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El futuro que viene…

El futuro tiene nombre propio: CHINA. Son bestiales los datos que se manejan. Además de ser el País más poblado del mundo (más de 1.300 millones), también se ha puesto a la cabeza de PIB. ¡Superan ya a los fabulosos Estados Unidos de América! Y para acabar estas mareantes cifras, tiene una extensión DOS MIL veces mayor que España. Vamos, que no hay problema de suelo precisamente…


Pero el dato económico que más me llama la atención es que actualmente también ocupa el liderazgo como nación con mayor cifra acreedora en sus cuentas: ochocientos cincuenta mil millones de euros (a su favor). En el otro extremo (país más endeudado), se sitúa USA, con más de setecientos mil millones de euros de déficit (lamentablemente, seguido de España…). Las comparaciones resultan, pues, escalofriantes…


Apuntados a las mejores políticas de apoyo a la natalidad (que es el futuro), han pasado de sancionar brutalmente la descendencia femenina a primar aquellas familias que alcancen dos hijas (voy a avisar corriendo a mi hija, que ya tiene las dos, por si puede pillar alguna “ayudichinilla”…).


La comparativa de competitividad empresarial, de la que tanto hablamos y hablamos en  esta España nuestra, tampoco admite dudas. Con salario medio de 70 euros al mes, ya me dirán cómo vamos a competir. Incluso dentro del tercer mundo están muy preocupados con esta competencia, imposible de combatir; pues la calidad de sus productos es excelente.


Lo que sí considero que podemos aportar desde Occidente es solución a los problemas de aires que los chinos arrastran. Respecto a las emisiones de Co2, donde por desgracia también van en cabeza, pues ya están las cumbres mundiales sobre cambio climático manos a la obra. En cuanto al otro inaguantable error de costumbre que los chinos tienen (dejar escapar los “aires” intestinales en cualquier situación, pública ó privada), será cuestión de aplicarles intensivamente grandes sesiones de educación para la ciudadanía, de la que somos maestros mundiales; estoy convencido que los efectos se dejarán notar, mejorando el aroma de cualquier reunión en la que haya chinos asistentes…


En fin, que como en el futuro parece claro que se hablará en chino, voy corriendo a decir a mis hijos que se olviden del inglés para los suyos, como hicimos nosotros con ellos.


¡Chisí!…

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