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Cabecera Me Viene A La Memoria

LOS FORMIDABLES

Los datos que cada mes se hacen públicos referidos al paro se superan constantemente. En muchas familias se da el caso de que todos sus componentes se encuentran en esta situación de desempleo, acordándose constantemente del voto que, en su momento emitieron para elegir a quienes habrían de garantizarles un puesto de trabajo y que una vez obtenido se desentendieron de la situación para dedicarse al beneficio propio y de amigos, junto al despilfarro y el descontrol. Sus sucesores es muy posible que se desenvuelvan en parámetros similares, pero todavía no ha habido acontecimientos suficientes como para juzgarles en ningún sentido, ni sus decretos han comenzado a dar los resultados que de ellos se esperan y los desempleados desean. El tiempo será el juez implacable de sus actos, lo que no quiere decir que si llevan el país al desastre vaya a pedírseles ninguna explicación y menos una indemnización por los destrozos. Buenos, pues eso, que hay en nuestro país más de 5 millones de personas inscritas en los registros del paro, esperando día a día el milagro de una oportunidad laboral cuya remuneración económica le permita mantenerse en pie. Milagros que, lejos de no producirse, actúan como imán para engrosar las filas de parados con cifras más elevadas. Cifras, porque los parados no tienen nombre; sólo representan un número, quizá para descargar conciencias desde su anonimato.


Hace 50 años, cuando el oprobio y todo eso, cuando los españoles marchaban a Alemania como mano de obra al no haber aquí trabajo suficiente para todos, cuando el país apenas disponía para su solaz el blanco y negro de la incipiente televisión, cuando, por otra parte, se iba motorizando con el 600 al que se hacía rodar por infernales carreteras, también se daban situaciones desesperadas ante la ausencia de algo imprescindible. De un medicamento, de un elemento mecánico para resolver alguna situación de invalidez, de una atención clínica, la reparación a un desastre causado por un incendio o una inundación… o la adquisición y distribución de alimentos negados por la sociedad a determinados colectivos necesitados cuando menos de caridad. Quienes se sentían solidarios con el problema, pero sin capacidad económica para resolverlo, lo hacían saber a la dirección de un programa de radio que marcó un hito en la radiodifusión española de entonces: “Ustedes son formidables”. Con él se creó la radio humanitaria y de servicio, proclamándose como su creador Alberto Oliveras, un catalán residente en París desde donde actuaba como corresponsal de la Cadena SER. Su creador aquí, o más bien su adaptador ya que el programa tuvo su origen en una idea del francés Jacques Antoine que lo dirigió en Radio Europe nº 1 de París, y al que siempre se hizo referencia al enumerar quienes participaban en la versión española de “Ustedes son formidables” que traducido a la actual forma de hablar por radio sería algo así como: “Tíos, sois guays, colegas”. Eso por lo fino, para no hacer saltar los componentes de mi ordenador. En aquellos tiempos, y no sé la razón que ha dado al traste con ello, se hablaba de usted, sobre todo a cualquier desconocido y más aún si la diferencia de edad era notable entre los dialogantes. Parece no tener mayor importancia (además de todo aquello de que en inglés sólo hay una forma –con el you– de dirigirse a otra persona sin atender a que el español es más amplio), y no tendría esa mayor importancia si detrás del tuteo se apreciaran un mínimo de educación, de elegancia y respeto, tanto para el entrevistado como para el oyente. Por supuesto, igualdad de trato respetuoso para la duquesa de Alba (el “oye, Cayetana” que tantas veces se escucha o el “Isabel (Pantoja) o Carmen (Sevilla) o Amparo (Rivelles) ¿es verdad que tú?”… o la pregunta al jubiladísimo espontáneo anónimo que se brinda a opinar sobre un suceso: ¿”tú viste todo”?. Siempre con el tú por delante, como si el entrevistado y el entrevistador fueran familia. Todos son iguales ante los del micrófono en ristre fuera o dentro de un plató, dentro o fuera de un estudio de radio. ¡Ojo!, que el tuteo no implica en sí mismo falta de respeto, pero normalmente es el carácter que adquiere al ser utilizado por quienes desconocen esta característica de la urbanidad. Oliveras se dirigía un enorme colectivo con el “ustedes” por delante. Las nuevas generaciones de informadores sólo utilizan el usted para Santiago Carrillo y pocos más, lo que hace suponer que, para ellos ya que no para la mayoría, es el único respetable bajo la luz del sol.


