Lo de ser abuelo, además de muchas otras compensaciones entre las que no está precisamente la edad, también aporta la posibilidad de aumentar el conocimiento. Para eso no existe límite de edad y nunca es tarde para aprender algo nuevo. De lo más científico o de lo más banal, como es el caso, pero que también pasa a formar parte de la cultura personal. Al grano.
En vísperas de las recientes fiestas de Reyes pregunté a mi hija qué le hacía falta a la suya o qué quería que la comprara. ‘Ropa no necesita y es muy pequeña -me dijo- para juguetes complicados. Compra algún muñeco pequeño de peluche, un uini de pu por ejemplo’.
Uini de pu, uini de pu, repetí constantemente hasta llegar a un establecimiento de juguetes. Tenía que hacerlo porque para mí era un nombre de muñeco que nunca había escuchado. ‘Pues es un muñeco muy conocido y muy antiguo; les gusta a todos los niños’ me aclaró el dependiente al tiempo que me envolvía el citado muñeco con papel de regalo apropiado para la festividad.
Antes de hacerlo observe en la etiqueta que el verdadero nombre no era el que yo indiqué al vendedor tal y como, en su momento, me pareció entender. El vendedor me entendió, pero lo correcto era y es Winnie the Pooh. Quedé extrañado de no saber nada sobre un muñeco tan popular, según el comerciante, y me puse a indagar. Tampoco es tarea demasiado difícil, no nos vamos a poner medallas, desde que existen buscadores en Internet. Y sí, ahí está y por la razón que sea su existencia me ha pasado totalmente inadvertida.
Bien, pues Winnie the Pooh ya ha superado los ochenta años desde su creación. Su origen es, cuando menos, curioso y novelesco, a la vez que entrañable, romántico y sentimental. ¡Qué bonito!
La historia se remonta al 24 de agosto de 1914. Aquel día, un tren que transportaba tropas desde Winnipeg (Manitoba, Canadá), con destino a luchar en Europa, se detuvo en un pequeño pueblo de Ontario, White River. Uno de los militares, el teniente veterinario H. Colebourn bajó a estirar las piernas y encontró a un trampero con una cría de oso negro a cuya madre había matado. Colebourn compró aquel cachorro por veinte dólares y le llamó Winnie. El pequeño animal se convirtió en la mascota de la brigada 34ª Fort Garry Horse a la que pertenecía el militar. A pesar del afecto que toda la brigada dispensó al animal, a su paso por Inglaterra el teniente prefirió dejar a Winnie en el zoo de Londres, tal y como quedó registrado el 9 de diciembre de 1914, considerando que allí estaría mejor atendida ya que se trataba de una hembra. Su aspecto y su carácter afable hicieron que muy pronto se convirtiera en el animal favorito del público, especialmente el infantil. De tal manera que una vez terminada la guerra, en 1918, Colebourn volvió al zoo para recogerla pero al ver el aprecio del público decidió donarla definitivamente al parque. No obstante volvió en varias ocasiones hasta la muerte del animal el 12 de mayo de 1934, y por su iniciativa se descubrió una estatua dedicada a él en el Assiniboine Park Zoo de Winnipeg de donde fue tomado el nombre que le dio a aquel cachorro de oso. Del mismo modo y más recientemente, en 1995, un grupo de oficiales de aquella brigada en la que Winnie fue mascota, llevó al zoo de Londres una copia de esta estatua donada por el gobierno de Manitoba.
Este argumento sería suficiente para que algún avispado fabricante de juguetes, visto el éxito zoológico, hubiera creado la figura del pequeño oso. Pero es que hay más, la historia de Winnie de Pooh no queda ahí.
Durante su estancia en el parque londinense el niño Christopher Robin Milne, de tan sólo cinco años, se aficionó a las visitas al él atraído por Winnie de quien, incluso, llegó a hacerse amigo y hasta el extremo que los cuidadores le permitían pasar al recinto confiando en el buen carácter de la osa a la que el pequeño seducía con botes de leche condensada. El padre del niño era escritor -Alan Alexander Milne- y vista la relación de afecto entre su hijo y la osa decidió escibir un poema, primero, que se convertiría en una serie de libros a partir de 1926 en donde, además de Winnie the Pooh, aparecían otros animales, unos auténticos y propiedad del pequeño, ya peluches ya vivientes y otros fruto de su imaginación. Pigle, Tigger, Rabbit, Igor, Cangu, Owl, Lumpy, Dargey…, amigos todos del protagonista. Los libros fueron magníficamente ilustrados por E. H. Shepard que con la magia del dibujo aportado a los textos, hizo las delicias de niños y jóvenes. Entre este público lector figuraban las hijas de Walt Disney lo que llevó a que produjera la primera película sobre el pequeño oso en 1977, ‘Las aventuras de Winnie the Pooh’. Disney añadió el personaje de Gopher, el topo convertido en compulsivo constructor. La popularidad a nivel mundial ya era un hecho que llega hasta nuestros días, con mi excepción personal, de la que acabo de salir.
Milne padre escribió varias obras de teatro y novelas, pero ninguna alcanzó el enorme éxito de los libros sobre Winnie convertido en clásicos de la literatura infantil británica del siglo XX. El hijo, Christopher, por su parte, inspirador de ellos, padeció problemas durante la etapa escolar a causa de aparecer en los libros que sus compañeros leían, lo que le convirtió en un ser introvertido y con cierto rencor hacia su progenitor. No obstante, se ganó la vida y con éxito, con un negoció de librería y luchó activamente para que el bosque de Ashdowm, escenario de las aventuras del gordinflón y simplón oso, no fuera convertido en explotación petrolífera por la British Petroleum. La editorial de los libros en los Estados Unidos -E. P. Dutton- compró los peluches originales y actualmente se exhiben en la Central Children Room, una de las depencias de la Biblioteca de Nueva York. Del mismo modo los manuscritos originales forman parte de la biblioteca del Trinity College donde los Milne -padre e hijo- se graduaron.
Para este año recién comenzado, ochenta años después de comenzar la serie infantil, la editorial británica Egmont Publishing ya ha anunciado la aparición de un nuevo título -’Return to the Hundred Acre Wood’-, con Winnie como protagonista, una vez más, que en este caso escribirá David Benedictus y que será lanzado de forma conjunta el 5 de octubre en Gran Bretaña y Estados Unidos y que al igual que ocurrió con ‘Winnie the Pooh’ y ‘La casa de Pooh Corner’ en 1926 y 1928, respectivamente, el éxito volverá a sonreír para el osito bonachón.
Hasta hace unos días desconocía la existencia de este personaje; desde ahora ya soy consciente de ella y la archivo en mi memoria para que si llega el momento no me coja desprevenido como en esta ocasión, y cuando mi nieta me pida un cuento, una historia, pueda decirle ‘pues me viene a la memoria la de Winnie the Pooh que es muy bonita, escucha…’












