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Cabecera Me Viene A La Memoria

OBJETIVO: ENTRETENER

Recuerdo que fue mi abuelo quien nos enseñó, a mis hermanos y a mí, a comunicarnos dentro de casa sin necesidad de trasladarnos de un extremo a otro de ella ni tampoco de vocear en un tremendo espacio que albergaba 11 dormitorios, más comedor, sala de estar, cocina, baño, balcones, etc. Por supuesto, más que para comunicarnos era para jugar; o para jugar a comunicarnos. El invento consistía en unir dos latas (de las de tomate o pimientos o sardinas) por medio de un hilo de bramante (que nosotros encerábamos, no sé por qué) y que mantenido en tensión era capaz de transmitir el sonido de un extremo a otro. Mientras un hermano hablaba ante el bote, a modo de micrófono, el otro escuchaba desde la otra punta aplicándose el bote al oído. Se escuchaba perfectamente.


Sucedió que mi abuelo no era el único conocedor del “invento” y a un valenciano, un tal Antonio Pérez Sánchez, propietario de una fábrica de juguetes, se le ocurrió transformar aquel juego casero en lo mismo, pero comercializado y por supuesto, sin utilizar latas de conservas. Así nació el “walkie-talkie” que, como era de suponer, no tardó en popularizarse para emular a los soldados que veíamos en las películas conversando entre dos posiciones para planificar un ataque o imaginarse dentro de las aventuras de Flash Gordon. Mediaba el siglo XX. Con ello, la empresa que lo fabricaba –Juguetes Geyper– dio un gran paso en el sector juguetero tan impuesto en la región valenciana y sobre todo en la localidad alicantina de Ibi. El “walkie-talkie” se convirtió en uno de los juguetes preferidos entre la infancia y en uno de los favoritos a la hora de escribir a los Reyes Magos. El carácter emprendedor de Antonio Pérez no le llevó a detenerse en aquel éxito comercial y continuó aportando nuevas ideas. La siguiente fue un juego de construcciones (un mecano como lo conocíamos de verlo también en casa de los abuelos fabricado con material metálico) realizado a base de piezas perforadas unidas con tornillos y tuercas al que su creador bautizó como Cadako. Un nuevo éxito comercial que no sería el último para la empresa Jeyper que se lanzó a un nuevo proyecto para nada relacionado con los anteriores y sumamente sencillo de concepción, ya que todo lo que ofrecía ya era conocido. A pesar de ello, Antonio Pérez se enfrentó al reto y lanzó al mercado los “Juegos reunidos Jeyper” que, como es fácil deducir, no hacía más que agrupar un determinado número de juegos de mesa en un continente adaptado para cada uno de ellos por medio de espacios diseñados conforme a la necesidad. Así, teníamos parchís, ajedrez, damas, oca, ruleta (en tiempos en que el juego estaba prohibido) backgammon, etc. Según el modelo de caja, contenía más o menos juegos y por supuesto tenía una mayor o menor precio. ¿Quién no tuvo en casa un “Juegos reunidos”? Yo dispongo de un ejemplar pero que está en el garaje, amontonado junto a otros objetos que hoy consideramos inservibles, ya que la televisión ha usurpado el tiempo para la dedicación a ellos. A nadie se le ocurre en la actualidad reunir a la familia en torno a la mesa camilla para jugar a la oca (y tiro porque me toca) renunciando el poder apreciar la ordinariez e incultura de Belén Esteban para después criticarla, aunque eso sí, insistiendo en que no hemos visto el programa en que participa y en el que incomprensiblemente la pagan un salario?


Hace años, pongamos 50 ó 60, sin televisión ¿qué otra cosa podíamos hacer que no fuera practicar los juegos de mesa? Una diversión que, según los casos no fue tanta, al imponerse el carácter lúdico o agresivo de unos participantes sobre otros. Si se trataba de participar en parejas en una partida de parchís, pongamos por caso, siempre se daban las quejas sobre el compañero que el azar nos había impuesto. “Yo no quiero jugar con…, porque no sabe” – “El que no sabe eres tú, que el otro día perdimos por tu culpa” – “Bueno, no os enfadéis” -terciaba la madre- “yo me pongo de pareja con…” – “No vale, que entonces me toca perder a mí” – “Además tampoco vale porque si tú vas con la abuela, la abuela hace trampas” – “¿Trampas yo?, pues no juego, ale”. Al final se organizaba la partida con las mismas posiciones de la tarde anterior (porque se jugaba por las tardes, sobre todo de invierno), cada uno en el mismo color de los casilleros y la abuela repitiendo las trampas de siempre, superconocidas por el resto de quienes componían la partida. Y si pierde ostensiblemente tras ser “comida” sucesivamente, la abuela desbarata el tablero con todas sus fichas acusando a los demás de tramposos… Pero es como se pasaban las tardes de entonces, las tardes frías del domingo, sobre todo, acompañados únicamente por el murmullo de la radio o con la radio a toda potencia si la abuela, además de tramposa tenía dificultades auditivas.


No consideró el fabricante juguetero suficientes tres éxitos tan rotundos en el mercado que en 1975 se propuso una nueva aventura: el  “Geyperman”, un muñeco articulado, de pequeñas dimensiones, presentado como soldado, pirata, indio, vaquero, cazador, esquimal, buzo, verdugo…, además de tanques, barcos, aviones, ambulancias, armamento… todo cuanto pudiera representar el prototipo de los personajes y elementos aparecidos en las películas. Con ellos jugaron nuestros hijos que tenían su favorito entre la multitud de modelos, y los amigos de ellos, con quienes los intercambiaban para formar colecciones. Era, además, una buena solución como regalo de cumpleaños al no presentarse ningún problema en la elección del mismo. Con un “Geyperman” siempre se quedaba bien.


Los tiempos fueron evolucionando y las familias dejaron de reunirse para “tomar chocolate con churros y echar una partidita a los Juegos reunidos” y la infancia encontró nuevos motivos de entretenimiento en las “maquinitas” y los juegos de ordenador que han anulado la fantasía de que esa infancia gozó en otros momentos, lo que llevó a la empresa Juguetes Geyper a ir disminuyendo su facturación y su actividad hasta producirse el cierre de la misma al final de los 80. Al iniciarse este siglo XXI una empresa vasca se hizo con los derechos de Geyper con lo que los “Juegos reunidos” volvieron al mercado al igual que los “Geyperman” para satisfacción de sus muchos coleccionistas. En la actualidad creo que también se han dejado de fabricar.


Fueron formas de vivir en otros tiempos, al calor del brasero para demostrar las habilidades de cada uno en los diferentes juegos de mesa, o para hacer derroche de fantasía imaginando batallas con los “Geyperman” como combatientes. Todo, debido a la imaginación y sentido comercial de un hombre que está considerado por sus correligionarios como un avanzado en la industria juguetera y que en esta misma semana, a los 94 años de edad, fue llamado a llevar la alegría y la fantasía del juguete a otros lugares.

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