Sin haberse podido determinar con certeza sus causas,lo cierto es que la existencia de cuñados/as en las familias suele ser motivo de problemas más que otra cosa.Así es en la mayoría de los casos.Tal vez por aquello de no ser familiar sanguíneo directo.Quién sabe.
Generalmente los cuñados son una saga tendente al enchufismo.Va con la condición familiar adquirida.La primera causa de roce suele devenir cuando se les “coloca”(en principio con la mejor intención),bien en una Empresa propia ó por cuenta ajena en la de algún conocido.Y ello suele comportar graves riesgos.Si el enchufado no da la talla, la cosa adquiere tintes dramáticos,poniendo en un brete al enchufador.Aunque si,por el contrario despunta y puede llegar a la cima,enseguida aparecerá la concuñada/o avisando:”ten cuidado con ese,que te quita el puesto”…es decir,la culpa siempre,del cuñado.
Hasta grandes y poderosos dictadores vieron peligrar su poltrona por mor del “cuñadísimo” y no tuvieron más remedio que proceder a su decapitación inmediata…
Otra de las características propias del estado de cuñado es la de tener una sensación como de advenedizo al clan familiar (de los hermanos del conjuge).Y esa sensación de estar en minoría le hace comportarse con cierto complejo de inferioridad y a expensas de lo que “ellos” decidan;la cosa llega al culmen cuando de cenas/comidas de Navidad se trata.Pretender que se coma ó cene con la familia del cuñado se antoja misión imposible.Y cuando hay que configurar unas vacaciones ó algún viaje,el cuñado sabe con seguridad que jamás irán al sitio que a él más le apetezca,aunque fuera el mismísimo Paraíso.
Esta sensación de exclusión toma a veces tintes dramáticos cuando de herencias se trata.”Tú a callar,que aquí no pintas nada”…(salvo cuando no hay nada que repartir,sino de hacer frente a cargas económicas:atención sanitaria,gastos de entierro,etc.,en cuyo caso la cosa es a la inversa…).
El cuñado suele encontrar consuelo en los colegas de cuñadía.Sirven para cotillear y desahogarse a gusto,sobre las rarezas de “los hermanitos/as”, que no hay quien los aguante (y sobre todo a sus padres…) y demás motivos que hacen insoportable la convivencia.Las veladas entre cuñados suelen acabar en profundos y sonados estados alcohólicos que dan pie a su vez a tremendas broncas cuando vuelven a casa.Ahí es entonces cuando las hermanitas se despachan a gusto…
No voy a decir que haya llegado a aconsejar a mis vástagos que no se casasen con personas que tuvieran hermanos,pero desde luego sí he de confesar haber sentido como un ligero alivio interior cuando efectivamente han ido a compartir sus vidas con hijo/a únicos.Aunque reconozco que es algo completamente aleatorio e incontrolable.
Menos problemas a la vista…












