Señor Cardenal:
Cuando recientemente en una entrevista televisada le preguntaron qué opinaba sobre el escándalo acerca de abusos a menores practicados por algunos curas en Irlanda dijo usted: ”no es comparable los excesos de unos pocos con los millones de abortos cometidos”…
Considero, sinceramente, que salió usted por la tangente y, además, se equivocó en su juicio (y esto se lo dice alguien que lleva treinta y tantos años implicado en movimientos pro vida y también en favor y defensa de la FAMILIA). Pero lo cortés no quita lo valiente.
En primer lugar, pienso yo, no se trata de comparar cuantitativamente hechos (pecados) distintos. Por ese camino, podría (erroneamente a mi modo de ver) pensarse que el aborto de una mujer es uno y el abuso de menores puede ser reiteradamente cometido por la misma persona. No debe caber la fórmula del ”tú más”… Hay que valorar en sus justos términos su gravedad en sí. Y a tal efecto, me voy a permitir recordarle dos hechos que están en la memoria histórica (que como bien sabe su Eminencia tan en boga está en este País nuestro). Ya en el Concilio de Trento (1.545), la Iglesia estableció un orden de gravedad de los pecados (de mayor a menor). A cuya cabeza de una extensa lista se situó la negación de Dios, seguido de la de la propia Iglesia; en tercer lugar, el no pagar lo que en justicia corresponda al trabajador y en cuarto lugar… el abuso de menores. Que yo sepa (salvo que esté en un error), éste ranking no ha sido variado a día de hoy…
Por otro lado, el mismísimo Jesucristo perdonó en su paso por la Tierra toda clase de pecados: adulterio, prostitución, robo, !hasta a los recaudadores de Hacienda! (Mateo), salvo uno, que no solamente no perdonó, sino que condenó con especial fuerza: ”…PERO AL QUE ESCANDALICE A UNO DE ESTOS PEQUEÑUELOS QUE CREE EN MÍ, MÁS LE VALDRÍA QUE CON UNA PIEDRA DE MOLINO DE ASNO COLGADA AL CUELLO SE HUNDIERA EN EL FONDO DEL MAR”…(Mateo,18,6).
Es decir, y con toda claridad, ”¡que se muera!”…
Ya ve D. Antonio, la cosa está clara. Es gravísimo lo sucedido en Irlanda (al margen de si se trata de curas o no). En todo caso, sería una agravante más… Y como bien ha hecho el Papa Benedicto XVI en lamentables casos similares de USA y Australia, lo suyo es reconocer el error y pedir perdón (cristianamente). Nada de erróneas comparaciones que no vienen a cuento…
Como Castellano de pura cepa que soy, me despido de usted echando mano de uno de nuestros sabios refranes:
AL PAN, PAN. Y AL VINO, VINO…












