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Cabecera La Hora de la familia

Espíritu Emprendedor

Históricamente en las familias hemos inculcado a nuestros hijos, a la hora  de incorporarse al mercado laboral una de estas dos alternativas:


- Métete en la Administración (que es segurito)
- Que te contrate una gran Empresa.


Sin entrar a considerar otro tipo de contras respecto al trabajo de funcionario (falta de libertad e iniciativa, entre otras), lo cierto es que la dificultad de “entrar” en la Administración es tremenda. Las estadísticas nos hablan de una media de 100/200 aspirantes por puesto (como mínimo).Y muchas veces el agotamiento y frustración de preparar unas oposiciones (y no sacarlas) produce un terrible efecto perverso en las personas que les puede llevar incluso a una grave situación de angustia y depresión y dejarles ”tocados” de por vida …


Respecto a lo de colocarse en una grande, pues ya sabemos los también perversos efectos de la ”globalización” y ”deslocalización” de las multinacionales, que hacen que hoy estés aquí y mañana…en lejanos desiertos (ó en la oficina del INEM más próxima).


De este análisis de la cruda realidad y la tremenda lacra de la ”temporalidad” y contratos basura que azotan a nuestros jóvenes, me viene el convencimiento de la necesidad que hay de inculcar el llamado ”espíritu emprendedor”, tan poco calado hasta ahora en nuestra sociedad.


No hay trabajo por cuenta  ajena que no se pueda realizar por la propia. Y ésta es una sencilla y eficaz manera de luchar contra el paro y solucionar el problema del empleo (AUTOEMPLEO).


Ya se que los de nuestra generación no acabamos de tenerlo claro. Pero debemos también luchar por ello y apoyar la idea. Naturalmente todo “emprendedor” necesita ayuda/apoyo  económico para empezar. Y ahí es donde debemos implicarnos (avales, préstamos, etc.).¿Ó es que no vamos a confiar en nuestros propios hijos y su capacidad?


Hace ya  muchos años que traduje correctamente un viejo dicho:”QUIEN TIENE EL DEBER  DE DECIDIR, TIENE EL DERECHO A EQUIVOCARSE”. Frase que, naturalmente, no está dicha para  el ”empleado”; el cual, por muy alto nivel laboral que tenga, tendrá el deber de decidir, sí; pero no el de equivocarse… porque va a la calle. Ese día lo vi claro: me hice AUTÓNOMO y aquí estoy, contándolo…

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