En una de las recientes tertulias que solemos montar en casa después de la comida dominguera en familia, se suscitó el debatido y engorroso tema de dónde es mejor acomodarse para vivir. Y sobre la base que da pie al título de este post, casa-trabajo-colegio, es sin duda éste último al que más importancia debe dársele por las jóvenes parejas que buscan su mejor emplazamiento para vivir.
Generalmente se prioriza la vivienda por cuestiones de precio y gusto, pero no se valora como deberían los problemas que van a acarrear los largos desplazamientos que muchas veces comporta el irse a vivir a un sitio alejado de los centros de trabajo y de educación.
Si se cuantifica en tiempo y dinero el costo que supone ambos desplazamientos, diarios y obligados, seguramente se vería cómo cambia el precio de la vivienda elegida, muchas veces en base precisamente a ello. Añadiendo, además, el propio tiempo que en los desplazamiento se consume, que también tiene un precio. Sobre todo en las grandes ciudades, hay quien literalmente ocupa más horas en ellos que el que emplea en el trabajo y el de los niños en el cole, ídem.
Respecto a éste último, la cosa parece de fácil solución. Debería primarse la proximidad a la hora de elegirlo. Aunque muchas veces se tienen en cuenta otros factores como el de “que vayan al colegio que yo fuí”. Y los pobres críos se meten tal paliza de autobús o coche que cuando llegan a clase están rendidos. Los abuelos solemos saber mucho de ello…
Y hablando de abuelos, ya es sabido el dicho de “la casada casa quiere” (y contra más lejos de “ellos”, mejor…). Con lo que la excursión que suele suponer ir a ver a los nietos, a la salida del cole o a su casa, suele ser de las de tarde entera para arriba.
El emplazamiento del lugar de trabajo es más peliagudo de resolver. Pero aún así y por ese motivo entre otros, se desarrolla cada vez más el teletrabajo en casa, sobre todo para las mujeres que quieren compaginarlo con sus tareas de ama de casa. Muchas veces es cuestión de proponérselo y dar un giro a la vida laboral de uno. Querer es poder. Muchas empresas, afortunadamente, están introduciendo éste método de trabajo, beneficioso para ambas partes.
El cuadro escénico del emplazamiento familiar idóneo se termina con la consabida excursión semanal a la compra del súper, para la que también suelen necesitarse unas cuantas horas, en este caso robadas al tiempo libre del fín de semana. La pregunta es: ¿qué lleva más tiempo, esa compra semanal o dos o tres “mini-compras” a lo largo de la semana?…
En resumen y como conclusión, familia que trabaja lejos de casa y los niños van a colegios distantes, familia estresada. La otra, familia feliz…