El programa en cuestión fue la gran oportunidad profesional para Alberto Oliveras que se encontró, de repente, encumbrado a la responsabilidad de presentarlo, cuando en realidad en quien pensaron los directivos de la emisora fue en Joaquín Soler Serrano. (Da la casualidad de que los dos periodistas fallecieron con unos días de diferencia en el 2010). Soler Serrano, casi en el momento de iniciarse la aventura de “Ustedes son formidables” (18-10-1960) sufrió un ataque de apendicitis que le llevó al quirófano con carácter de urgencia, lo que ocasionó que el programa cambiara de conductor. Como anécdota narraré que Joaquín tuvo unos más y unos menos con la dirección de Televisión Española que le supusieron el despido. Denunciado el caso y juzgado, el fallo obligó a la empresa a readmitirle y ya se sabe lo que suele ocurrir en estos casos: venganza y pataleo por parte de quien pierde. La actitud de Televisión Española fue humillar al célebre, popular y prestigioso presentador, incorporándolo a la plantilla de un programa menor del que yo era responsable. Desde luego que no hay programas de mayor o menor categoría; todos exigen un trabajo y un conocimiento que desde el punto de vista profesional es el mismo. Son diferentes las pretensiones del programa de que se trate, el público a quien va dirigido uno u otro, el presupuesto, los contenidos, los medios, el horario, etc. Éste era un programa regional sin pretensiones y allí aterrizó, castigado, Joaquín Soler Serrano en pago a su maldad: la de haber ganado un juicio a la todopoderosa Televisión Española. ¿Qué le iba yo a plantear, como jefe que era de él en aquel momento, a Joaquín, todo un maestro en las lides de la comunicación? ¿Qué le podía corregir quien de él sólo podía aprender? Joaquín cogía todos los días el guión y lo dejaba a un lado de la mesa, ni lo miraba, se enfrentaba al programa a cara descubierta, con total improvisación y todo el equipo temblando temiendo lo que de allí pudiera salir ya que, molesto como estaba con la situación de ver su prestigio humillado, se lanzaba al vacío sin paracaídas, amparándose únicamente en su experiencia y bien saber hacer, por lo que siempre salía airoso en beneficio del programa que nunca soñó con tener un presentador de semejante categoría, El tiempo que estuvo, poco afortunadamente, fue un sinvivir constante porque hacía lo que le daba la gana, que en nada se parecía a lo previsto aunque éste fuera de menor altura. Su actitud, desde luego, no era contra los compañeros a los que siempre trataba con deferencia, aunque desde la altura de su magisterio, sino contra la empresa que no le quería ante su mirada por temor a salir perdiendo en una confrontación de ideologías, méritos y conocimientos. Tampoco fue el único que entre 1980 y 1996 padeció esta situación de persecución y aislamiento.


“Ustedes son formidables”, que es lo que hoy nos ocupa, se mantuvo en antena nada menos que 17 años (1960-1977). Con sensiblería y paternalismo, habrá quien argumente al recordarlo, vale, pero cargado de humanidad y por supuesto de una extraordinaria puesta en escena a cargo de, un no menos extraordinario equipo, con muchos de cuyos componentes tuve ocasión de trabajar durante mi paso por aquella emisora de Radio Madrid. Con especial afecto recuerdo al magnífico compañero que fue Juan Vives y a Esteban Cabadas que abandonó la feroz lucha libre profesional en la que era figura destacada, para aplicar, sin embargo, toda la delicadeza de sus manos a manejar los mandos del control del estudio y toda su sensibilidad aplicando los efectos sonoros más atractivos, demostrando además que no era, para nada, la pantera salvaje que durante tanto tiempo aparentó ser encima de un ring. El trabajo conjunto fue merecedor de numerosos reconocimientos, lo mismo que el individual de Alberto Oliveras a quien, igualmente, se galardonó con profusión, encumbrándole a un lugar destacado en cuanto a popularidad. Hasta la sintonía, prestada de una obra clásica como es la “Sinfonía del Nuevo Mundo”, de Dvorak, adquirió mayor popularidad de la que hasta entonces pudiera tener y era reconocida por todo el mundo, aunque no como tal sinfonía, sino coma la sintonía del programa.


