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Cabecera Me Viene A La Memoria

EL TRAMPOLÍN DE LAS ONDAS

He leído hace unos días en la prensa que Radio Nacional se propone recuperar la fórmula del concurso para descubrir nuevos valores musicales. Lo que no sé es si pretende descubrir nuevas voces para la canción o recuperar una audiencia cada vez más reducida, según señalan los indicadores. Realmente, la idea nunca ha dejado de practicarse, desde la radio hace años y más recientemente desde la televisión. En unos y otros han probado suerte miles de aspirantes a la fama, aunque muy pocos son los que han logrado un lugar en ella utilizando este sistema que, no obstante, se agradece como oyente y como espectador teniendo en cuenta, además, la gran escasez actual de programas musicales.
La cosa, efectivamente, no es de ahora y se remonta a los primeros tiempos de la radio en que ésta fue utilizada para descubrir valores musicales que, hasta entonces, no habían tenido otras ocasiones para darse a conocer que las actuaciones en directo, siempre tan difíciles de conseguir. La radio, con sus concursos, proporcionaba la oportunidad para descubrir las cualidades artísticas que creían poseer los concursantes. En la mayoría de los casos, esas posibilidades no pasaban de ser una ilusión. Ocurría entonces y ocurre ahora. Muchos parecen ser los llamados para ocupar un escenario, pero muy pocos los elegidos. Los concursos radiofónicos hacían de localizadores y a su vez de tamiz, con lo que muchos veían truncadas sus ilusiones. No las vocaciones que, desde ellas, donde se albergan los auténticos valores, suelen vencerse toda clase de obstáculos hasta ver cumplidas las aspiraciones. La radio suponía casi siempre el trampolín de lanzamiento ya que el volumen de audiencia era multitudinario.

Toda emisora, nacional o provincial, con arreglo a sus posibilidades, contaba con su propio programa para descubrir talentos. En él los rapsodas recitaban tratando de conseguir un contrato en alguna compañía de variedades, que solían incluir la poesía en su programa con gran aceptación por parte del público que aplaudía a rabiar si el poema era rematado en un ataque de desesperación. Las bailarinas, bailaoras más bien, taconeaban, aunque se tratara de la radio, y las canzonetistas emulaban a las artistas del momento. A saber, las preferencias se repartían entre Concha Piquer, Juanita Reina y Marifé de Triana. Los hombres se inclinaban por las rancheras de Pedro Infante y Jorge Negrete y en ocasiones por alguna romanza de zarzuela. El “Zapateado” de Sarasate era pieza obligada para ser interpretada con los pies y los crótalos, y el Romance de La Chata, de Rafael Duyos, no hubo aficionado al recitado que no lo incluyera en su repertorio, llegando al éxtasis con lo de “un chavea, un raterillo, con la colilla apagada, sube por Arrieta arriba gritando: he visto a la Chata”. Y el rapsoda, contagiado por la emoción del texto, también gritaba dando rienda suelta a toda su capacidad expresiva, de voz y de gesto, consiguiendo una atronadora ovación que colmaba su ego. Aunque no ganara el concurso, con aquel aplauso se daba por satisfecho. Un aplauso que en la radio se recibía en directo ya que el programa solía hacerse cara al público, pero también la ovación supuestamente emitida por el público que escuchaba el programa y que también tenía su opinión: ”¡Cómo recita este chico. Menudo porvenir tiene por delante!”

Programas de este corte los había en todas las emisoras, como digo. Y me acuerdo, entre otros de “Ruede la bola”, que presentaba Ángel de Echenique en Radio Intercontinental. O de “Salto a la fama”. Muchos más en emisoras provinciales e incluso locales. Seguramente, el más popular era “Conozca a sus vecinos”’. (De existir en la actualidad sería con tuteo: “Conoce a tus vecinos”, que es más democrático). Sin pruebas de audición, sin saber nada del concursante más allá de su nombre. A ciegas. Sencillo como la gente que participaba en él: modistillas, dependientas, empleadas del servicio doméstico o amas de casa con pretensiones canoras.  La cosa rozaba el esperpento en cuanto a su desarrollo. Tomen nota los que lo desconozcan y hagan memoria quienes lo escucharon.

El artista en ciernes cantaba desde su casa por teléfono (desde su casa o desde algún local comercial donde se lo permitieran ya que no abundaban los teléfonos particulares), mientras que desde la emisora un pianista hacía el acompañamiento sin que ambos lograran ponerse demasiado de acuerdo en la mayoría de los casos. Cada día había un vencedor y el sábado se reunía a los cinco triunfadores de la semana en el estudio de Radio Madrid donde se enfrentaban, desde sus propios estilos, impulsados por los elogios de Ferman, el presentador. Al triunfador se le premiaba con cien pesetas y un lote de productos Cola Cao.

Hoy, a pesar del despliegue de técnica empleado en los programas más recientes de televisión como “Operación Triunfo”, por ejemplo, con orquesta, ballet, coros, luces, vestuario, apoyo mediático, etc., desde su aparición algún aspirante a la fama se mantiene pero los más han desaparecido para siempre del mundo del espectáculo o se bandean malamente en él resistiéndose a abandonar. Con los dedos de una mano pueden contarse los que participaron  en el programa y en la actualidad viven de la música. Muy pocos entre los muchos miles que aspiraron a la fama presentándose a las pruebas. En “Conozca a sus vecinos” tampoco es que surgieran grandes figuras, pero también las aspiraciones eran más modestas. En aquel programa de primeras horas de la mañana hubo un nombre cuya propietaria soñó con el estrellato y lo consiguió: María de los Ángeles de las Heras Ortiz, más tarde conocida y reconocida artísticamente a nivel internacional como Rocío Dúrcal. (A estas alturas, Dúrcal no sé si se escribe con acento o sin él, así que lo pongo ya que más vale que sobre a que falte) También sería finalista en otro concurso similar en TV: “Primer aplauso”, y después los éxitos en todo el mundo tanto en directo como en la venta millonaria de discos. ¿Surgirá el gran nombre para la canción en el programa/concurso que Radio Nacional piensa realizar?

http://www.youtube.com/watch?v=uuyA0ulW5cY   
 
Los programas televisivos donde los famosos compiten arrojándose a una piscina, son igual: también se trata de descubrir al mejor; pero una vez localizado yo me pregunto si tendrá que estar constantemente lanzándose al agua para justificar el premio, como un cantante hace cantando sin parar para cumplir con los numerosos contratos que el haber vencido representa. Competir arrojándose desde un trampolín, sin tener en ellos ninguna experiencia, es tan esperpéntico como cantar ante un teléfono y que el acompañamiento se haga con un piano desde el estudio de radio. La sincronización no es fácil.

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