En el pasado puente de diciembre tenía pensado acercarme unos días a la playa, a tomar el sol básicamente pues no es tiempo de baños de mar. Consulté las predicciones y saqué en conclusión que, de ocurrir lo que anunciaban, no merecía la pena el desplazamiento ante el riesgo de empaparse o de tener que estar todo el día recluido en casa. Así que me quedé en Madrid realizando faenas caseras, que también son necesarias de vez en cuando. El pronóstico sirvió ya que, como anunció, esos días previstos para el ocio resultaron lluviosos. Esta vez funcionó, cosa que no siempre ocurre.
Aunque son frecuentes los errores en la predicción, no es menos cierto que en la actualidad son más certeros de lo que lo fueron hace medio siglo. A ello han contribuido los avances tecnológicos y los conocimientos científicos de quienes valoran las incidencias de las isobaras y los anticiclones, palabras que hasta hace unos años desconocíamos.
Tantos años como los que nos separan de los comienzos de Televisión Española, allá por 1956. Los directivos de entonces, que pensaban en el público espectador, decidieron incluir una información meteorológica y ofrecieron la posibilidad de desarrollarla a un científico, un doctor en Física.
Para las generaciones de hoy, acostumbradas ya a la presencia diaria de un meteorólogo en cualquiera de las emisoras de televisión, apenas dirá nada el nombre de Mariano Medina. Él fue el primer hombre del tiempo. En los tiempos de una televisión rudimentaria donde, artesanalmente, Mariano Medina dibujaba los mapas en un cartón sirviéndose de un puntero para señalar lo que quisiera destacar. De ahí a la señal por satélite con la que hoy se trabaja.
Cuando inició su trabajo como predictor ante las cámaras televisivas, ya contaba con un pequeño bagaje en los medios de comunicación. Su verdadero descubridor fue el inolvidable Bobby Deglané, que siempre supo adivinar las posibilidades comunicativas de quienes incorporaba a su equipo. Acertó con Mariano Medina a quien concedió un espacio dentro de su ‘Cabalgata fin de semana’. Eran los tiempos en que la radio gozaba de mucho, muchísimo, más predicamento que la televisión pues eran numerosos los receptores de radio mientras que apenas sumaban unos pocos centenares los de televisión. Mariano Medina dio el salto del anonimato a la popularidad que no tardó en alcanzar. En las casas podía haber cualquier tipo de desorden, pero todo se convertía en silencio para escuchar a Mariano Medina.
Casi treinta años permaneció el meteorólogo toledano en la plantilla televisiva y a lo largo de ellos creo escuela e impuso la necesidad que todos adquirimos de interesarnos por la predicción del tiempo. Incluida la del mar, aunque vivamos en el centro de la península; o de la montaña, aunque no haya pasado por nuestra imaginación calzarnos unas tablas de esquí.
El espacio informativo -de hecho se incluye al final de todos los servicios de información, llámense como se llamen en las distintas emisoras de radio o televisión- es una pieza fija. Lo es en la televisión y lo es en la radio y prensa diaria debido al impulso que, en su momento recibió de Mariano Medina.
Tal éxito hizo que proliferaran los hombres del tiempo y hasta las mujeres, cuyas que en la actualidad se igualan en número. .Algunos alcanzaron, como quien inició la saga, semejante popularidad. Recuerdo, de repente, al también Medina, Fernando; a Eugenio Martín Rubio que llegó a jugarse su bigote con objeto de una predicción y al equivocarse lo perdió; a Manuel Toharia, hoy director del museo de ciencia Príncipe Felipe de Valencia; a Pilar Sanjurjo, perteneciente al cuerpo de meteorólogos del Estado y que fue la primera mujer del tiempo; a José Antonio Maldonado, recientemente jubilado, al inquieto Roberto Brasero; a Mario Picazo que alterna su labor meteorológica con la de presentador… Son infinidad los que ejercen su trabajo informativo como consecuencia de la necesidad que Mariano Medina nos inculcó acerca de las previsiones climatológicas y la implantación del ‘hombre del tiempo’ para transmitirlas.
Sin embargo es posible que esta actividad desaparezca. Al menos como venía siendo, hasta la fecha, desde los tiempos de Mariano Medina. La cadena de televisión Tele 5, en un recorte de gastos, ha decidido suprimir este departamento en su organigrama, lo que se producirá en estos primeros días del nuevo año. Se encargará de la predicción una empresa especializada con lo que la información, en principio, continuará pero seguro que sin aportar el estilo personal de cada hombre o mujer del tiempo. Una predicción anónima, sin nombres ni apellidos de sus responsables, con lo que si resulta errónea y nos estropea un fin de semana, no tendremos a quien culpar.
Atrás quedaron aquellos pronósticos meteorológicos que antaño hacían, especialmente, las gentes del campo en base, sobre todo, a la intuición y la observación. Las recogidas, por ejemplo, en el calendario zaragozano o en las cabañuelas. Y sobre todo, en las derivadas de la cultura popular trasladada al refranero como son: ‘Aire solano, agua en la mano’, ‘Cielo aborregado, a los tres días suelo mojado’, ‘Si lleva cerco la luna y estrellas dentro, agua al momento’, ‘Lluvia en la Purísima Concepción, llueve en Carnaval, Semana Santa y Resurrección’, ‘En febrero busca la sombra el perro, a los últimos que no a los primeros’, ‘Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso’, ‘En abril aguas mil’, ‘En agosto frío en rostro’, ‘El agua de octubre, siete lunas cubre’ y como éstos infinidad de ejemplos que sirvieron de base a nuestros antepasados para predecir la climatología antes de que se inventaran los satélites; incluso antes de la televisión, la prensa, la radio y los hombres del tiempo.