http://fonotecaderadio.com/html/albertooliveras.html


Con tal prestigio, no tardó en ser reclamado para presentar otros programas tanto en emisoras radio como en televisión, y a  todos ellos convirtió en espectáculo y aceptación de audiencia. Entre las emisoras interesadas en sus servicios estuvo Radio Nacional de España donde Enric Sopena, el actual adalid de las libertades de expresión (exigidas a gritos para él y su colega María Antonia Iglesias, nunca para los demás contertulios ni para quienes en aquel 1989, cuando él dirigía Radio Nacional, se atrevían a criticar la gestión con que se llevaba a cabo el trabajo en la emisora) Sopena, decía, despidió a Oliveras por unas declaraciones, en otra emisora, referidas a una reforma del ente público. Y a Alberto Oliveras ¿qué? Tenía un puesto donde quisiera y era todo un prestigio para las empresas que pudieran contar con sus servicios. Su carácter bohemio y espíritu aventurero le llevaron de nuevo a París, retomando sus viejos tiempos. Llevó a cabo nuevos programas, escribió novelas, viajó, se acercó al cine y defendió a ultranza la figura y la labor del misionero Vicente Ferrer.


Su creación principal –“Ustedes son formidables” – ya es un referente en la historia de nuestra radiodifusión. En nuestra cabeza seguro que se mantiene el sonido de aquellas llamadas recibidas en la emisora tras el planteamiento de Oliveras tratando de resolver un caso: “Yo doy 500 pesetas”, “Perdón, no puedo dar más que cien”; alguna artista donaba uno de sus trajes de actuar y algún torero uno de sus capotes con el fin de que fueran subastados, algún cantante se ofrecía para actuar gratuitamente en un festival, alguna firma comercial entregaba una cantidad importante… Al final del programa se había conseguido el objetivo propuesto. Toda España se había volcado con su participación y con su escucha a la llamada de Alberto Oliveras. El reclamo del locutor ha desaparecido, pero de alguna manera aquello tiempos de calor humano han vuelto porque también han vuelto los tiempos de penuria y de necesidad. Sobre todo para lo más elemental que es alimentarse. Esos tiempos tan criticados a los que cada vez se van pareciendo más los actuales, aunque con las diferencias de que se pueden okupar casas, se puede insultar, amenazar, robar, agredir, asesinar… que no pasa nada, es gratis. Suele ocurrir en las espirales del tiempo y los comportamientos de hoy se realizan al amparo de la palabra democracia a la que tan flaco favor se le está haciendo.


A diario se facilitan miles de comidas a personas que carecen de los mínimos recursos para alimentarse. Si muchos de nuestros políticos (más o menos la mitad), tan aficionados a la memoria histórica, se remontaran a los tiempos que acostumbran revisar judicialmente, se encontrarían con la figura de Mercedes Sanz Bachiller a quien se recuerda no sólo por haber contraído matrimonio con Onésimo Redondo, sino por fundar el  “Auxilio de invierno” que posteriormente pasó a denominarse “Auxilio Social”. Sí hombre, si lo sabéis perfectamente, nos lo enseñaban en el colegio, lo que pasa es que a muchos os gusta haceros los olvidadizos para que nadie pueda relacionaros directa o familiarmente con tiempos pretéritos. Aquellos comedores y ayudas eran para todos, los de un lado y los del otro ya que no se pedía a nadie una declaración de principios para proporcionarle un plato caliente. Entonces, como ahora, corren tiempos de crisis, aunque por razones diferentes. Quienes han creado la actual ven la situación agazapados, mientras contemplan las nubes desde sus privilegiadas posiciones y sin que nadie exija explicaciones de ningún tipo. Esta crisis que nos afecta a los españoles -superior por sus características a la que afecta al resto del mundo- está motivada por esa clase política en quien la decisión de elegirla fue equivocada. Y afecta ya a muchas personas a las que la falta de trabajo (cerca de nueve mil casos de paro se producen cada día) y de ingresos les obliga a desatender las obligaciones de pago contraídas e incluso a tener que alimentarse de la caridad. Cada día son más los comedores que ofrecen un plato caliente a los necesitados. Personas que hasta hace pocos meses disfrutaban de un trabajo remunerado. Comedores de entidades privadas, de organizaciones de ayuda y de particulares que colaboran con su participación tanto económica como de voluntariado. Gente que podríamos calificar de formidable, como la que respondía, solidaria, a la llamada de Alberto Oliveras.

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