido?…
Como digo, es algo que me ha obsesionado desde tiempo atrás y me ha llevado a reflexionar y buscar fuentes de explicación. He leído mucho sobre el tema y también he tenido ocasión de conversar ampliamente con personas impuestas y conocedoras del problema, bien bajo el prisma médico, filosófico ó espiritual. Paso a comentar algunas de las conclusiones sacadas de todo ello.
La primera de las conclusiones es la de asimilar que el dolor es parte consustancial del Amor. La prueba más palpable es que no es igual de profundo y doloroso (valga la redundancia) el sentimiento de pena que se siente cuando se pierde por ejemplo a un ser querido que cuando nos enteramos de que alguien, conocido pero no amado, ha muerto.
Igualmente, sufrimos más cuando un ser querido tiene un problema, físico ó psiquico, que cuando esa enfermedad la sufre una persona que no amamos directamente.Hacemos nuestro “su” problema. Todos sabemos, por ejemplo, que hay personas con cáncer. Pero cuando lo padece un ser querido, la cosa se lleva peor, se sufre más…
La pregunta de más difícil respuesta es el por qué del dolor físico. A veces en situaciones tan sin sentido como la de terribles accidentes. O peor aún: pequeñas víctimas con tremendas enfermedades. Aquí hay una primera respuesta simple, sin mayor calado: somos imperfectos y la máquina a veces se estropea. Demasiado simple para ser cierto, siempre he pensado. Y profundizando en ese difícil por qué,no he encontrado mejor respuesta que la derivada de la Fe. El silogismo es sencillo: Dios nos ama tanto que incluso sufrió (en la persona de Cristo) por nosotros. Yo debo amar a Dios. En consecuencia y para corresponder a ese Amor, el mismo Dios permite que suframos como parte de ese amor hacia Él…
Ya se que no todos estarán de acuerdo con el planteamiento. Ya digo que es cuestión de Fe. Pero puedo asegurar que cuando se encuentra ésta, se tiene una respuesta convincente al por qué de esa difícil pregunta. Los que disfrutamos de ella (la Fe), nos sentimos reconfortados y animados para continuar adelante, a pesar del dolor y sufrimiento (propio ó ajeno) que el propio problema ó dificultad nos depare…
Éste es el mensaje que he intentado transmitir a muchos familiares y amigos cuando ha habido ocasión de debatir sobre el tema. En algunas ocasiones les he convencido y en otras no. Pero no cabe duda,amable lector,de que cuando estás convencido de algo luchas por transmitir a los demás tal convencimiento (decubrimiento en mi caso).
Y eso es lo que he pretendido hacer con estas breves reflexiones. Nada más.












