Con el título que da pie a éste post no hago referencia al dicho de que al final todos acabamos calvos (en la tumba). Sino al devenir que sus Señorías han tenido a bien variar y que va a modificar sustancialmente el orden de los apellidos.
Resulta que como ya no saben qué inventar y para justificar su ineptitud y sinsentido de sus sueldazos (y pensionazos), no se les ha ocurrido a los componentes de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados otra idea que plantear una reforma del Código Civil por la cual los apellidos de los hijos se pondrán por orden alfabético. No bastaba con la reforma del 99 que permitía invertir el orden tradicional priorizando el del padre, bien por voluntad de ellos mismos ó por parte del intersado al llegar a la mayoría de edad. Y como ninguno de los apellidos consortes de mis descendientes comienza por una letra en orden alfabetico anterior a la C, es por ello que digo que en treinta años todos los descendientes de mis descendientes directos se apellidarán Calvo.
Podría sentirme incluso ilusionado si caminase por la senda que sus Señorías llevan de lo absurdo e idioticio. Pero como no es el caso… El caso es, ya digo, que no saben en qué entretenerse. Y como si de un clamor social se tratase, van y lo cambian. En la misma línea argumental del “clamor social” a favor del matrimonio homosexual, aborto, ideología de género, educación para la ciudadanía, etc., etc. No se qué clase de encuestas maneja el PSOE acerca de las opiniones y demandas sociales… Y ya puestos a variar, también pretenden (y lo conseguirán) eliminar el Libro de Familia y sustituírlo por una llamada ficha individual con un “código personal de ciudadanía”.
La exposición de motivos del proyecto de reforma no tiene desperdicio y así dice literalmente que con ello “se culmina el progresivo abandono de construcciones jurídicas de épocas pasadas que configuraban el estado civil a partir del estado social, la religión, el sexo, la filiación o el matrimonio”. Es decir, nada de cuanto el sentido común establece. El signo de los nuevos tiempos, según ellos, en los que no hay más célula social que el individuo. Vamos, masonería en estado puro. Y no creo que en el otro bando estén por llevar la contraria (en éste y en otros muchos temas).
A raíz del descalabro electoral del 2008 y tras el oportuno viaje a México de Rajoy, volvió debidamente “inciado” y recibido no a bombo y platillo, sino a “triángulo y estrella de cinco puntas”… No me cansaré de repetirlo. Desaparición de ésta casta política parasitaria, ¡¡¡Ya!!!…












