Nos dejamos llevar por la publicidad engañosa. Nestlé y Danone, entre otras, se hacen multimillonarias a costa de nuestros bolsillos y nuestra sed.
La mayor prueba de que el negocio del agua acapara mercados a ritmo supersónico es el multimillonario del petróleo tejano Thomas Boone que ha pasado de las reservas de oro negro a comprar reservas de agua…
El negocio está basado en falsedades. No es cierto lo de que el agua embotellada ayuda a adelgazar o que tiene propiedades como la hidratación: ambas son comunes a cualquier tipo de agua, mineral o no.
Es plausible la campaña iniciada por los restaurantes de San Sebastián, ofreciendo jarras de agua del grifo en sus menús, con lo que ello conlleva de abaratamiento del mismo. Se han dado cuenta del ”timo del agua embotellada”. Los acuíferos de donde proceden son exactamente iguales que los que sirven de suministro para el agua corriente del grifo. Así se claro.
El mal sabor del agua que en muchos lugares existe (fundamentalmente en nuestra cuenca mediterránea) no procede del agua en sí, sino de una más que deficiente instalación de filtros. Ahí deberían volcarse nuestros próceres políticos, en lugar de perder el tiempo en inútiles debates sobre temas que a nadie suelen importar…
El agua que cae en Madrid (de reconocida fama por su buen sabor) es exactamente la misma que cae en Barcelona o Alicante, pongo por caso. La diferencia está en la calidad del filtrado en uno y otro caso. Por algo una de las mayores (y rentables) empresas catalanas lleva por nombre ”Aguas de Barcelona”…
La prueba más evidente es que, según un informe de la Federación de Consumidores y Usuarios, son 500 millones de euros anuales los que se gastan en sistemas de alcantarillado y abastecimiento; contra los 3.500 que se destinan por parte de los consumidores a pagar botellas de agua.
Y todo ello, sin contar con los importantes daños medioambientales que la industria embotelladora causa: plásticos, petróleo, combustible para la distribución, etc.
Al margen por supuesto habría que dejar las auténticas aguas minerales, que desde toda la vida son reconocidas en nuestro país, sin necesidad de propagandas que valgan. Y como yo sí puedo hacerla, pues ahí van para general recordatorio: Vichy Catatalán, Mondariz, Solan de Cabras, Lanjarón y pare usted de contar.
Haber si al final vamos a hacer bueno el dicho que se maneja por la Texas del mencionado Boone: ”Para beber, wisky; para pelearse, agua”…












