Acabo de volver de un viaje estupendo a CRACOVIA, en compañía de un animoso grupo de Antiguos Padres de Alumnos de los Colegios de mis hijos. Genial idea la de congregar a abuelos y abuelas para tener unos dias maravillosos de cambio de aires y grata convivencia. Veintinueve MAYORES, representantes nada menos que de CIENTO TREINTA NIETOS. Ahí queda eso…
CRACOVIA es una ciudad que lo reúne todo: cultura, historia (antigua y nueva), arte, gastronomía, compras… la meca, en suma, del turísmo del bueno. Del que no se limita a achicharrarse de sol, apreturas y colas interminables.
Fué capital de Polonia desde el siglo XIII al XVII y sus extarordinarios Reyes, con Segismundo I y Kasimiro el Grande a la cabeza, la dejaron llena de extraordinarios edificios, esculturas, pinturas y demás perlas arquitectónicas de las que dejan literalmente pasmado al visitante.
Su Plaza Mayor es monumento de la UNESCO. Es la más grande plaza medieval del mundo. Sencillamente extraordinaria. Y con CHOPIN metido en cada esquina, en cada aroma, en cada establecimiento donde se puede degustar la estupenda cocina polaca… con un buen Vodka (polaca, nunca rusa) a los postres.
Por su historia más reciente, el holocausto nazi lleva obligatoriamente a visitar el barrio judío de la ciudad, también declarado patrimonio de la UNESCO.Y para acabar, también es imprescindible visitar la impresionante Iglesia de Nuestra Señora en la mencionada Plaza Mayor. Es algo que (debe) asemejarse mucho a una visita celestial…
Para nuestras insaciables mujeres compradoras, el llamado Mercado de los Paños, auténticamente medieval, la mayor concentración mundial de ámbar por metro cuadrado, es algo así para ellas como entrar en un éxtasis comprador…
La visita a la mina de sal de Wleliczka a las afueras de Cracovia es algo que no se puede describir con palabras. Manejando, pues, sólo números hay que resaltar que se escavó hace más de 700 años, que sus galerías superan los 300 kilómetros de longitud y que a más de 400 metros de profundidad existe (cavada por los mineros) la llamada “catedral” con una extensión de mil metros cuadrados. Increíbles esculturas en sal adornan sus paredes. Ya digo, indescriptible, algo onírico, si no fuera porque se ve con los propios ojos…
AUSCHWITZ es otra visita obligada, que ayuda mucho a pensar lo que el hombre es capaz de hacer cuando pierde el norte y la razón. Para los estudiantes escolares polacos es visita obligatoria. Pienso que debería serla también para todos los estudiantes del mundo. Y sobre todo para los componentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Tras visitarlo, estoy convencido que no serían capaces de aprobar guerra alguna. Tampoco hay palabras para describir aquello. Se entra serio y se sale llorando…
Y para recuperar la sonrisa, unos pocos kilómetros más allá, la visita al Santuario de Czestochowa, la llamada “Virgen negra”. Amiga personal del inolvidable Juan Pablo II, el que a base de fe consiguió la caída del muro de Berlín, y que la juventud volviera a acercarse al mayor joven revolucionario de la historia…
En fín, un viaje cargado de excepcionales vivencias y descubrimientos que me reafirma en mi tesis de que lo mejor es viajar en temporada baja, hacer turismo cultural y si es en compañía de buenos amigos, la suma perfección.
Hasta el próximo!.
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